Hace unas semanas Nintendo sorprendió a propios y extraños con la presentación de Simon Belmont y Ritcher Belmont de la franquicia Castlevania como personajes jugables en el próximo Super Smash Bros Ultimate para Nintendo Switch. Este viejo sueño de todo fan de la franquicia se ha hecho realidad, y por fin los personajes icónicos de Konami irrumpen en la próxima entrega con dos personajes jugables —Ritcher será eco de Simon—, un escenario propio y varios jefes, por supuesto, uno de ellos, Drácula.

Este movimiento de Nintendo, ha vuelto a poner a la longeva franquicia en boca de todos, y ya se empiezan a escuchar por las redes sociales, bastantes voces aclamando por su retorno, ya que obviando los pachinkos, hace 4 años que no nos visita una nueva entrega. Aprovechando la coyuntura, aquí en 33bits hemos decidido preguntarles a otros compañeros de redacción, compañeros de otros medios, y gente del mundillo cuál es su Castlevania favorito.

 

 


 

Pepe Luna

RetroManiac

Super Castlevania IV

Mi primera experiencia con la familia condenada a dar caza al señor de la noche fue este laureado cartucho para Super Nintendo. Gran suerte la mía ser usuario de Super Nintendo en sus primeros meses de vida por estos lares, no sin antes, como muchos de vosotros, haberme empapado a base de bien del VHS promocional, aquel en el que Super Castlevania IV se lucía a base de bien. Y no era casualidad ya que sin llegar a ser título de lanzamiento, sí que salió a las pocas semanas de ver la luz el nuevo hardware de Nintendo, y claro, estaba diseñado y pensado para ser carta de presentación de la nueva máquina y todo lo que podía hacer.

Y es que la puesta en escena del juego es maravillosa, la introducción goza de una calidad musical que deja bien a las claras la potencia del chip de sonido diseñado por Sony. Y la cosa ni mucho menos se queda ahí, nuestros primeros pasos y el brutal cambio al tema de Simon Belmont cuando atravesamos los muros de la fortaleza, que bien puede ser uno de los momentos más espectaculares de toda la saga, así como el resto de versiones de temas clásicos y nuevas composiciones que nos van acompañando durante toda la aventura no hacen más que conformar una banda sonora de auténtico lujo. El apartado técnico no se queda atrás, niveles que aprovechan las capacidades de la consola como el de la fase 4 con rotaciones del escenario, dejan bien a las claras que los nuevos añadidos eran para hacer de pasarela de las nuevas prestaciones técnicas. Todo lo referente a lo artístico se sale también, incluyendo el diseño de Simon belmont, con su versión más cercana a los bárbaros de relatos de espada y brujería, los enemigos y jefes finales, variedad de localizaciones y escenarios, más meritorio aún si tenemos en cuenta que se trata de un título de primera hornada.

Ponerte a los mandos de Super Castlevania IV es muy accesible a día de hoy, las razones, buena curva de aprendizaje, un recorrido que invita a terminarlo de una sentada, así como su propagación por las eShop de todos los sistemas Nintendo, pudiendo disfrutarse en Wii, Wii U, Nintendo 3DS —esta última solo en los modelos «new»— y en la reciente Super NES Mini. Con esta amplia gama de dispositivos para elegir, no hay excusas para descubrir o rememorar cada cierto tiempo uno de los mejores cartuchos de la 16 bits.

Como curiosidad, años después descubrí que se trataba de una vuelta a la misma historia original que ya se había contado en otros sistemas, pero claro, para mí todo fue nuevo de primeras, y dado que esta versión cuenta con jugosos añadidos y diversas muestras de músculo técnico, creo que no pude tener mejor bautizo de fuego con la saga.

 


 

Salva Fernández Ros

Meristation

Castlevania: The Dracula X Chronicles

No soy demasiado original si digo que los Castlevania, como las grandes sagas de videojuegos, tienen la capacidad de marcarte tanto como lo hace la primera de las entregas que pruebas. Así que a mí, Castlevania II de NES siempre me tendrá el corazón robado, aunque haya uno que esté a años luz del resto, en el olimpo de la industria: Symphony of the Night. Pero como seguramente ambos ya están más que dichos por otros compañeros, diré que me quedo con The Dracula X Chronicles de PSP, que no deja de ser un remake de Rondo of Blood. En su momento lo pillé pensando en tener SOTN en modo portátil, y acabé prendado de unos gráficos sorprendentes —ese 2.5D que tal vez hoy no luce tan bien pero que encajaba en la portátil de Sony— y un estilo de juego de corte clásico, alejado del concepto metroidvania que impregnó la saga a posteriori. Esos caminos múltiples para encontrar nuevas rutas o el hecho de que desbloquear al propio SOTN fuera todo un camino hasta dar con él como si de un ítem se tratara le daban un toque especial y esa rejugabilidad arcade tan marca de la casa en los primeros años de la serie.

Recuerdo algunas escenas, como la intro de ese minotauro gigante como jefe final, o el poder usar a Maria y sus habilidades y armas únicas. El bestiario de enemigos, los emplazamientos —en lo alto del castillo, con la luna de fondo— o la épica banda sonora —sobre todo ante grandes jefes— hicieron que ese juego que te comprabas porque traía como extra a Symphony of the Night, te acabara sorprendiendo como una de las mayores sorpresas dentro de una saga icónica como esta.

 


 

Fran “Franchuzas”

33bits

Super Castlevania IV

Si bien no son pocas las sagas que han sufrido al intentar transitar de las dos a las tres dimensiones, Castlevania incluida, el salto de los 8 a los 16-bits fue uno que por norma sí vino repleto de alegrías. De nuevo, Castlevania incluida. De título innecesariamente recargado por intentar venderse a la vez como sucesor del genial Castlevania III y heraldo de una nueva generación consolera, el clásico de Konami encaja a la perfección entre otros nombres propios de SNES como Super Mario World, Super Metroid o A Link to the Past: eficientes no solo a la hora de aprovechar la máquina 16-bits para mostrar gráficos más bonitos y detallados, sino también de añadir multitud de refinamientos al manejo, el diseño o incluso a esa dificultad que ahora nos hace sudar más de lo recomendable si decidimos revisitar el catálogo de NES.

