A la hora de introducir Code Violet, la forma rápida sería decir que es una mezcla de muchos ingredientes, con un removido que deja muchos grumos, que termina dando un sabor aceptable, pero que podría haber sabido todavía mejor dados esos ingredientes. Si la analogía no convence, vamos a desgranar mejor lo que ofrece este survival de acción y ciencia-ficción, con el gran reclamo de los dinosaurios para apelar a tiempos pasados, no solo en videojuegos.

Recurriendo al símil cocinero, el currículo de los chefs generaba dudas sobre la calidad de su nuevo plato. TeamKill Media son un estudio pequeño cuyo antecedente más cercano es el muy irregular Quantum Error. También aquel juego presentaba buenas ideas, un diseño visual atrayente, su exclusividad en PlayStation 5, y muchas cosas que no funcionaban. Podríamos decir al menos que Code Violet está mejor resuelto y disfrutable, lanzándose poco más de dos años después de la aventura del bombero Jacob Tomas, y presentando también como reclamo una parte visual sin duda muy atrayente de inicio.

El potente y muy enigmático comienzo del juego nos presenta a una desubicada Violet Sinclair apareciendo en un planeta exótico. Estamos a mediados del siglo 26, y Violet pasa unos años en una colonia situada en el planeta Trappist 1-E. Este sistema estelar real llamó la atención de los astrónomos hace unos años. Una enana roja situada en la Constelación de Acuario, y donde orbitan siete planetas rocosos. Tres de ellos, podrían albergar condiciones de habitabilidad, incluso la posibilidad de vida. Aunque aún hay que investigar muchísimo esto, como no.

Pues en el cuarto planeta, se desarrolla lo que parece el proyecto más importante para salvaguardar a la humanidad. Violet es una pieza clave, y como mandan los cánones, será algo que se vaya desenredando a medida que la historia avance. Siguiendo con los cánones, Violet despierta en medio de un caos general que ha dejado las instalaciones desoladas, y llenas de dinosaurios. Esos dinosaurios parecen otra pieza vital en el desarrollo de la humanidad, además claro, de una manera de añadir exotismo al juego.

Code Violet mezcla un buen puñado de cosas interesantes: futurismo y sci-fi, transhumanismo, genética y dinosaurios, intriga y misterio, terror y acción, exploración y puzles, toques clásicos de survival con algunas modernidades en sus mecánicas… Todo arropado en un diseño artístico que mezcla futurismo y tecnología vanguardista, con barroquismo y toque clásico. Podemos pensar en Dead Space, e incluso, Warhammer 40.000.

Obviamente, también en Jurassic Park y, por supuesto, la saga Dino Crisis. 

Despertamos sin mucha ropa y bastante desconcierto, para que una llamada de radio de uno de nuestros amigos nos ayude a centrarnos y empezar a movernos y buscar objetivos. La colonia de la empresa Aion es un desastre, y peor, un desastre mortal lleno de dinosaurios. 

La jugabilidad y desarrollo es conocido. Manejamos a Violet en tercera persona, debiendo encontrar objetos y armas, gestionar el limitado inventario inicial, explorar bien todo el complejo, y cumplir objetivos y puzles que nos hacen ir y volver de una manera muy clásica y agradecida.

No tardamos en encontrar a los primeros dinos hostiles, los siempre recurrentes y recurridos velociraptores. Queda claro que no serán los zombis bobalicones de otros juegos, y solo contaremos con una simple pistola y cuchillo para defendernos. Pero también, el sigilo será clave, sea para evitarlos, para ponernos en posiciones ventajosas para dispararles en puntos vitales -en la cabeza-, y para prevenir que nuestros continuos paseos no alerten a nuevos dinos en zonas que ya hemos limpiado.

Conseguimos rápido un traje especial que recuerda en sus propiedades de sigilo al OctoCamo de Solid Snake en Metal Gear IV. Si tenemos una batería, ofreceremos una distorsión que hace que seamos menos visibles, durando poco tiempo y debiendo gestionar este valioso recurso.

Violet mejorará sus «atributos», añadiendo «bandoleras» para tener más objetos en el inventario. Además, las armas también son mejorables previo pago en las máquinas de la armería, recordando al sistema de Dead Space o Calisto Protocol. Hay un sistema de crafteo que nos permite fabricar útiles como curación, munición o granadas, a través de combinar ingredientes. Incluso hay estados alterados, veneno y hemorragia, que juegan tanto con la tensión de muerte inminente como el vernos desangrándonos si no ponemos remedio rápido.

Es lo comentado, Code Violet propone una cantidad interesante de mecánicas que hacen, a priori, muy disfrutable la aventura, pero que no cuajan en un juego todo lo bien resuelto que se merecen todos estos elementos. 

Lo primero que vamos a notar es el contacto, físicas y animaciones. Ya los primeros encuentros nos plantan frente a dinosaurios que atraviesan superficies, se solapan con Violent, con fallos de contacto, poca contundencia y animaciones básicas. Son una amenaza, pero falta mucha potencia para transmitirla, más allá del daño que hacen y el tener que manejar salas y situaciones con ellos. El juego usa Unreal Engine 5, y se nota, pero lo hace más visualmente que a nivel de experiencia vanguardista en físicas y animaciones. Y sin que sea lo más vital del juego, tenemos cinemáticas muy bien coreografiadas y presentadas, con otras casi amateurs en presentación, diálogos y «acting» de personajes.

