Duele reconocerlo cuando uno empieza a escribir y hace balance de todo lo que ha vivido en las últimas horas, pero Crimson Shroud es la clase de título que seguramente algún día pasará a engrosar la lista de juegos olvidados. Casi nadie habló de él en su lanzamiento, y casi nadie lo hace hoy, más de un año después. Duele porque, en una década en la que los juegos de rol han estado en el punto de mira por abandonar algunas de sus mejores prácticas, resulta frustrante que esta propuesta se vaya por la puerta de atrás sin hacer ningún ruido mientras la industria mira hacia otro lado.

Crimson ShroudDicho esto, tampoco es que sea difícil entender por qué se está dando esta situación. Proyecto menor en términos tanto de presupuesto como escala, Crimson Shroud fue concebido como parte de una recopilación de juegos cortos de diferentes autores para 3DS en Japón (Guild01) y nos llegó a Europa únicamente en formato digital, separado de sus compañeros. La publicidad fue escasa, y el trato de la prensa, sin ser del todo malo, también ayudó a que pasara desapercibido hasta entre los jugadores más informados. Incluso yo, atraído por su planteamiento desde el inicio, tuve mis reservas y no me animé a comprarlo hasta varios meses después del lanzamiento.

Crimson ShroudY al final acerté, porque pocas veces antes he podido disfrutar de un juego que sea ROL con mayúsculas del mismo modo que Crimson Shroud se propone serlo. Seguramente por su condición de juego pequeño en medios y extensión, la posibilidad de experimentar es su mejor baza y la utiliza para llevarnos de vuelta a los orígenes del género. Y con esto no me refiero a los tiempos de Ultima o Wizardry, ni siquiera a los de pedit5 o dnd. Crimson Shroud se remonta al germen mismo que se encargó de dar el pistoletazo de salida a la creación de toda esta estirpe de experiencias virtuales: los juegos de mesa.

Precisamente en este 2014 se cumplen 40 años desde el estreno del Dungeons & Dragons original, pero aunque su legado ha dejado huella en forma de innumerables juegos de rol, una parte bastante importante de la experiencia rara vez se transfirió a estas adaptaciones virtuales. Y justo ahí es donde entra Crimson Shroud, que si bien reutiliza muchos de los fundamentos y comodidades de sus congéneres videojueguiles más próximos, también decide recuperar las sensaciones del rol en su vertiente de lápiz, papel y dados.

dados

Y no es una forma de hablar. Ahí mismo tenéis los dados, que podemos tirar con ayuda del analógico o el stylus en la pantalla táctil.

Aquí no hay secuencias espectaculares ni personajes moviéndose por la pantalla. Nuestros protagonistas son tres figurillas, con sus pedestales y todo, que el narrador va moviendo por nosotros a través de las diferentes estancias mientras nos describe con lujo de detalles todo lo que necesitamos saber. Del mismo modo que ocurre en los juegos de tablero, este “dungeon master” omnipresente atiende a varias funciones, como explicar de forma clara y concisa las normas, ponernos peligros delante e incluso crear trasfondos interesantes para los personajes y la mazmorra que nos toca explorar bajo su siempre atenta mirada.

Crimson ShroudEsto hace de Crimson Shroud un juego muy denso en texto. Fuera de los combates, que naturalmente también tienen su parte de lectura, la mayor parte del tiempo lo empleamos leyendo las docenas y docenas de párrafos que se muestran sobre las imágenes estáticas de las figurillas. Por eso es una suerte que el papel de narrador corra a cargo de Yasumi Matsunocreador de Final Fantasy Tactics y Vagrant Story. El desarrollador nipón se mueve como pez en el agua y nos brinda una trama breve, pero llena de suspense y sorpresas que fluye en un casi constante in crescendo.

Como en los juegos de tablero, la imaginación es fundamental para dar presencia en nuestra cabeza a los acontecimientos que se van narrando. Matsuno busca recrear esta faceta perdida y lo hace con gran éxito, aunque también es verdad que cuenta con la inestimable ayuda de una portentosa banda sonora que corre a cargo de varios compositores entre los que se encuentra nada menos que Hitoshi Sakimoto, quien ya le acompañara en los juegos antes mencionados. La música, tanto como en cualquiera de sus mejores obras, subraya las palabras minuciosamente escogidas por Matsuno para meternos de lleno en su universo, sobre todo si jugamos en un ambiente adecuado y usamos auriculares.