Y es que aunque sus sprites dejaron de impresionar hace ya bastantes años, Super Castlevania aún mantiene plena vigencia gracias a un muy inspirado apartado artístico y sonoro, y sobre todo gracias a ajustes como el uso del látigo en varias direcciones, la corrección del salto en el aire o un uso más apropiado de las escaleras, fuentes de infinitos quebraderos de cabeza en la trilogía original. Eso sin olvidar la doble funcionalidad del propio látigo, aquí también útil para colgarse y balancearse sobre precipicios. Es cierto que no siempre consigue camuflar igual de bien su edad, y detalles como el retroceso del personaje tras recibir daño o alguna que otra imprecisión en la detección de colisiones evidencian un claro margen de mejora. Pero por regla general es una exitosa mezcla de plataformeo y acción que sabe usar bien sus ingredientes.

Por supuesto, la saga ni mucho menos dejó de probar y refinar ideas, incluyendo cambio parcial de género a partir del también legendario Symphony of the Night. Pero hay una «pureza» en Super Castlevania IV que consigue que me enganche una y otra vez si surge la oportunidad —la última este mismo año tras agenciarme una SNES Mini—. Es una combinación entre la nostalgia por tiempos menos cínicos y la persecución de la clase de experiencia que ahora ya casi no tiene cabida porque intentamos recargar las cosas tanto como Konami con su título. La lógica actual parece dictar que un buen juego debe contar con un mundo enorme, o con una historia llena de personajes y situaciones memorables, o con estadísticas que manifiesten de forma tangible nuestro progreso en un menú. O con todo ello a la vez y luego algo más. Pero Super Castlevania no necesitaba ni necesita eso. Vas de izquierda a derecha, saltas, das latigazos, vuelta a empezar. Es bueno en lo que hace porque se centra en lo que lo hace bueno, incluso aunque el bucle jugable suene demasiado simple sobre el papel.

Por eso no requiere hacer un hueco en la agenda para rejugarlo, no implica más compromiso que tener ganas de pasarlo bien y tolerar las puntuales frustraciones. Sí, es un juego de 16-bits, y la saga ha dado entregas más vistosas, más complejas y con menos fisuras desde entonces. Pero siempre que tenga veinte minutos libres y una copia de Super Castlevania —o una SNES Mini— a mano, sé que serán veinte minutos bien invertidos.

 


 

Héctor Lara «Udamaster»

Metodologic

Castlevania 3: Dracula´s Curse / Symphony of the Night

La vida está repleta de encrucijadas. ¿Sega o Nintendo? ¿Sonic o Mario? ¿Ridge Racer o Daytona USA? ¿Ternera o cerdo? ¿Playa o montaña? ¿Goku o Vegeta? ¿Papá o mamá? Cuando las opciones son solo dos, te quedas mirándolas como el asno de Buridán, que no sabía si comerse el heno o beber el agua. Al final cierras los ojos y te tiras a por una de las respuestas llorando por haber dejado a la otra en la estacada.

Cuando la pregunta tiene más de dos respuestas y todas ellas son igualmente válidas, el chispazo mental es tan mayúsculo que te invade la sensación de impotencia. ¿Cuál es tu Metal Gear, Halo, Street Fighter, Mario o Souls favorito? Si para colmo la franquicia sobrepasa sobradamente la veintena e incluso treintena, donde la mayoría de iteraciones alcanzan la cota de «excelencia lúdica», entonces apaga y vámonos.

¡Qué difícil es elegir un Castlevania favorito!

Si tirase por la corriente más clásica —los llamados Classicvania— tal vez elegiría Castlevania 3: Dracula´s Curse para NES. Fue la reinvención del título original: es lo mismo pero más grande. Contiene varias rutas, personajes secretos a los que rescatar y manejar y por supuesto, todo ello con un despliegue audiovisual acorde al nivel de una saga que adquiere la consagración después de varias secuelas durante cuatro años. La banda sonora, por otra parte, es de las más perfectas jamás compuestas para NES. Contiene algún tema usado previamente como Vampire Killer pero la «chicha» del juego la conforma un repertorio melódico que pasará al Olimpo musical de la franquicia con partituras como Begining, Aquarius o Mad Forest, todo ello haciendo gozar salvajemente a tus oídos gracias al chip VRC6. La dificultad de Castlevania 3 es muy alta y por ello dudé entre éste y Super Castlevania 4, cuya curva de exigencia es más generosa. A pesar de ello, veo a CV3 más meritorio. Es difícil que un juego de 8bits en su ocaso te brinde esa sensación ya añeja de querer avanzar para saber cuál será la próxima sorpresa que te depara el cartucho, animándote a continuar en pos de ver un nuevo efecto gráfico, un nuevo decorado o una nueva melodía. En definitiva, el juego es bonito, es largo, es –muy- rejugable, variado y fue usado como base para crear Dracula X: Chi no Rinne de PC Engine CD, juego que también ha estado pugnando por el pódium junto al antes mencionado CV4 pero como su dificultad siempre me pareció muy baja, ha sido el primero en abandonar, no sin antes ser despedido con todos los honores.