Siguiendo, hay poca variedad de amenazas, estando gran parte del juego lidiando contra velociraptores, dilofosaurios muy Jurassic Park -con collarines y que nos envenenarán continuamente-, pequeños terópodos muy tocanarices, y sí… el Tyrannosaurus Rex andará por ahí. También se ven otros dinosaurios, sea de forma decorativa, sean versiones mejoradas, que estamos en los laboratorios más avanzados de la historia de la humanidad, así como otras curiosidades y sorpresas. Pero igualmente, queda la impresión de poca variedad, que se une a la falta de contundencia anterior, aunque sí hay sensación de peligro. Mismamente, Violet se pone nerviosa y respira rápido cuando tiene una criatura cerca. 

Es interesante dividir el enorme complejo en zonas separadas por áreas silvestres al aire libre. Ahí tenemos la hierba y otros factores para jugar con el sigilo, aunque también dejan la sensación de ser más largas y menos interesantes de lo deseable, muy «walking simulator» a veces. Disfrutando al menos del trabajado diseño visual, pero bajando muchísimo el ritmo en esos momentos.

En general, Code Violet es mucho «quiero y no puedo», sin resultar un desastre global, siendo de hecho, divertido. El ser tan clásico en exploración, sencillos puzles, buscando objetos, llaves… para abrir puertas y caminos, con momentos de tensión y sigilo, pero también, de acción directa a tiro limpio, motiva a avanzar y plantear estrategias de ruta y objetos que llevamos encima. En las salas de guardado, ya tenemos un cofre global interconectado con espacio limitado aunque amplio. Lo dicho, experiencia conocida con un manejo en tercera persona más moderno, aunque no todo lo cómodo que gustaría por esos problemas de físicas y animaciones.

Pero inevitablemente nos toca entrar en otras cosas de calidad de vida que pueden ser muy irritantes. Lo que más me ha mosqueado, jugando en mi PlayStation 5 básica es la falta de configuración de modos gráficos, solo cambiar el brillo. El desenfoque de movimiento es tremendamente agresivo y no es posible desactivarlo, dando una borrosidad al mover la cámara que afea enormemente el conjunto visual. Encima, el juego viene con bandas superior e inferior, a la usanza de Resident Evil 4, The Order 1886, o The Evil Within, aunque al menos no son muy pronunciadas. Si veis algún gameplay, o el tráiler al final de esta entrada, el juego es muy fluido, parece que preparado para funcionar a 4K/60fps en PlayStation 5 Pro, pero en los otros modelos los 30 frames por segundo y ese motion blur tan bruto empeoran un conjunto visual que podría moverse con números mayores dado lo que pone en pantalla.

Otro error que realmente molesta lo suyo es el tamaño tan ridículo de los textos. Pero es que, encima, el juego no permite seleccionar idioma general, solo el de los subtítulos. Esto genera algo muy estúpido cuando leemos los raquíticos subtítulos -que al menos están en español- y vemos los textos en pantalla -muchos de ellos tamaño enano también- en inglés. De verdad que ya podéis tener una tele grande y jugar cercano cuando aparezcan textos. Ya algo que que descoloca aún más es que algunas acciones como mover objetos pesados, o esquivar rodando, aparecen sus tutoriales cuando ya vamos más avanzados en el juego, sin que sepamos hasta ese momento que podíamos hacer uso de ellas. Esto al menos parece subsanable vía parche, pero tengo serias dudas de que los temas gráficos antes expuestos vayan a tener alguna solución. Esperemos equivocarnos.

Pero al menos jugar en PlayStation 5 nos dará la bendita vibración háptica y los gatillos adaptativos, así como un sonido 3D al que no siempre se le saca todo el partido deseable, aunque en otros momentos sí será muy atmosférico.

Hay que mencionar también como otro añadido el fanservice. Code Violet viene con una cierta polémica, que en 33bits no haremos eco. El caso es que durante el juego encontraremos elementos cosméticos para modificar la apariencia de Violet. Los trajes, mismamente, nos volverán a retrotraer a juegos y momentos clásicos del género, con una manera de ir adquiriéndolos curiosa, para equiparlos luego en las salas seguras de guardado. No es algo que, personalmente, me llame mucho, pero como añadido de cierta entidad es interesante y añade un poquito más a la exploración y curiosidad del jugador.

Cerrando ya aquí, Code Violet se queda a medias en su propuesta de 6-8 horas. Desde aquí pensamos que es un juego con su interés, a pesar de sus claros defectos, que tal vez tengan cierta resolución con futuras actualizaciones, aunque otros temas de base seguramente no. Pero aunque solo sea por su combinación de tantas cosas, el toque muy clásico de exploración, acción, sigilo, gestión de inventario, puzles… o su lograda dirección artística, Code Violet puede dejar buenos momentos para quien busque un survival competente y no tenga grandes aspiraciones ni miramientos.