Servant of the Lake es el último juego de Rusty Lake, y viene en forma de precuela. Es también el primer juego al que tengo el placer de enfrentarme de la saga, y mi sorpresa ha sido mayúscula. Una experiencia corta pero intensa, con un estilo propio muy particular que hace que siempre queramos jugar un momento más. Acompañadme a la finca Vanderboom, donde tendremos que seguir las órdenes de unos personajes de lo más peculiar.

De primeras puede sonar extraño. ¿Ser la “criada” de una poderosa y excéntrica familia? Seguro que es algo aburrido, se podría llegar a pensar. Pues nada más lejos de la realidad. En Servant of the Lake la narrativa es casi tan importante como sus puzles, y ambos son los pilares de la jugabilidad. Empezaremos hablando de la narrativa y la historia; una maravilla, con toques de terror, gore, misterio y mucho más.

La narrativa se apoya en días. Cada día se separará en diferentes partes, y en cada una habrá una serie de puzles. En tres días y tres noches iremos abriéndonos paso entre personajes y puzles. La narrativa se apoya en esto, para ir creando sensaciones de todo tipo. Cada vez que pasamos de un momento del día a otro un cartel nos saludará, junto a un sonido estridente. Servant of the Lake no es un juego de terror, pero estoy seguro de que dejará preocupado a más de uno.

El juego comenzará de forma tranquila, deberemos hacer tareas del hogar, tales como limpiar los cuadros, preparar un té o simplemente atender a nuestro patrón; pero pronto llegan invitados a la casa, y ahí es cuando las cosas se ponen interesantes. Pronto estaremos andando por el sótano o por un extraño templo investigando para el patrón y sus hermanos. Sin embargo, aunque la historia tiene bastante donde rascar, tampoco os imaginéis un gran despliegue, ya que, como he dicho, Servant of the Lake es una precuela. Muchas cosas se explicarán en los siguientes juegos. La propia condición de precuela hace que algunos acontecimientos puedan resultar especialmente intrigantes para quienes ya conozcan el universo de Rusty Lake, mientras que para los recién llegados funciona como una puerta de entrada bastante peculiar.

Pero a pesar de eso tendremos momentos y situaciones muy variadas. Los personajes son los que dan vida al título. La cantidad se puede contar con los dedos de una mano, pero todos ellos dejan una gran marca en el jugador. Todos están doblados y eso ayuda a la inmersión. La combinación del slice of life con los misterios que nos ofrece el juego hace que el resultado final sea sobresaliente. La forma en la que se pasa de situaciones cotidianas a otras mucho más extrañas está muy bien medida, consiguiendo que nunca sepamos exactamente qué nos vamos a encontrar al avanzar.

Por otro lado, la historia de Servant of the Lake no sería nada sin los puzles que la acompañan. En este juego los puzles son relativamente sencillos, más si habéis jugado a otros títulos de la saga, pero sí que ha habido un par de momentos donde he tenido que consultar una guía. Los desarrolladores han pensado en jugadores tan zotes como yo, y han subido un gameplay completo a YouTube, al que se puede acceder desde el menú. Esto es especialmente útil porque algunos acertijos pueden llevarnos a probar varias posibilidades antes de comprender qué es exactamente lo que el juego nos está pidiendo.

La mayoría de puzles funcionan en el propio lugar del puzle; incluso algunas zonas nos bloquean hasta que la completemos. Tendremos que hablar con el personaje, que nos dará pistas, o investigar cada uno de los elementos. Habrá desde puzles sencillos que se resuelvan en un minuto a otros en los que necesitaremos colocar piezas mirando y deduciendo durante un largo rato. Lo mejor es que los acertijos suelen estar integrados en el escenario y en las situaciones que estamos viviendo, por lo que no dan la sensación de ser simples obstáculos puestos para alargar la aventura.

Para otros puzles deberemos deambular por la casa, que será el escenario base del juego. Esta mansión contiene pocas habitaciones, pero llegaremos a conocerlas como si fueran parte de nuestra piel. De hecho, tareas sencillas como encender una caldera o limpiar un suelo serán el pan de cada día. También habrá momentos donde haya pistas falsas, aunque estos son los menos. En general, Servant of the Lake es un juego muy justo con el jugador, y aquí entra en juego nuestra experiencia como jugadores de aventuras gráficas. De todas formas, se trata de un juego con puzles lógicos. Además, el reducido tamaño del escenario termina jugando a su favor, ya que facilita que recordemos dónde hemos visto determinados objetos o pistas y evita que la exploración se convierta en una búsqueda interminable.

Visualmente Servant of the Lake es impecable. Tiene un estilo propio, que Rusty Lake ha ido perfeccionando a lo largo de los años, y es maravilloso. Obviamente no es estilo que trate de agradar: algunos personajes son feos o hay situaciones lo suficientemente asquerosas como para tachar al estilo de desagradable, pero eso no hace más que mejorar el resultado final. Los diseños son una maravilla y creo que tiene guiños a otros juegos de la saga, aunque yo no haya podido jugar a los mismos todavía. El uso de las luces, las expresiones de los personajes y determinados detalles del escenario consiguen crear una atmósfera muy particular, incluso cuando estamos realizando una tarea aparentemente normal.

La música es otro elemento importante en el juego. Las lúgubres melodías del compositor Victor Butzelaar hacen que los momentos de tensión vayan un paso más allá. Como ya he dicho, Servant of the Lake no es un juego de terror, pero sí que habrá ciertos momentos que os hagan aguantar la respiración, y la música tiene mucha culpa. Por otro lado, el doblaje al inglés de los personajes está realmente trabajado y dota de aún más profundidad al título.

En conclusión, si os gustan los juegos de puzles, tenéis que comprar Servant of the Lake. Unas diez horas de calidad narrativa y unos puzles ingeniosos. Además, el juego cuesta menos de diez euros, y sus secuelas son aún más baratas. Rusty Lake hace contenido de calidad a un bajo precio. No sé qué más se puede pedir, la verdad.