Pero en 1996 un entonces desconocido Koji Igarashi decidió retomar un proyecto llamado Symphony of the Night poniendo patas arriba la saga y lanzando un título que poco tenía que ver con lo visto previamente. Comenzaba la era Metroidvania y SOTN apareció un año más tarde confirmándose como una de las obras cumbre de la historia del videojuego. No lo echaré a pelear con Castlevania 3 porque me parece injusto. Son dos formas radicalmente opuestas de enfocar una franquicia. Podemos alabar sus puntos en común: misma línea argumental, excelso apartado gráfico-sonoro y además, curiosamente ambos programas fueron bastante modificados en sus versiones occidentales, generalmente para peor. Es lo único que tienen afín, por lo demás se parecen como Sonic y Mario. SOTN fue lanzado al mercado sin acabar, sin apenas testeo y unos glitches que ríete tú de cualquier juego de Bethesda. Su doblaje en inglés y sus cinemáticas CG pasaron rápidamente a la historia del cutrismo videojueguil de primer orden y además su dificultad es casi nula. «¡¿Pero cómo eliges un juego así como mejor Metroidvania?!» Fácil: se trata del mayor caso de perfección jugable que recuerdo. Es más, lo idolatro como una santísima trinidad entre ambientación estética, amor por el ahora llamado pixel art y una banda sonora perfecta. Es lo más cercano a un «diez» que yo daría jamás en una revista. No es perfecto pero es lo más cercano a ese concepto que se me ocurre.

Si por un casual no estáis de acuerdo con estas conclusiones es normal. Mañana a lo mejor tampoco lo estoy yo y elijo Castlevania 4 y Chi no Rinne. O Dracula X Chronicles por tener un «todo en uno» indispensable. O yo qué sé. Todo esto como muchas veces digo, es debatible en la terraza de un bar tomando algo hasta altas horas de la madrugada. Ahí es donde creo que se eligen los mejores juegos.

 

 


 

José Antonio Moreno “Evil-Ryu”

Pulpofrito, Pulpodcast & GamePress

Super Castlevania IV

Hoy voy a escoger a Super Castlevania IV como mi juego favorito de la saga, seguramente si me preguntarais otro día diría Rondo of Blood o Symphony of the Night, pero hay que mojarse: «Allévoy».Si bien mi primer contacto con la saga fue la recreativa que aquí conocemos como «Haunted Castle», no fue hasta hasta la salida de Super Castlevania IV cuando disfruté de la legendaria saga de Konami en la comodidad de mi casa. Gracias a este juego descubrí a Simon Belmont, el caza vampiros más grande y poderoso de la historia, con el permiso de Richter.

Pero vamos a argumentar un poco, Super Castlevania IV es el mejor porque tenía plataformeo del bueno, un látigo que podíamos controlar a voluntad, todo tipo de esqueletos, cabezas de caballo voladoras, medusas, un murciélago más enjoyado que Mr T. una banda sonora increíble y como jefes, algunos de los monstruos más famosos que inmortalizó en cine la Universal.

Por si esto no es suficiente, podemos enumerar una gran cantidad de momentos que se graban a fuego en el jugador, como la entrada al castillo, con esa música ambiental que te llevaba al clímax cuando caía del cielo una enorme reja y empezaba a sonar la mejor versión que jamás escucharéis del «Theme of Simon», o ese memorable tramo final en el que Konami nos deleitaba con un sensacional desfile de jefes finales, comenzando con Slogra y Gaibon, continuando con un clásico como la muerte -la pose de la muerte cuando nos lanzaba la guadaña y la controlaba es brutal- y finalizando nuestra aventura con la batalla final contra Drácula, nuestro mortal enemigo. Siempre recordaré el momento antes de llegar a la sala del Conde, con ese pasillo en el que las antorchas se iluminaban a nuestro paso, ¡menuda ambientación!

Si a todo esto, sumas la imperial estampa de Simon Belmont observando como se derrumba el castillo de Drácula al amanecer y suena uno de los temas más bonitos que podéis escuchar en unos títulos de crédito, marchando obra maestra Made in Konami.

No quiero dejar de alabar la banda sonora que se marcó el señor Taro Kudou, que también fue responsable de Axelay y que curiosamente al abandonar Konami dejó de ser compositor para dedicarse al apartado de diseño. Aparte de los temas musicales ya mencionados anteriormente, destacaría el que sonaba en el túnel con el efecto en modo 7 tan chulo o la parte de la cueva,que además contaba con un sonido fx que simulaba el eco, espectacular.

Por último, una de las cosas que más me gustan de Super Castlevania 4 es su aspecto tan oscuro, a caballo entre los 8 y 16 bits. Me encanta como Konami se gustaba a si misma y en un cartucho de 8mb probaba todo lo que podía hacer con el sistema.

PD: Por cierto, la portada occidental me mola mucho más, la ilustración de Tom Dubois es sensacional. Eso sí, el logo de Akumajö Drácula goteando sangre y la pantalla del laboratorio con lagos de color rojo son un plus en la versión nipona. Y el que no alucinara en su época con la fase de las lámparas gigantes rotando miente y es un ignorante (JAJAJAJAJAJA….)

 


 

Kurt Kalata

The Castlevania Dungeon & Hardcore Gaming 101

Castlevania: Rondo of Blood / Symphony of the Night

Veo a la franquicia «Castlevania» como si realmente fuera unas cuantas subseries diferentes conectadas juntas por varios hilos. Voy a «hacer trampas» un poco y dar dos de mis juegos favoritos en la serie. Del tipo «clásico», mi favorito es Akumajou Dracula X: Chi no Rondo para PC Engine. La cantidad de detalles puestos en cada sección de casi todos los niveles es sobresaliente, sin mencionar los secretos, las múltiples rutas y los dos personajes jugables. Mezcla el horror gótico de las otras entregas junto con una estética de anime poppy de principios de los 90, e incluso se las arregla para incluir una parodia —todo lo que tiene que ver con Maria— y ello simplemente funciona junto. Y a pesar de que el remake de PSP pierde algo de la sensación clásica, sigue siendo un remake bastante bueno, sobre todo porque agrega aún más texturas a las áreas, y termina algunas cosas que obviamente quedaron incompletas en el original de PCE. Como segundo, escogeré Castlevania Bloodlines, ya que me gusta el fluido sintetizador FM de la Genesis, realmente me gusta el tema de viajar por el mundo, y Eric Lecarde es mi héroe favorito de Castlevania fuera de los Belmont y Alucard.

