Ratalaika Games es una distribuidora que siempre se suele especializar en el mismo tipo de perfil: juegos pequeños, modestos, cortos y de presupuesto reducido. Esto no es necesariamente algo malo, ya que son juegos que de otra manera no tendrían distribución ni ninguna oportunidad de ser jugados más allá de la autodistribución, con todo lo que ello conlleva. Y toda esta introducción es para decir que juegos como el que nos ocupa, Mekabolt -creado por una sola persona que se hace llamar «somepx»-, no merecen ser juzgados tan duramente ni compararlo con juegos de mayor calibre.

La historia, como siempre ocurre, ni aporta nada ni se le espera en el resto del juego: Controlamos a una mecánica que trabaja en un parque temático lleno de robots hasta que un día estos dejan de funcionar, la tarea de nuestra chica será la de localizar baterías para los susodichos y hacerlos funcionar de nuevo. Esto nos lo cuentan con tres imágenes estáticas contadas y nunca más volveremos a saber algo sobre el argumento.

En Mekabolt nos enfrentaremos a un juego de plataformas y puzles lateral, más del primer género que del segundo, aunque eso no significa que no haya que pensar bien lo que hacemos y todos nuestros movimientos. Nuestra misión consiste en llegar hasta la batería del final del nivel para pasar al siguiente. Una premisa sencilla, fácil y de poco esfuerzo, o al menos eso aparenta en un principio.

A través de 96 niveles divididos en cuatro mundos, en nuestro camino nos esperarán trampas y obstáculos tales como pinchos que emergen del suelo, lava fundida o bombas que se mueven. Lo cierto es que el diseño de niveles me ha gustado bastante más de lo que me suele gustar en este tipo de juegos, donde hay niveles que nos obligará a pensar un poco para saber dónde colocar esa roca para poder subir un muro, en qué momento saltar para no comernos las bolas de fuego o volver sobre nuestros pasos para ir por un camino que se acaba de abrir. No todos los niveles estarán tan trabajados, pues algunos son un simple paseo sin dificultad ninguna que se nota que están ahí para rellenar y aumentar la lista, con diseños cuya dificultad radica en dar un par de saltos y poco más.

No solo habrá trampas en el escenario, también robots malvados que pueden acabar con nosotros si no actuamos. Nuestra protagonista cuenta con una pistola de energía con la que poder disparar a estos seres, los cuales reaccionarán de diferentes maneras: a algunos los podremos paralizar, a los voladores los tumbaremos para poder subirnos encima, a otros los haremos cambiar de dirección, etc…Se podría decir que estos robots no son enemigos como tal, sino que forman parte del propio diseño del escenario como herramientas para poder resolver los puzles y conseguir nuestra preciada batería del final del nivel.

Hablando ahora del apartado audiovisual, el apartado gráfico es simple, el típico pixel-art 8bitero que no destaca demasiado ni está demasiado elaborado, sino que está ahí para cumplir sin más. Los mundos tampoco es que sean muy diferentes, pues todos ellos tendrán un estilo visual parecido y habrá pocas diferencias entre ellos más allá de un cambio en la paleta de colores y el par de nuevas mecánicas de turno. En cuanto al sonido tampoco es que vayamos a maravillarnos, con una única melodía chiptune por mundo que se repetirá en todos los niveles del mismo y prácticamente la percibiremos como ruido de fondo al que no le prestaremos atención.

La duración es lo peor sin duda, pues en tan solo 1 hora habremos completado el juego en su totalidad al 100%, quizás los menos habilidosos puedan estirarlo hasta la hora y media pero no mucho más. Es el habitual juego perfecto para los cazalogros, pues se pueden conseguir todos los trofeos -en consolas de Sony incluye un trofeo de platino prácticamente regalado- en unos 30 minutos. Esto no está tan mal si tenemos en cuenta el precio, pues solo cuesta 5 euros -incluso la mitad en steam- Quizás hay quien lo considere caro por tan solo una hora de juego, pero teniendo en cuenta que hay juegos similares que llegan a costar el doble no está tan mal.

En definitiva, Mekabolt viene a rellenar un poco el mercado nicho de los juegos «para matar el rato» sin más pretensiones y lo consigue, al menos durante la escasa hora que dura. No se le puede exigir mucho más y no sería justo hacerlo, lo que se ve es lo que hay y es lo que nos han vendido desde un principio, que nadie se sienta engañado en ese aspecto.

 


Este análisis ha sido realizado mediante una copia cedida por Ratalaika Games