Crimson Shroud

Haz la prueba: lee la descripción de esta imagen, y luego vuelve a leerla mientras escuchas esta melodía.

Este amor por las reuniones en torno a los juegos de mesa se traslada también al apartado jugable. Crimson Shroud puede ofrecer algunos de los automatismos que otros videojuegos de rol han ido implementando, pero no olvida la importancia de los dados y los sigue teniendo muy presentes. ¿Que unos enemigos comunes aparecen en nuestro camino y queremos evitar el combate? Tira los dados y saca un número alto para pasar desapercibido. ¿Que un jefe nos tiende una emboscada en una sala con poca visibilidad? De tu lanzamiento depende el número de turnos en los que se penalizan los ataques. ¿Que quieres descubrir la vida que le queda a un rival especialmente duro? Selecciona la habilidad “Reveal” y prueba suerte.

Los combates cuentan además con un sencillo sistema de combos mediante el que a medida que encadenamos ataques de diferentes elementos somos recompensados con dados de un número creciente de caras. Estos dados pueden usarse después en casi cada acción tanto para aumentar su potencia como la probabilidad de acierto. Es un buen añadido para unos combates cuya complejidad y flexibilidad sorprende teniendo en cuenta la duración del juego (de cuatro a ocho horas según nuestro ritmo de avance).

Crimson Shroud

La información a veces casi llena la pantalla, pero resulta vital para seguir la acción.

Los personajes no consiguen experiencia ni suben de nivel con cada victoria, pero somos continuamente recompensados con armas y equipamientos que mejoran nuestras estadísticas, nos otorgan nuevas habilidades y se pueden fusionar con pergaminos especiales. Si bien cada uno de ellos ya trae por defecto un papel asignado (contamos con un guerrero, un arquero y una hechicera), tenemos multitud de combinaciones a la hora de moldearlos y probar diferentes estrategias, por lo que al final de una partida sus estadísticas y habilidades pueden ser muy diferentes a las de los personajes de otro jugador.

interfazEsta flexibilidad deriva en una interfaz con abundantes submenús, y provoca que el juego pueda ser un poco confuso en la primera toma de contacto. Sin embargo, nuestro amigo el narrador hace un buen trabajo explicando los conceptos básicos en el primer par de peleas, así que a poco que prestemos atención, para cuando hayamos derrotado el primer jefe ya dispondremos de los conocimientos necesarios para empezar a sacar partido a su sistema de combate. A diferencia de en otros JRPGs, pulsar repetidamente un botón sirve de muy poco, e incluso contra los enemigos más sencillos hace falta una pequeña dosis de planificación, por lo que todos y cada uno de los combates cumplen un propósito y nos van entrenando para los retos que nos esperan en el clímax de la historia.

esqueletosLlegando al final, la conclusión fácil de esta entrada es que me encanta Crimson Shroud, pero no puedo terminar lanzándole flores sin mencionar una decisión de diseño muy cuestionable que desluce algo el conjunto: en cierto momento es necesario conseguir un objeto para seguir avanzando. Esto no representa un problema, pero sí el hecho de que Matsuno o algún otro miembro del equipo pensó que era buena idea hacer que dicho objeto fuese una recompensa que a veces suelta un enemigo específico al que sólo nos podemos enfrentar si luchamos en un lugar determinado y nos cargamos primero a otro tipo de enemigo para que el primero (el que suelta el objeto) aparezca en la arena de combate. ¿Suena enrevesado? Pues imagina tratar de descubrirlo sin ayuda.

Pero dejando a un lado ese momento de frustración innecesario, el resto de Crimson Shroud es una experiencia que todo fan del género con una 3DS, cierta dosis de paciencia y un buen nivel de inglés debería probar. Pequeño pero concentrado, es como un chupito que te ofrece de golpe varias de las mejores bondades del género en sus vertientes de tablero y virtual, eliminando casi por completo el relleno que campa en muchos otros juegos que se alargan durante 40 horas sin evolucionar sus combates más de lo que hace Crimson Shroud en apenas media docena. Ha sido quizá la sorpresa más grata que me ha dado la portátil de Nintendo hasta la fecha, y no sólo por lo competente que resulta a la hora de llevar a la práctica sus ideas, sino por la naturaleza misma de esas ideas que decide poner sobre la mesa.