En cuanto al tipo «Metroidvania», mi favorito sigue siendo Symphony of the Night. Es técnicamente el primero de este tipo —sin contar Castlevania II, que yo no lo cuento—, pero a pesar de tantas iteraciones de la fórmula en GBA y DS, nunca estuvieron a la altura de la entrega original de PlayStation. Claro, el juego de PS1 es un tanto caótico y desequilibrado, pero el hecho de que haya tantos objetos diferentes y piezas de equipamiento y movimientos especiales ocultos  lo convierte en un gran experiencia RPG. Además, dado que todas las entregas posteriores fueron portátiles, nunca tuvieron el mismo brillo visual y sonoro que este —aunque siguen siendo bastante buenas, especialmente Order of Ecclesia—. Los pequeños presupuestos de estos títulos posteriores también afectaron, especialmente a sus diseños de nivel acolchado, mientras que Symphony generalmente tiene mejores diseños. (Cuando se reveló por primera vez, el castillo al revés era más una bonificación posterior al juego que una segunda mitad real del juego, sin embargo ese truco finalmente se agotó…)

¡Supongo que hay que considerar las entradas en 3D, pero no estoy seguro si quiero! No son todos malos, pero creo que incluso los mejores son mediocres en general. Odiaba Lords of Shadow al principio, ya que parecía recordar casi nada —excepto los nombres— a los juegos anteriores que me encantaban, pero he llegado a apreciarlo por separado, aunque no soy un gran fan de esos juegos de acción 3D en general. Aun así, incluso los peores juegos de Castlevania —incluso los realmente terribles como Haunted Castle y The Castlevania Adventure— fueron buenos por algunas bandas sonoras increíbles, y ambos juegos de PS2 tienen buena música —Lords of Shadow está bien, pero no se puede comparar al resto de la serie en ese sentido—.

 

I view the “Castlevania” brand as actually being a few different subseries connected together by various strands, I’m going to cheat a bit and give two of my favorite games in the series. Of the “classic” type, my favorite is Akumajou Dracula X: Chi no Rondo for the PC Engine. The amount of detail put into each and every section of nearly every level is outstanding, not to mention the secrets, multiple routes, and two playable characters. It mixes the gothic horror of the other entries along with a poppy early 90s anime aesthetic, and even manages to fit a parody in there (everything having to do with Maria) and it all just works together. And even though the PSP remake loses some of the classic feeling, it’s still a pretty good remake, mostly because it adds even more texture to the areas, and finishes up a few things that were obviously left incomplete in the PCE original. As a runner-up, I’ll pick Castlevania Bloodlines, since I dig the smooth FM synth of the Genesis, I really like the world-traveling theme, and Eric Lecarde is my favorite non-Belmont/non-Alucard Castlevania hero

As far as the “Metroidvania” type, my favorite is still Symphony of the Night. It is technically the first of this type (not counting Castlevania II, which I don’t), but despite so many iterations of the formula on the GBA and DS, they never quite stood up to the original PlayStation entry. Sure, the PS1 game is kinda messy and unbalanced, but the fact that there are so many different items and pieces of equipment and hidden special moves that it just turns the thing into one big playground, which is one of the best parts of being an RPG. Plus, since all of the later entries were portable, they never quite had the same visual and aural sheen as this one (though they’re still all pretty good, particularly Order of Ecclesia). The small budgets of these later titles also showed through, especially with their padded level designs, while Symphony generally has better layouts. (When it was first revealed, the upside castle was more of a post-game bonus than an actual second half of the game, though. That gimmick eventually wore itself out…)

I guess there are the 3D entries to consider, but I’m not sure if I want to! They’re not all bad, but I think even the better ones are kind of mediocre overall. I hated Lords of Shadow at first, since it seemed to recall almost nothing (except the names) of the older games I loved, but I’ve come to appreciate it separately, even though I’m not a huge fan of those types of 3D action games in general. Still, even the worst Castlevania games (even the really dire ones like Haunted Castle and The Castlevania Adventure) were good for some amazing soundtracks, and both of the PS2 games have great music. (Lords of Shadow is okay but not really staying with the rest of the series in that regard.)

 

 


 

Gabriel López

La hermandad Podcast & Metodologic

Vampire Killer

Pues sí. Uno parte de la base de que, al menos en este caso, lo tiene complicado para decidirse. Castlevania, como saga, siempre tiene algo que ofrecerme en cada entrega, algunas más que otras, pero es de esas series a las que siempre presté atención, y mucha anticipación siguiendo artículos y previews en revistas. Entre las entregas que recuerdo con más cariño están Belmont’s Revenge —seguramente de los juegos que más he puesto en emulador—, Super Castlevania IV —de esos títulos que daban exactamente lo que prometían: más grande, más burro y más de todo a los que veníamos de los 8 bits a una nueva generación— y Symphony of the Night —lo sé, muy académico todo, pero lo disfruté horrores—; incluso me lo pasé bomba con el denostado Vampire’s Kiss —con el que salivé meses por el reportaje de la Super Juegos en su día—. Pero por encima de todos guardo especial cariño a Vampire Killer, para mí el juego que comenzó muchas cosas; tenía MSX1 y mis amigos con MSX2 me pusieron los dientes larguísimos con este y otros juegos. Cuando conseguí hacerme con un MSX2 fue de las primeras cosas que probé, y cada dos por tres me lo pongo para pasármelo.

