Quién no recuerda Punch-Out, el popular juego de boxeo de NES: esquivar, golpear, bloquear… todo un reto. Pocos juegos han imitado su estilo. Contamos con míticos juegos como WWF No Mercy para Nintendo 64, que era puro Wrestling, o la saga Fight Night de EA Sports, que era boxeo sí, pero se enfocaba mucho en el realismo. Bromio, un estudio ubicado en Méjico, se ha atrevido no solo a imitar la fórmula del mítico juego de Boxeo de Nintendo, sino ademas a ir más allá e introducir fases plataformeras, narrativa y una más que interesante estética. Todo ello compactado en un título protagonizado por un boxeador con cabeza de pato: Pato Box.

 

Pato Salvaje

La historia comienza con nuestro peculiar ánade boxeador combatiendo contra Kilpatrick, uno de los campeones. El combate parece ir bien hasta que alguien sabotea nuestro combate haciéndonos perder. Ese alguien tiene nombre y es la corporación Deathflock, la misma que patrocinó a Pato Box. Con muy mal perder, Pato Box se promete hacer caer a cada uno de los siete miembros clave de Deathflock.

A pesar de que la historia es básicamente derrotar uno a uno a esos componentes de la organización, entre combate y combate tendremos secciones donde podremos encontrar notas que profundicen más sobre nuestro protagonista y la organización Deathflock. La historia está bastante trabajada y hay unos cuantos diálogos, algunos con bastante humor. Me he llevado una buena sorpresa en el punto narrativo, desde luego.

 

Plataformas, boxeo y exploración

Se puede explorar entre combate y combate los escenarios en busca de notas ocultas y completar fases plataformeras, además también podremos realizar algunos peculiares minijuegos como romper el mayor número de objetos del escenario en un periodo de tiempo. No todo es enfrentarse a los jefes y punto. Para esto último contamos con el modo Arcade en el menú principal que nos permitirá enfrentarnos solo y únicamente a los jefes, contando con marcadores de tiempo y nota sobre cómo lo hemos hecho. Y para el que realmente cree estar preparado puede probar en dicho modo enfrentarse a Deathflock INC, que es básicamente un boss rush en el que hay que enfrentarse sin descanso a los siete jefes, uno detrás de otro, y si perdemos toca volver a empezar. Todo un auténtico reto porque los combates no son moco de pavo — de pato en este caso —, como comentaré más adelante.

Sinceramente, para mi gusto, aunque las fases de exploración, plataformas, conversaciones y minijuegos le dan mayor variedad al título de Bromio, me quedo de lejos con sus combates contra los jefes: desafiantes y variados, son la auténtica base del juego. Sin las fases de plataformas y minijuegos disfrutaría más el juego, porque no puedo evitar pensar que tienen cierto relleno jugable para lo que realmente importa: los combates.

Aunque no haya demasiado movimiento en dichos combates no hay que engañarse: tienen su complejidad. Podemos pegar puñetazos y puñetazos fuertes, esquivar a la derecha o a la izquierda y bloquear… y es necesario quedarse muy bien con estos movimientos porque los jefes nos harán sudar la gota gorda… literalmente, al menos en Switch porque podemos hacer uso de los controles por movimiento de los Joy-Con. Respecto al control por movimiento, no soy muy fan — debo reconocer — pero no porque no funcione bien, de hecho responde bastante mejor de lo que esperaba, sino por gusto personal, ya que he sido más de los controles tradicionales — en Breath of the Wild tengo el giroscopio desactivado, por ejemplo —. En resumen, los controles por movimiento son correctos y responden bien, aunque el que los use debe prepararse para sudar lo suyo porque debe saber mantener el ritmo cuando la situación lo requiera.

Y una última advertencia: los combates contra jefes cuentan con varias fases y no hay punto de control alguno. Si mueres, debes volver a comenzar el combate desde el principio. Mi primera queja al principio fue la ausencia de puntos de control, pero a medida que fui mejorando intento tras intento fue gratificante ganar un combate tras otro. Pato Box no es un juego apto para impacientes.

No todo será combatir. Pato Box tambén tiene momentos en los que explorar el entorno pudiendo encontrar notas que profundizan en nuestro pato peleón

Apartado técnico

Pato Box cuenta con un apartado artístico excelente. Me encanta el uso de la estética cómic con color blanco y negro, dándole un tono serio — lo cual es difícil con un personaje cuya cabeza de pato es irrisoria —. Las fases de exploración cuentan con elementos 2D que recordará a más de uno a Danganronpa, sin quedar feo o mal en el entorno del juego. Las animaciones en los combates son correctas, como a la hora de golpear a nuestros adversarios y las expresiones faciales — y la calidad de dibujo — de estos. En resumen, visualmente Pato Box es un juego con bastante personalidad y que no pasa desapercibido. El rendimiento es excelente, si bien he encontrado bajadas de fotogramas en zonas con muchos objetos y efectos como la sala de seguridad del comienzo.

La música es muy buena aunque escasa, tiene temas que recuerda por momentos a Hotline Miami con un toque relajante. La música del menú por poner un ejemplo, sencilla pero efectiva, para darle al juego el tono serio y dramático que tiene. Poco que comentar, cumple correctamente.

Los combates contra los jefes no serán fáciles. Tendremos que dominar los controles de Pato Box para derrotarlos.

En definitiva

Pato Box es un digno alumno de los juegos de boxeo estilo Punch-Out pero con una marcadísima personalidad propia: estética, combates desafiantes, narrativa… todo ello es un conjunto jugoso, aunque personalmente me quedo con los combates, el gran elemento del juego. Sin las fases plataformeras que a mi gusto alargan el título de forma artificial, creo que el juego habría estado mucho mejor. Como plus en la versión Switch contamos con control por movimiento para ambos Joy-con, lo cual le da mayor juego — nunca mejor dicho — a la versión de la híbrida de Nintendo. Si echáis de menos un Punch-Out, Pato Box es una variable más que excelente.

 


Este análisis ha sido realizado mediante una copia cedida por Bromio