Tainted Grail: The Fall of Avalon es una sorprendente propuesta basada en el juego de mesa homónimo y que, para su traslado al videojuego, se ha inspirado con fuerza en los The Elder Scroll de Bethesda. Es un RPG profundamente imaginativo que transforma la conocida leyenda del Rey Arturo en algo grotesco e intensamente perturbador, pero a la vez bello y poético. El juego comienza en las sombras: tu personaje está encarcelado en un mundo en decadencia en el que la humanidad se aferra más a la superstición que a la esperanza, asolada por una misteriosa y mortífera plaga. Desde ese comienzo sombrío, el jugador es liberado en un mapa abierto que rezuma dolor en cada metro cuadrado.

Se acabaron las visiones románticas de Kamelot, aquí lo que nos encontraremos serán aldeas ruinosas invadidas por la corrupción, bosques distorsionados por magia ancestral y una sensación de inquietud que jamás se disipa. Avalon, en esta versión, no solo es oscuro: está podrido. Y esa oscuridad no solo tiñe el paisaje, sino que baña cada una de tus decisiones. Cada misión secundaria, cada ruina lejana o cada extraño sospechoso puede acabar conduciendo a una prueba moral. Las decisiones importan no porque otorguen recompensas, sino porque te perseguirán más tarde. Te preguntarás si salvaste a alguien o si simplemente prolongaste su sufrimiento. La capacidad del juego para plantearnos dilemas de forma constante y hacer que incluso las decisiones triviales se sientan trascendentales es uno de sus mayores logros.

El combate, aunque inspirado en mecánicas clásicas, evoluciona según tus acciones, de forma muy similar a The Elder Scrolls. Si prefieres espadas pesadas y fuerza bruta, te convertirás en guerrero mediante la práctica y el uso de dichas armas, no solo por asignación de estadísticas. ¿Prefieres el sigilo y el engaño? Entonces acechar y ejecutar ataques sorpresa será lo que con el tiempo haga evolucionar tus habilidades. Esta progresión resulta orgánica, dando peso a tu estilo de juego favorito y simplificando el sistema para solventar parte de los problemas y sinsentidos vistos en otros juegos que utilizan mecánicas de progresión similares, pero, como todo en Tainted Grail, el poder tiene un precio.

Las habilidades más potentes suelen conllevar efectos secundarios que deforman tu personaje o alteran la percepción que el mundo tiene de ti. Nunca eres solo un héroe; eres un recipiente, un vagabundo, una pieza en algo más antiguo que la propia tierra por la que caminas. La atmósfera juega un papel crucial en este juego. Desde pantanos envueltos en niebla hasta cámaras silenciosas de criptas arruinadas, cada rincón de su mundo susurra secretos. El diseño de sonido -el murmullo del viento entre árboles embrujados, el tañido lejano de una campana fúnebre- se complementa con los un apartado artístico espectacular para conseguir sumergirte por completo. Los NPCs no son mera decoración. Están rotos, cansados de sobrevivir, y desconfían de cualquier extraño. Las conversaciones revelan miedos y arrepentimientos complejos. Rara vez encontrarás una moralidad clara en tus interacciones e incluso cuando piensas que estás ayudando a alguien podrías darte cuenta más adelante de que alteraste un equilibrio frágil. La escritura en Tainted Grail es intensamente absorbente y los diálogos están cargados de trasfondo y reflexiones filosóficas. Abundan los temas de decadencia, redención y sufrimiento cíclico.

Al recorrer las regiones de Avalon, encontrarás desafíos que van más allá del combate. La recolección de recursos y el crafteo no son algo rutinario y accesorio: son elementos necesarios que aportan una leve capa de juego de supervivencia. También se te permite decorar y habitar un hogar personal, un raro santuario en medio del caos. Este hogar no es solo estético; es un espacio para reflexionar, recuperarte y personalizar tu viaje. Es el contraste perfecto con el mundo siempre en ruinas, lo que lo hace aún más valioso. Las misiones no te dan solo experiencia, te ofrecen acertijos y revelaciones. Descubrirás antiguos tomos, interpretarás visiones y serás testigo de historias largamente olvidadas. Y sin embargo, el juego jamás resulta abrumador o explicito a la hora de guiar nuestros pasos. La aventura se desarrolla de manera orgánica a través de la exploración, los diarios y los encuentros inquietantes. La falta de instrucciones respeta tu inteligencia y curiosidad.

Visualmente el juego camina entre resultar repulsivo y el asombro. La arquitectura en ruinas alberga paisajes impresionantes iluminados por una luz mortecina y el diseño de los enemigos va desde abominaciones grotescas hasta adversarios inquietantemente humanos arrastrados a la demencia por la soledad. Los jefes suelen tener historias completas que recompensan a los jugadores atentos que las descubren antes de la batalla. Tus victorias se sienten personales no porque sean difíciles, sino porque están impregnadas de significado. A veces, derrotar a una criatura genera más preguntas que respuestas: ¿Quién la creó? ¿Cuál era su propósito antes de caer en la corrupción? ¿Debes sentir remordimiento por poner fin a su miseria?

En definitiva, lo que hace que Tainted Grail: The Fall of Avalon destaque entre los RPG es la complejidad de su mundo, la oscuridad de su trasfondo y su profundidad moral. Hay desesperación aquí, sí, pero también desafío. La presencia del jugador en Avalon comienza como una incógnita, pero con el tiempo esto se convierte en una declaración de intenciones. Eres una anomalía, una fuerza impredecible en un mundo moribundo. No elegido por una profecía, no bendecido por dioses, simplemente alguien que se negó a pudrirse. Y esta identidad hace que el viaje sea más humano que heroico. El sistema de progresión respalda esta narrativa: en lugar de abrumarte con estadísticas, recompensa la persistencia, la curiosidad y la adaptabilidad. Moldeas tu personaje en respuesta al mundo, y el mundo reacciona a tus decisiones.

Por supuesto, el juego no está exento de defectos. Algunas animaciones pueden resultar rígidas, el combate resulta excesivamente tosco y hay fallos técnicos ocasionales, al igual que una tasa de imágenes por segundo que más de una vez roza lo inaceptable en consolas. Pero todos estos problemas se desvanecen cuando estás inmerso en su lore o desenredando una secuencia onírica críptica. Los desarrolladores claramente priorizaron la cohesión narrativa y la profundidad temática y esa apuesta da frutos. Incluso tareas simples, como comerciar con un mercader harapiento, están impregnadas de historia. Podrías descubrir que una vez gobernó una ciudad, ahora en ruinas y corrompida. Todo en este juego tiene un propósito, y a menudo, ese propósito es trágico. Las mecánicas no solo buscan entretener, sino reforzar el tono del mundo. Es una filosofía de diseño que muchos juegos intentan, pero pocos ejecutan con tanta plenitud.