Se me quedó clavada la imagen de la pantalla final del juego, vista en revistas y luego en casa de los citados amigos; el impresionante retrato de Drácula como enemigo final. Y sí, lo reconozco, de vez en cuando también cargo el juego con el cartucho de trucos Game Master para empezar directamente en esa fase y darme un buen subidón. Entiendo que no es un juego perfecto, y que para muchos puristas ni siquiera les parecerá un Castlevania al uso; pero visto hoy, es otro de los casos de aprovechar las limitaciones de una máquina para conseguir un juego lo más adecuado a ellas, pero sin dejar de lado el factor ‘wow’. Vampire Killer era más aventura que plataformas, y con una dificultad casi desquiciante por momentos. Las comparaciones con siguientes entregas en otras plataformas vinieron después, pero poco me importa. Por mi parte, valoro a Vampire Killer dentro del catálogo de los juegos MSX, no dentro de la cantidad de juegos que pueblan la saga, porque no me parece de recibo con todo lo que ha llovido, y sobre todo por el carácter tan singular que esta entrega de por sí ya tiene. Un parche reciente —que lo acercaba en jugabilidad al Castlevania «de toda la vida»— le quita precisamente eso, su personalidad y singularidad, mientras que otro parche le ha añadido canales de sonido a sus ya de por sí formidables melodías. Esto creo que prueba que sigue estando en los corazones de muchos, y no solamente en el mío.

 


 

Bruno Sol “Némesis”

RetroGamer & Freelance

Castlevania: Rondo of Blood

Elegir entre un único Castlevania es un dilema a la altura del prota de Midnight Resistance, cuando tenía que elegir a qué miembro de su familia rescataba de la muerte. Pero si tengo que decantarme por uno, ese sería Akumajo Dracula X- Chi no Rondo, el Castlevania de PC Engine Super CD-ROM —para entendernos mejor—. Mi historia de amor con esta maravilla se remonta al año de su lanzamiento, 1993. Por entonces ya tenía la suerte de contar una Duo japonesa de segunda mano, y cuando descubrí en una revista americana los planes de Konami de lanzar un Castlevania para PC Engine, lo encargué a Chollo Games sin dudarlo. Recuerdo el día en el que fui a recogerlo, y la cara que puse al encender la consola y ver, y sobre todo oír, por primera vez aquella intro en alemán. Y ya no digamos cuando empezó a sonar las versiones guitarreras de temas clásicos de la saga, como Vampire Killer, Bloody Tears o Beginning. Aquello me voló la cabeza.

En aquellos tiempos previos a la llegada de Internet, nuestra única fuente de información eran las revistas extranjeras. Las devorábamos. Y las que no podíamos comprar en los kioskos del centro las encargábamos a agencias que te cobraban un ojo de la cara. Así conseguí un ejemplar de PC Engine Fan, que incluía un pequeño librito sobre Rondo of Blood. No tenía ni idea de japonés, y sigo sin tenerla, pero revisando aquellas pantallas descubrí que el juego escondía mucho más de lo que parecía a primera vista. Aquel librito me abrió las puertas a las rutas alternativas del juego y al rescate de las prisioneras de Dracula. A base de prueba y error, y fijándome en las pantallas del suplemento, fui encontrándolas una a una, mientras intentaba que mi mandíbula no tocara el suelo.

Hasta la llegada de su «secuela» Symphony of the Night a PlayStation, Rondo of Blood se erigió en el cenit de la saga Castlevania. Sus espectaculares gráficos, su impresionante banda sonora —el festival de guitarreos se prolongó en 1994 con la aparición de los dos CD de Dracula Battle, aunque esa es otra historia— y la posibilidad de elegir diversas rutas rompiendo muros o accionando mecanismos ocultos hacen de esta entrega una joya indispensable para cualquier fan de la franquicia. Y lo mejor es que no hace falta hipotecarse para comprar una copia del original de PC Engine CD-ROM. El monumental Castlevania: The Dracula X Chronicles de PSP —para mí, el mejor UMD de todo el catálogo de la portátil de Sony—, era mucho más que un remake poligonal del clásico de PCE: En su interior oculta el juego original —además de Symphony of the Night—, aunque no es sencillo localizar el ítem que permite desbloquearlo.

En 1995 Konami intentaría trasladar el espíritu de Rondo of Blood a Super Nintendo con Vampire’s Kiss, pero salvo en la música, o al menos esa es mi opinión, pinchó escandalosamente. Puede que algún día vuelva a darle una oportunidad al cartucho de SNES, pero creo que mi devoción por el original de PCE me ciega. Es lo que tienen los amores obsesivos. Llevo 25 años abrazado a este CD-ROM y solo la muerte o el deterioro del disco podrá separarnos.

 


 

Juanma Fernández “JuanmaNPI”

RetroManiac & 33bits

Castlevania: Lords of Shadow

Podría elegir el que seguramente sea protagonista de algunos de mis compañeros, el Super Castlevania IV de SNES, a la vez parte de mi primer contacto con la Super Nintendo y, de hecho, primer contacto con los 16bits domésticos, ahí es nada, aquello fue amor a primera vista. Podría incluso tirar de mi cariño por la plataforma y escoger el Castlevania Adventure de Game Boy, alejado seguramente de cualquier posibilidad de elección si se tratase de «el mejor» de la saga pero que es especial para mi por una serie de motivos totalmente personales y altamente subjetivos. Pero finalmente, tras dudarlo mucho y cambiar de opinión varias veces, voy a tirarme un poco a la piscina.

Corría el año 2010 y, hasta entonces, mi visión de la saga se clasificaba en tres grupos: Clásicos, que comprendían tanto las entregas de sobremesa como portátiles hasta los 16bits, con la excepción del Castlevania II de NES. Precisamente esa segunda parte sirvió de germen para, ya en las 32bits, variar la fórmula establecida dando lugar a lo que comúnmente todos conocemos como «metroidvania», formando el segundo grupo de los tres a los que hago referencia, utilizado en algunas entregas de sobremesa y, sobre todo, quedando establecidas para las entregas portátiles tras la llegada de la GBA. Se quedaban en un tercer grupo las entregas de sobremesa que, en una época en la que utilizar las 3D parecía obligado, dieron el salto de la saga a las mismas. Puestos a ser sinceros, siempre he pensado que el salto a las 3D no le terminó de sentar bien a la saga, que habría que hacer algún cambio, o tal vez romper con todo.

