TOKYO SCRAMBLE, desarrollado por Adglobe y publicado por Binary Haze Interactive, se lanzó en exclusiva para Nintendo Switch 2 el pasado día 11 de febrero y nos propone una aventura que combina supervivencia y sigilo en un entorno subterráneo ficticio de Tokio. En este juego encarnamos a Anne, una estudiante que tras un accidente en el metro despierta en una zona bajo tierra desconocida y hostil, llena de criaturas llamadas Zino, unas bestias que parecen sacadas de la prehistoria -al más puro estilo de los dinosaurios- y que patrullan cada rincón con un comportamiento imprevisible. Desde el primer momento podemos percibir la tensión de estar atrapados en un lugar desconocido, y la sensación de vulnerabilidad es constante. Como Anne deberemos encontrar la forma de volver a la superficie, evitando y esquivando a estos implacables enemigos mientras exploramos un entorno lleno de peligros inesperados. El juego nos introduce de manera inmediata en su mecánica principal, enseñándonos a movernos con cuidado y a observar nuestros alrededores, transmitiendo esa sensación de peligro inminente que es el núcleo de la experiencia.

La historia, aunque sencilla en su planteamiento, funciona como un hilo conductor que nos mantiene interesados sin necesidad de revelar demasiado. La exploración de los túneles y recovecos subterráneos nos obliga a estar atentos a cualquier señal de peligro, y el juego juega constantemente con la incertidumbre de forma bastante solvente, nunca sabemos qué puede aparecer más adelante. Los Zino, con su comportamiento y tamaño, generan respeto y hacen que cada encuentro no haya que considerarlo a la ligera. No se trata solo de correr o luchar, sino de entender el espacio, observar patrones y reaccionar en el momento adecuado. El reloj inteligente de Anne se convierte en una herramienta clave ya que nos permite hackear puertas, desactivar trampas o lanzar distracciones que nos den tiempo para avanzar. Este sistema de recursos obliga a pensar cada paso y aporta un toque de planificación que complementa el sigilo. La historia no es compleja ni está llena de sorpresas, pero logra mantenernos en tensión gracias al entorno y los enemigos, y cumple su función de manera suficiente para que nos importe seguir adelante.

La jugabilidad se centra principalmente en el sigilo y la planificación. Nos movemos entre sombras, evitando hacer ruido, y aprovechamos el entorno a nuestro favor. Por ejemplo, hay momentos en los que debemos cruzar una zona relativamente abierta mientras un Zino patrulla siguiendo un patrón irregular, y solo contamos con una distracción limitada del reloj para generar una oportunidad real de avanzar. El reloj inteligente no solo nos sirve para interactuar con elementos, sino también para planificar movimientos y generar oportunidades, lo que da cierta profundidad al gameplay sin llegar a complicarlo en exceso afortunadamente. La sensación de peligro está siempre presente, los Zino pueden aparecer de manera sorpresiva, y a veces es necesario improvisar sobre la marcha, y aunque no lo hemos dicho todavía, Anne no tiene ninguna opción de luchar contra estas bestias. Aunque el juego puede sentirse repetitivo en ciertos momentos, sobre todo cuando los túneles comienzan a parecer similares, la mezcla de tensión, sigilo y gestión de recursos logra mantenernos en alerta. Los controles son funcionales y responden bien, aunque algunas animaciones se sienten algo torpes y la cámara no siempre responde como debería, lo que en ciertos pasajes puede generar momentos de frustración. Aun así, estas imperfecciones no impiden disfrutar de la experiencia ni de la sensación de tensión que se busca transmitir. El juego recompensa la paciencia, la observación y la planificación, y aunque hay margen de mejora en fluidez y en pulido visual, la jugabilidad consigue ser satisfactoria en general.

Un aspecto que merece mención aparte es la inclusión de opciones multijugador colaborativas tanto online como en local a través de GameShare y GameChat. Aunque no es el núcleo del juego, permite que hasta cuatro jugadores se conecten para ayudarse mutuamente, compartiendo estrategias y controlando partes del juego de manera conjunta. Se agradece esta función que aporta variedad y funciona bastante bien, ya que coordinar movimientos con un compañero para evadir a los Zino o superar obstáculos genera momentos de verdadera tensión compartida. La posibilidad de colaborar refuerza la rejugabilidad y hace que algunas secciones del juego puedan abordarse de maneras diferentes, fomentando la creatividad y la experimentación en equipo. Aunque a muchos jugadores les parecerá más una curiosidad que una opción válida para pasarse el juego entero.

TOKYO SCRAMBLE presenta ideas originales y situaciones que ponen a prueba nuestros nervios. La tensión de estar en un espacio cerrado y la necesidad de pensar antes de actuar generan un constante desafío, aunque es cierto que algunas mecánicas no siempre responden con la precisión deseada y que ciertas secciones pueden sentirse repetitivas tras varias horas. Aun así, el juego también ofrece momentos satisfactorios y mantiene al jugador enganchado gracias a la sensación de peligro y a los pequeños triunfos que se consiguen al avanzar. La mezcla de sigilo, exploración y estrategia logra capturar la esencia de lo que un título de supervivencia y sigilo debería ofrecer. La experiencia es intensa sin necesidad de recurrir a la violencia gratuita, y la sensación de logro cuando se supera un tramo difícil aporta una gratificación real.

En cuanto al apartado técnico y audiovisual, es donde TOKYO SCRAMBLE cumple por los pelos. Los gráficos muestran sus limitaciones, con texturas simples y animaciones que pueden parecer demasiado rígidas, el diseño artístico logra transmitir la atmósfera de un mundo subterráneo oscuro y en ruinas pero tampoco logra suavizar un apartado técnico más propio de otra generación. El sonido juega un papel fundamental, efectos de pasos, gruñidos de los Zino y ruidos ambientales aumentan la tensión, y la música acompaña sin ser invasiva. El diseño de los enemigos es interesante, los Zino son intimidantes, y sus movimientos y comportamiento aportan dinamismo a cada encuentro. Sin duda en este apartado es donde el título de Adglobe acusa de falta de tiempo de desarrollo o de medios -o ambos- y es una pena, porque la propuesta del juego tenía potencial.

En conclusión, TOKYO SCRAMBLE es un juego que, aunque limitado en algunos aspectos técnicos y con ciertas mecánicas que podrían pulirse, ofrece una experiencia de sigilo y supervivencia convincente. La ambientación subterránea de Tokio, los Zino, el uso estratégico del reloj inteligente de Anne y la tensión constante crean un paquete que cumple su objetivo de mantenernos atentos y en tensión. El multijugador cooperativo de hasta cuatro jugadores -online o local- añade un valor extra y puede ser muy entretenido para jugar con amigos, aunque también puede quedarse como una curiosidad para probar y poco más.

Es una pena que el juego consiga convincentemente lo más difícil, generar tensión, y descuide el apartado técnico, al que se le puede perdonar que sea modesto, pero no que le falte trabajo. Como punto positivo podemos decir que muchas de las aristas del juego se pueden pulir a través de actualizaciones, si el estudio y la editora quieren. Para aquellos que disfrutan de la planificación, el sigilo y la supervivencia, y que puedan perdonar un apartado técnico justito, TOKYO SCRAMBLE ofrece un viaje entretenido a través del subsuelo de Tokio, con situaciones que nos pondrán a prueba y nos recompensarán cuando logramos salir adelante. Si consigue pulir sus carencias técnicas en el futuro, podría convertirse en una propuesta mucho más redonda, porque la base jugable demuestra que había una idea potente esperando brillar con más fuerza.