Mi nombre es Legión, porque somos muchos

Viajamos casi veinte años en el tiempo para rememorar las aventuras de Michael Le Roi, más conocido como Shadow Man. La extinta Acclaim nos dejó un título apasionante allá por 1999. Un título que ha logrado trascender a través de los años hasta ocupar un merecido hueco en ese selecto club en el que los usuarios engloban a los «juegos de culto», esas obras que, por alguna razón, son capaces de dejar una huella imborrable en el corazón de los jugadores.

La mítica —y malograda— compañía estadounidense nos brindó una gran hornada de títulos: Batman Forever, Forsaken, Extreme-G, Re-Volt, NBA Jam, Turok: Dinosaur Hunter y Turok 2: Seeds of Evil, Vexx… Y Shadow Man. Uno de esos juegos que hoy no abundan precisamente, de esos en los que el jugador debía estrujarse los sesos si su intención era explotar todas sus posibilidades y encontrar la ingente cantidad de secretos que nos esperaban en los confines del mundo de los vivos… y de los muertos.

 

«Mi nombre es Legión, porque somos muchos»

 

Si bien es cierto que la historia parte de una premisa bastante recurrida (el protagonista sufre un accidente y es rescatado de las garras de la muerte a manos de una sacerdotisa, aunque no sabría si afirmar que el bueno de Michael vaya a recuperar la vida de la que disfrutaba antes de la fatídica noche), la cosa se pone la mar de interesante cuando entran en escena «Los Cinco», un grupo de asesinos en serie liderados por el propio Legión. Nuestra salvadora y confidente, Nettie, parece ser capaz de predecir el futuro gracias a los sueños que experimenta y nos transmite, y como no podía ser de otra forma, lo que está a punto de suceder no parece ser precisamente bueno para nadie. El Asilo que vemos en la introducción del juego es algo más que un simple edificio; es un portal llamado a desatar el Apocalipsis en el mundo de los vivos. Tendremos que ponernos a los mandos del héroe y tratar de evitarlo, ¿no?

Los asesinos en serie son, indudablemente, uno de los grandes alicientes que podemos encontrar en la historia del juego. Perfectamente documentados en el dossier que podemos consultar en cualquier momento, estos individuos campan a sus anchas en la zona viva, mientras mantienen la inmunidad con la que Legión los ha bendecido. Aunque resulta evidente que el imitador de Jack el Destripador se presenta como el más sanguinario —y popular— de todos, no sería buena idea subestimar las… «peculiaridades» del resto de miembros del grupo.

Este es el imitador de Jack el Destripador…

 

El Rey Lagarto y sus trece asesinatos, dibujando un lagarto en el cuerpo de sus víctimas, El Asesino de la Mejora del Hogar, conocido por acabar con sus presas empleando artilugios de bricolaje —y por matar a su propia madre—, Marco Cruz y su particular afición por matar arrastrando a los cuerpos vivos con su camioneta, Milton Pike y su obsesión por documentar sus asesinatos y enviárselos a las autoridades y, cómo no, el citado Jack 2. Lo que todos los asesinos parecen tener en común es que prefieren que sus víctimas sean mujeres a pesar de que, en algunos casos, estos individuos no dudaron en acabar con la vida de algún que otro hombre. Si los planes de Legión pasaban por desatar un auténtico horror en el mundo de los vivos, queda claro que acertó al elegir a su cuadrilla de escuderos.

Uno de los aciertos de Acclaim fue optar por una historia que, prácticamente, ya se había desarrollado en el momento en que nosotros entramos en escena, apostando por una experiencia en la que más que presenciar los acontecimientos, debíamos sumergirnos e indagar acerca de lo sucedido, tratando de cambiar el mundo tal y como lo conocemos con la intención de acceder a la ubicación de los asesinos en serie. Shadow Man no cuenta con un guion cargado de sorpresas; nos invita a sumergirnos en algo lo suficientemente complejo y retorcido como para dejarnos una huella imborrable.

Si nos ponemos a los mandos de Shadow Man, incluso a día de hoy podemos encontrar un diseño de niveles superior a la media de la industria. Partiendo del clásico mundo central que hace las veces de nexo, tenemos la oportunidad de alcanzar una serie de niveles en los que sumergirnos durante horas. Cuando cantidad y calidad se dan la mano, las cosas suelen salir bien. Eso debieron pensar en las oficinas de Acclaim, a tenor del trabajo realizado con todos y cada uno de los escenarios que nos toca explorar a lo largo y ancho de la Zona Muerta.