Y llegaron los chicos de Mercury Steam, con Enric Álvarez a la cabeza, con su Lords of Shadow, y para mi fue un punto de inflexión tras las últimas entregas 3D de sobremesa.
Reconozco que los primeros vídeos en movimiento que vi me provocaron sensaciones encontradas. Por un lado me encantó el aspecto que tenía el juego y estaba deseando hincarle el diente -nunca mejor dicho-, pero por otro me preocupaba que aquel juego, que por su jugabilidad me traía a la mente inmediatamente cosas como God of War, no terminase de sentirse como un Castlevania.

Afortunadamente no fue así. El juego no solo me encantó, sino que en mi opinión marcó, por fin, un camino a seguir para la saga al afrontar entregas en 3D. Técnicamente estaba acorde a los tiempos que corrían. Jugablemente estaba muy bien ajustado, lleno de opciones, ítems, movimientos que desbloquear; combinaba acción a raudales con algo de plataformeo y puzles. Artísticamente me resultó muy agradable y más que pensar en que era un cambio de estética incluso me resultaba una vuelta a los orígenes; y argumentalmente se me hizo interesante y muy bien llevado con un comienzo rápido y un gran final, a lo que ayudó mucho la banda sonora de Óscar Araujo, digna de cualquier superproducción de Hollywood.

Soy consciente de que ha habido disparidad de opiniones sobre el nuevo rumbo de la saga, y es lógico y sano que las haya. Pero creo que supuso un punto de inflexión positivo y que es hora de comenzar a reivindicarlo como uno de los Castlevanias que debe pasar a la historia por el juego que es y por lo que supuso en su momento.

 


 

José Manuel Fernández “Spidey”

Metodologic

Castlevania II: Belmont’s Revenge

Elegir un Castlevania siempre es complicado, máxime cuando en una franquicia ciertamente extensa perdura como particular denominador común el factor calidad. No obstante, pensar en el ejemplar que más me ha marcado podría antojarse como algo más sencillo… Pero no hay manera. Y eso que en primera instancia me decidí por un Super Castlevania IV que abofeteó mis sentidos como temprano exponente de lo que podía dar de sí el «cerebro de la bestia» —amén de abrazar una jugabilidad deliciosa—. También perduran en mi corazón entregas como Rondo of Blood, el Akomajou Dracula de X68000 o el sensacional Symphony of the Night, amén de ese primer contacto vestido de cartucho para MSX2 y que respondía por estos lares al nombre de Vampire Killer.

Sin embargo, y haciendo sana retrospectiva, sonreí con la primera vez que la familia Belmont se dejó jugar en la palma de mi mano. Y no fue con el primer Castlevania: The Adventure de Game Boy —publicado en 1989—, sino con su segunda parte: Castlevania II: Belmont’s Revenge (1991). Fue el comienzo ideal con la portátil de Nintendo, ya que el primer título, aun siendo de lo más decente, no poseía los suficientes estímulos como para atisbar mínimamente la excelencia. Pero para su continuación Konami corregía los errores del original con el único objetivo de rubricar un juego de diez. Y así fue, ya que Belmont’s Revenge era sin duda uno de los mejores títulos de todo el catálogo de Game Boy.

El planteamiento de las fases, los excelentes y detallados gráficos, los bosses… Y la música. ¡Ah, la música! Porque por mucho que el chip de sonido de la pequeña Game Boy pueda llevar a equívocos, este capítulo poseía algunas de las mejores partituras de toda la saga. El responsable de ello fue Hidehiro Funauchi, un verdadero especialista en el sonido de las máquinas de 8 bits de Nintendo y portentoso compositor donde los haya. «New Messiah», el tema perteneciente a la fase Crystal Castle, es una maravilla que de por sí eleva a este mágico cartucho de 128 KB a la categoría de obra de arte.

Una pena que el ascenso de calidad que se vivió de Castlevania: The Adventure a Castlevania II: Belmont’s Revenge se perdiera dramáticamente en el tercer título de la franquicia para Game Boy. Y es que Castlevania Legends, aparecido seis años después de Belmont’s Revenge, era un despropósito de los que duelen. No era de extrañar viniendo de la peor sucursal de la productora en el país nipón, Konami Nagoya, responsable de despropósitos a la usanza de los Ganbare Goemon lanzados en Game Boy y PlayStation o la conversión de Symphony of the Night a la Saturn de Sega. Mal estreno tuvo Sonia Belmont en tan magna serie, al punto de que difícilmente se podía salvar algo de un juego tan fatalmente ejecutado. En todo caso, una pesada losa que, por buscarle algo positivo, no hace más que engrandecer lo genial de una segunda entrega a todas luces espléndida e inmortal. Como el mismísimo Drácula.

