Como aficionado a los juegos de mesa y de cartas, siempre estoy buscando videojuegos que hibriden lo mejor de ambos mundos. Un juego de mesa o cartas que sea imposible sin la ayuda de un soporte digital. Prismata es uno de los mejores ejemplos que he encontrado de esto que comento.

Prismata funciona como juego de cartas y de estrategia, una combinación inteligente pero que no había sido explorada hasta ahora, al menos no con la profundidad de este título. Lo que primero sorprende es la versatilidad jugable de la que hace gala. Pero ya entraré en eso un poco más adelante. Jugar a Prismata es como ver un esquema estratégico de Starcraft, donde podemos ver nuestros drones fabricando oro, nuestras fábricas haciendo unidades y más.

Antes de nada os explicaré como funciona. Cada turno tenemos oro, energía y otros tres recursos propios del juego (con nombres técnicos en inglés que no merece la pena nombrar). Con el oro y la energía fabricamos más drones, los cuales hacen aún más oro por turno. Cada uno de los recursos se usa para un tipo de unidad e incluso hay combinaciones que usan dos e incluso los tres recursos. El objetivo es destruir todas las unidades enemigas.; pero eso no va a ser tarea fácil. Si superar nuestras defensas podrán elegir destruir lo que quieran, por lo que tener una defensa fuerte es una buena estrategia; si elegimos ir a la ofensiva y arriesgarnos deberemos pensar mucho nuestros movimientos. Prismata es un juego duro, que requiere mucha concentración y visión global, ya que hay que estar atento a muchas cosas al mismo tiempo.

Porque no es solo defender y atacar, hay mucho más, una profundidad que a primera vista pasa desapercibida. Estas son las características de algunas de las unidades de Prismata: existen unidades con escudos que se regeneran al final del turno y otras van perdiendo vida a lo largo del tiempo. Algunas unidades hacen más de un punto de daño por turno, otras congelan al enemigo sin destruirlo e incluso las hay que usan recursos para atacar. Muchas de las unidades sacrifican a otras para crearse, otras tardan hasta seis turnos en finalizarse. La cantidad y variedad de unidades no puede enumerarse de forma rápida, para explicar cada una de las características diferenciadas que poseen.

El juego usa un modelo de juego F2P envidiable, muy parecido al estilo de DOTA 2 (aunque no exactamente igual). DOTA 2 tienen todos los héroes desbloqueados desde un comienzo. Aquí tienes que desbloquear las cartas, pero se consiguen jugando los modos de un jugador y subiendo de nivel. El juego tiene moneda propia, pero solamente se puede usar para comprar skins de las cartas.

Esto significa que no hay sobres que desbloqueen cartas; tus posibilidades de ganar van a ser igual de buenas que las de una persona que lleve jugando cien horas. Obviamente la experiencia es lo más importante en este caso, por lo que tener todo a tus disposición no ayudará. Hace falta tiempo para conocer las cartas y adecuar estrategias que funcionen con ellas. Dado que hay veces que deberemos manejar a decenas de criaturas (e incluso centenas algunas veces) hace que el título sea muy difícil de jugar cara a cara.

El principal atractivo de Prismata es su juego en línea; sin embargo, hay demasiada poca gente jugando, lo que hace que el juego pierda parte de su gracia. Le vendría bien tener una base de jugadores más grande, ya que tiene menos de ciento cincuenta de media. Al margen de eso, y por fortuna, el título tiene una cantidad ingente de contenido para un solo jugador.

Por un lado tiene la campaña, dividida en varios actos. El primer acto es gratuito para todos, pero los demás hay que comprarlos. La historia tiene diálogos y personajes realmente bien construidos, algo que me sorprendió gratamente. Me esperaba bastante menos de un título de cartas. Al comenzar el juego observaremos que la mayoría de desafíos son realmente fáciles; todo el primer acto se puede completar sin sudar mucho. Pero rápidamente se complican, con una curva de dificultad que parece una línea vertical. Con casi veinte horas de juego he sido incapaz de completar el segundo acto, me queda la última misión y completarla me parece tarea imposible. Es importante destacar que existe un modo fácil en cada una de las misiones, y un modo experto (que os aseguro que es lo más cercano al infierno que he visto en mi vida).

Además de esto, hay una serie de desafíos jugables, los cuales sirven como extensión de la campaña, los hay de diferentes niveles y todos los jugadores tienen acceso a ellos. Los desafíos son aún más variados y exploran aún más cartas que la campaña, lo que los hace mejores para aprender a jugar. También se sube mucho más rápido de nivel jugando las misiones, así que la elección es clara.

Visualmente se trata de un título pobre, con un diseño muy recargado y unos dibujos de una calidad solamente aceptable. La verdad que el título con un aspecto visual más cuidado seguramente tendría mucho más seguimiento. Musicalmente los temas son buenos pero demasiado escasos, cosa que hace que jugar llegue a ser un poco repetitivo. Las partidas tienen a veces una duración de más de diez minutos, por lo que cambiar de canción le vendría bastante bien.

En resumen, Prismata es un título que ha pasado totalmente desapercibido no solo entre la gran masa de jugadores, sino también entre los los amantes de los juegos de cartas. ¿La razón? Puede que sea demasiado complicado o demasiado feo, porque en todo lo relacionado con la jugabilidad es realmente espectacular. No perdéis nada por probarlo ahora mismo, estoy seguro de que os sorprenderá.


Este análisis ha sido realizado mediante una copia cedida por Evolve PR