El Asilo y sus diferentes secciones, las Tierras Baldías, los viajes a diferentes localizaciones del mundo de los vivos y, cómo no, los templos, que presentan un diseño más en la línea de las clásicas mazmorras que podemos encontrar en videojuegos de aventuras. Las mecánicas jugables de Shadow Man no distan mucho de lo que vemos en obras como Legacy of Kain: Soul Reaver, Metroid —salvando las distancias— e incluso algún que otro survival horror: exploración, combate, rompecabezas y mucho backtracking.

Personalmente, uno de los elementos que siempre llamaron mi atención es esa cifra que comenzaba a convertirse en un clásico en los videojuegos de aventuras, algo que suelo calificar como «70:120». 70 para completar la historia principal y 120 para desbloquear todos los secretos del juego. Una cifra que podemos aplicar a las estrellas de Super Mario 64 —y posteriores entregas—, 70 jiggies para plantarnos ante el jefe final de Banjo-Kazooie… y 70 almas oscuras para desbloquear el acceso a nuestro encuentro con Legión en Shadow Man, aunque hubiera otras 50 esperándonos a lo largo y ancho del mundo del juego. Siempre me resultó curioso que la obra de Acclaim apostara por dicha cifra de coleccionables principales.

Como resulta evidente, la propuesta jugable de la aventura protagonizada por Michael Le Roi poco o nada tenía que ver con la de los títulos citados más arriba. No obstante, el enfoque aventurero del juego —y su magnífico componente de exploración— nos dejaban una sensación muy similar a lo que podíamos encontrar en las mejores aventuras de los años 90. La Zona Muerta aguardaba una ingente cantidad de secretos, de esos que los desarrolladores decidían esconder en lugares a los que solo podíamos acceder volviendo sobre nuestros pasos una vez encontrada la habilidad que nos permitía explorar nuevas ubicaciones. Es por eso que Shadow Man siempre me ha parecido un título único, fundiendo lo mejor de las historias de terror con las mecánicas aventureras de los videojuegos que apuestan por la exploración. A día de hoy, son muy pocos los juegos que podemos nombrar a la hora de encontrar un «pariente» de la obra de Acclaim.

Tampoco conviene olvidar la posibilidad de alterar el plano en el que nos situábamos, algo que nos permitía explorar una serie de emplazamientos en sus dos versiones posibles: la de los vivos y la de los muertos. Volver a los pantanos de Luisiana una vez la noche eterna se ceñía sobre el mundo real fue una de las sorpresas que hicieron las delicias de los jugadores. Aunque es cierto que esta serie de cambios se sucedían por exigencias del guión —en el mundo de los vivos, los asesinos en serie son inmunes a nuestros ataques—, la realidad es que a nivel jugable, los escenarios que nos tocó explorar cambiaban sustancialmente su aspecto. Durante los primeros compases del juego, nadie se atrevía a pensar que los alrededores de la iglesia de Bayou Paradise podrían llegar a albergar tantos secretos. Shadow Man es un juego complejo, de esos en los que sin una guía, desengranar todos sus secretos es un auténtico desafío, y eso es algo que se conserva intacto a día de hoy, incluso si el jugador ya cuenta con el bagaje suficiente que le permita devorar la gran mayoría de videojuegos que caen en sus manos.

Nunca es tarde para disfrutar de Shadow Man. No importa si vuestra intención es rememorar viejos tiempos o descubrir una aventura de las de antes, de esas que a día de hoy es difícil encontrar en el mercado. El juego se encuentra disponible para PC a través de Steam, plataforma en la que habitualmente podemos encontrarlo a precios ridículos. De hecho, mientras escribo estas líneas su precio es de 4,99 euros. Los clásicos tienen la capacidad de trascender a través del tiempo, sobreviviendo al paso de los años sin que sus virtudes se vean afectadas. Al igual que Michael Le Roi, la obra de la extinta Acclaim es eterna. Aunque esto no deja de ser un humilde tributo de un servidor, siempre he pensado que hay cosas que pasan por algo; juegos que, sin contar con esa unanimidad que no parece existir, logran encontrar su sitio en el olimpo personal de muchos jugadores, y tengo claro que Shadow Man es uno de ellos. Si en pleno 2018 aún no habéis experimentado lo que supone saltar entre la tierra de los muertos y la de los vivos, más vale tarde que nunca…