 


 

Javier García “Gryzor87”

Músico y compositor

Castlevania the New Generation

De todos mis Castlevanias favoritos —que no son pocos—, pues podría decir que destacaría a Castlevania the New Generation (Sega MD, 1994, en USA llamado Bloodlines y en Japón Vampire Killer), ya que habiendo jugado previamente a Vampire Killer (msx2, 1986) y Haunted Castle (Arcade, 1988), este brindaba un abanico de escenarios, colorido, músicas -de la grandísima Michiru Yamane, por cierto- y situaciones tales que colmaba y rebosaba todas las expectativas habidas y por haber. Desde la misteriosa intro mostrándonos a la condesa Elisabeth Bartley —claro guiño a la sangrienta condesa Bathory— viajando por toda Europa con nada menos que un segoviano —Eric Lecarde— y un tejano —John Morris— pisándole los talones hasta el sorprendente final, nos encontramos con un periplo de dimensiones épicas que nos trasladan a los más evocadores lugares vistos hasta el momento: la antigua Grecia, con sus columnas milenarias, sus reflejos crepusculares y sus estatuas gigantes. La industrial Alemania, llena de mecanismos letales y trampas ingeniosas. La monumental Pisa, en una renacentista Italia donde subiremos hasta el último peldaño en nuestras aventuras…El impresionante palacio de Versailles, recreado hasta el último detalle en unos gráficos preciosistas que quitan el hipo —la capilla real es casi idéntica a la original, y el gran salón de los espejos una obra de arte—, y por no destripar más, diré que las mecánicas incluidas en los últimos niveles son dignas del mejor Konami. Sí, ese que aparecía con el logo de las ondas naranja y roja con letra cursiva.

En aquel momento, casi cualquier videojuego que sacaba la compañía nipona era sinónimo de calidad, exquisitez y entretenimiento de altos vuelos. Este videojuego no solo recoge todos esos valores sino que brilla con luz propia dentro del universo fantástico de Castlevania.

 


 

José Antonio Calvo “Ross the Boss”

33bits

Castlevania II: Simon’s Quest

Soy fan de la saga desde que era un muchacho imbérbe, y varias décadas después, he jugado a prácticamente todos los títulos que llevan ese insigne nombre, y solo faltándome alguna cosa menor. Así qué ¿por qué un fan talludito se decanta por ese título de NES habiendo cosas que desde un prisma objetivo puedan calificarse de mejores? Sencillamente, por su calidad también objetiva, y por la deuda que casi cualquier título siguiente de la saga tiene con esta joya.

No me recreo mucho en los antecedentes: tras el éxito de Castlevania/Vampire Killer en NES y MSX tocaba que Konami desarrollara una secuela, dada la calidad, y sobre todo, el enorme potencial que sugería ese primer juego, con esa tan curiosa combinación de todo tipo de monstruos y criaturas en un marco gótico tenebrista. Vale. Pero se produce un cambio, un salto en el sistema de juego: de arcade de plataformas, a aventura de acción y plataformas. Y ese agradecido cambio es lo que lo hace un juego tan especial, y tan importante para el devenir de la saga.

Castlevania II: Simon’s Quest es una aventura con desarrollo lateral, acción, plataformas, y toques de j-RPG. Tras los sucesos de la primera parte, una maldición asola Transilvania, y el héroe que derrotó a Drácula, Simón Belmont, debe encontrar las reliquias de Drácula —costilla, corazón, ojo, colmillo y anillo mágico—, llevarlas al castillo de Castlevania para destruirlas y poner fin a la maldición. De esta forma, empezamos en un pueblo en vez de en una fase de acción, investigando, hablando con sus habitantes, y haciendo compras. Luego, recorremos Transilvania enfrentándonos a todo tipo de criaturas oscuras y visitando pueblos y mansiones en un desarrollo 2D con bifurcaciones, inspirado a buen seguro en el primer Metroid, aunque con menos verticalidad y pasadizos en los mapas. Cada reliquia está custodiada en una mansión, una zona de acción más amplia y compleja, y tanto con las reliquias como el uso inteligente de los objetos nos abren más caminos y soluciones para avanzar en esta aventura.

Acumulación de experiencia, subida de niveles, reloj con ciclo día-noche, rutas intrincadas, acertijos, pistas, mucha acción, y tres finales diferentes según el tiempo que nos tome llegar al final de nuestra aventura, en un juego con un diseño mucho más complejo e interesante, que el que puede sugerir nuestro primer recorrido en el mismo, ya que otra cualidad prácticamente obligada para ver el mejor final del juego, es rejugarlo, aprender de él y completarlo de forma aún más rápida. -438-

En una época donde se experimentaba y se aprendía con todo tipo de mecánicas en los videojuegos, Castlevania II: Simon’s Quest fue toda una piedra de toque en la saga, un punto claro y necesario al que mirar cuando juegas a títulos posteriores, sea un Rondo of Blood, o los llamados Metroidvanias, juegos que todos conocen y reconocen méritos, pero que empezaron por esa apuesta que Konami hizo en 1987 de evolucionar y enriquecer un primer título muy logrado y de enorme potencial.

 


 

Daniel Mosquera “Daniel-san”

Puro Vicio & Pulpodcast

Castlevania: Symphony of the Night

Si tuviera que quedarme con solo un género entre la gran variedad que tenemos a día de hoy, elegiría los plataformas de acción 2D. Para que un título de éstas características haga nuestras delicias debe cumplir 5 requisitos: gran apartado técnico, buen diseño de niveles, control preciso, música magistral y acción a raudales.

Si hay una saga clásica que cumpla todas esas premisas, esa es Castlevania. Son tantos títulos y de tanta calidad que es imposible quedarse con uno de ellos, así que haré algo de trampa y os hablaré de una trilogía legendaria, con 3 juegazos relativamente diferentes entre sí pero con un hilo conductor común: Castlevania III (NES), Dracula X: Rondo of Blood (PC Engine CD) y Symphony of the night (PlayStation).

El primero de ellos, Akumajo Densetsu en Japón, fue lanzado en el ´89 para Famicom y recuperaba el formato de la primera entrega, pero apostando por la rejugabilidad, ofreciendo diferentes caminos para completar la aventura y 3 personajes diferentes para controlar. Gastaba un apartado técnico alucinante, además el cartucho japonés contaba con chips de apoyo que aportaban canales extra de sonido, la música era sublime, y las horas de diversión infinitas.

Solo algunos privilegiados pudieron disfrutar del magno Rondo of Blood, lanzado en la consola de NEC a finales del 93. Gracias al soporte CD-Rom, el título contaba con unas alucinantes escenas de introducción, gráficos de infarto, una de las mejores BSO de la saga y hasta voces digitalizadas. Además también encontraríamos diferentes rutas hasta llegar a Drácula, y por si fuera poco, no solo controlaríamos a Ritcher, si la rescatábamos a tiempo, contaríamos con otro personaje extra: Maria. Control brillante, enfrentamientos épicos con los bosses, gran rejugabilidad y puro espectáculo gracias al ítem crash. Considerado por muchos el mejor de la saga clásica, y eso son palabras mayores.

La guinda del pastel la pondría el señor Koji Igarashi, cuando decide darle una vuelta de tuerca al planteamiento de la saga, y en el ´97 nos regalaba Symphony of the night. Un juego que marcaría un punto de inflexión en la saga, ya que sin dejar de lado la acción, implementaba de manera magistral el backtracking al igual que Super Metroid, y nos obligaba a explorar constantemente ese majestuoso castillo hasta pintar hasta la última habitación del mapa. Por si fuera poco, se le añadió un componente RPG, haciendo que sintieras la necesidad de mejorar al personaje y su equipamiento constantemente. Además se escogió un prota carismático como pocos, y amado por los fans como ninguno: Alucard.

Mientras los polígonos copaban la atención de todo el mundo, el juego hacía gala de un apartado visual en 2D por todo lo alto. No quisiera olvidarme de la maestra Yamane, que supo estar a la altura poniéndole el broche a esta obra maestra con una OST legendaria. Si tuviera que llevarme un juego a una isla desierta, sin duda, sería este.

Como os decía al principio, si mañana tuviera que elegir un título de la saga, seguramente os diría otro como Super Castlevania 4 o el magno Castlevania 2 de Gameboy, y es que cuando hay mimo creando un videojuego se nota, y gracias a los grandes maestros de la vieja Konami, a la saga se le mimó muchísimo, tanto, que todos los jugones la tenemos en estima de una manera u otra.

 


 

David BG

RetroManiac

Super Castlevania IV

La primera vez que me puse en la piel de alguno de los personajes de la familia Belmont fue en aquel mítico Vampire Killer para MSX2. En casa de mi buen amigo Antonio se abría un nuevo mundo ante mis ojos cada vez que probaba algo en su MSX2, especialmente el cartucho de Konami. Entre meriendas y partidas antológicas, disfrutábamos de la jugabilidad y dificultad de aquel mágico cartuchito.

Algo después aparecería en el mercado europeo Super Nintendo, y con su llegada algunos juegos míticos. Entre ellos, el magnífico, y singular, Super Castlevania IV. No será porque la fórmula no fuera mejorada posteriormente e incluso en algunos aspectos el primer Castlevania para NES salía mejor parado que este juego para 16 bits, pero las sensaciones del momento son las que prevalecen, y este cartucho de apenas 8 megabits siempre tendrá un lugar preferente en mi corazón.

Posee un diseño, único y muy especial. Konami todavía estaba probando el hardware y se diría que sus artistas experimentaban con combinaciones y esquemas extraños y diferentes: desde los escenarios de fondo de las cuevas hasta el colorido jardín de los primeros niveles, pasando por los pasajes a través de las almenas y las estancias de interior. Una paleta de colores que va desde lo brillante hasta lo más apagado en la que se mezclan los tonos de una manera maravillosa. No tiene el aspecto plano de esfuerzos anteriores en NES, ni tampoco el estilo más japonés de Rondo of Blood; Super Castlevania IV posee un estilo incomparable, con un píxel a veces barroco y difuso, aderezado con algunos efectos especiales que en la época impresionaron al más pintado.

Y luego estaba aquella banda sonora, un hito en los videojuegos. Masanori Adachi y Taro Kudo se atrevieron a firmar algunos de los temas más osados en cartucho alguno. Una combinación increíble de temas explosivos y cortes más atmosféricos aprovechando las características del chip sonoro de la consola. Imposible no dejarse llevar por aquella cadencia que rompía con todo lo que conocíamos anteriormente.

Puede que la jugabilidad no fuera su punto más fuerte, y a pesar de las mejoras introducidas en el manejo de nuestro personaje —sobre todo en el salto y en el recorrido de las escaleras—, la menor dificultad de esta aventura la hicieron bastante más asequible y divertida para este que suscribe. Sí, todavía están esas puñeteras cabezas de medusa y esos cuervos insidiosos, pero ahora al menos tenemos un látigo más manejable y mortífero gracias a su movimiento circular. ¡Ja!

A pesar de verse superado objetivamente por otras entregas de la serie, Super Castlevania IV es un juego único de la Konami de por aquel entonces, que rompía en parte con los esfuerzos anteriores culminados por la sobresaliente tercera entrega en NES para llegar a ser algo diferente pero sin perder su identidad por el camino. Ha envejecido relativamente bien; puede que chirríe un tanto por el tosco caminar de su personaje y un desarrollo algo lento, pero recompensa al jugador por su dedicación mediante preciosistas escenarios, desarrollo y una atmósfera difícil de igualar.

 


 

Para concluir, agradecer a los compañeros su participación, y después de conocer sus Castlevania favoritos, tengo que admitir que me ha sorprendido alguna respuesta, aunque la mayoría ha elegido Super Castlevania IV, seguidos por Rondo of Blood y Symphony of the Night, ha habido alguna respuesta fuera de lo común como el Simon’s Quest, el Belmont’s Revenge o el Lords of Shadow, y menos mal que el que escribe estas lineas no ha participado, o me vería obligado a tener que elegir entre el Simon’s Quest y el Castlevania 64, dos de los peores Castlevania para muchos, pero que son mis favoritos por otras razones más «románticas» como cuándo y cómo los conocí, en qué momento los jugué, lo que supusieron para mí… pero es que elegir un favorito siempre implica subjetividad, por eso querido lector, ¿Cuál es tu Castlevania favorito?