No cabe la menor duda de que en el panorama indie actual el subgénero llamado metroidvania lleva unos años pegando muy fuerte con propuestas para todos los gustos y audiencias. El estudio francés Douze Dixièmes nos presenta su segundo trabajo, MIO: Memories in Orbit, un metroidvania que combina exploración, plataformas y un combate un poco más exigente que la media, en un mundo con una ambientación única. Es evidente que la propuesta destaca por su dirección artística y su factura audiovisual, así como por un diseño de niveles muy bien resuelto con más exploración que extensión. Con mecánicas que integran un movimiento bastante ágil, un gran número de habilidades desbloqueables y un sistema de modificaciones que nos permite personalizar nuestra forma de jugar, MIO nos ofrece una experiencia tan desafiante como gratificante, muy parecida a las que ofrecen otros grandes del género como Hollow Knight y Ori.
Despertamos como MIO, un pequeño androide dentro de la Nave, una gigantesca nave espacial que parece haber sufrido un colapso misterioso e inesperado. La historia nos lleva a reconstruir lo que ocurrió a través de fragmentos de memoria y progresión ambiental, sin grandes exposiciones argumentales ni diálogos extensos, pero con un trasfondo cada vez más tangible a medida que exploramos -muy al estilo Metroid-. El juego no basa su narrativa en escenas cinemáticas; más bien, la historia se revela a través de la propia exploración de este mundo decadente lleno de distintos entornos interconectados, guardianes dormidos y datos escondidos que poco a poco nos revelan qué llevó a la Nave a su estado actual y qué papel juega MIO en ese rompecabezas.

La jugabilidad de MIO se apoya en un diseño clásico estilo metroidvania -acción, exploración, plataformas y backtracking-, con un enfoque muy marcado en movimiento, precisión y ritmo. Nuestro pequeño androide responde con controles muy ágiles: doble salto, agarre con gancho y una serie de acciones que permiten encadenar desplazamientos de forma muy fluida, lo que potencia la exploración vertical y horizontal. El sistema de modificadores -una serie de mejoras que se equipan en una “matriz” de espacio limitado- nos permite un alto grado de personalización: algunos modificadores revelan barras de vida enemiga, otros otorgan bonificaciones defensivas o cambios en el comportamiento de ataques, y la selección de estos impacta de forma tangible en cómo enfrentamos desafíos y combates. Esta flexibilidad evita que la progresión se sienta rígida, aunque no transforma el juego en algo completamente distinto, sino que matiza nuestra forma de abordar enfrentamientos y exploración.
El combate en MIO es intencional y exigente, aunque no excesivamente complejo. Las acciones ofensivas directas son sencillas, y combinarlas con esquivas bien medidas es crucial para sobrevivir. En las primeras horas podremos sentir el sistema de combate algo limitado, especialmente mientras todavía estamos aprendiendo el alcance de las acciones disponibles. No obstante, los enfrentamientos con jefes requieren atención a patrones, timing y adaptación, y en esos momentos el sistema ofrece satisfacciones claras y cada victoria se siente realmente gratificante. El diseño del combate sin ser innovador, está lo bastante calibrado para que las peleas memorables estén ahí, especialmente contra guardianes bien diferenciados que obligan a pensar rápido y reaccionar con atención.

La estructura del mapa de la Nave es amplia y profundamente interconectada,y encontraremos todos los elementos que esperamos en este tipo de juego, hay zonas que se abren solo cuando obtienes habilidades específicas, rutas alternativas, atajos y espacios ocultos que recompensan la exploración. El juego inicialmente no ofrece un mapa completo, y eso genera un sentido de desorientación inicial que es posible que a algunos jugadores no versados en la materia les acabe tirando para atrás. La progresión se equilibra con puntos de guardado que funcionan a su vez como nodos de viaje rápido y centros donde gestionar modificadores y preparar la siguiente sección. Esta disposición general fomenta la exploración meticulosa, aunque puede ocasionar momentos en los que el sentido del rumbo no esté perfectamente claro, obligándonos a revisar cada rincón del mapa.
En cuanto a dificultad, MIO no se anda por las ramas, el título exige pericia, precisión y adaptación. Algunas secciones de plataformas pueden requerir saltos calculados al milímetro y hay segmentos táctiles que pondrán a prueba nuestros reflejos, mientras que ciertos enfrentamientos nos obligarán a repetir intentos varias veces. Para balancear estas exigencias se incluyen opciones de asistencia que suavizan algunas barreras sin trivializar la experiencia, como reducción de vida de los jefes tras muertes repetidas, la opción de que los enemigos no nos ataquen hasta que hagamos nosotros el primer movimiento hostil, o un escudo la mar de útil que se recargará cuando estemos en el suelo; estas opciones permiten ajustar el reto sin diluir el núcleo de la aventura para quienes prefieren un enfoque menos agresivo.

Visual y sonoramente, MIO destaca con una dirección artística única: bellos escenarios variados con paletas de colores distintivas, una mezcla entre tecnología y naturaleza envuelto en una atmósfera decadente que hace que cada área tenga carácter propio, y un diseño visual que combina detalles y claridad para facilitar la lectura del espacio de juego. El cel-shading dibujado a mano hace justicia a todo el apartado visual y los movimientos y animaciones de MIO no podrían ser más gráciles y fluidos. La preciosista banda sonora acompaña de forma majestuosa, reforzando tanto los momentos de introspección mientras exploramos como los de tensión en combate.
MIO: Memories in Orbit nos ofrecerá como mínimo una veintena de horas, todo ello si no nos atascamos en algún jefe o en algún segmento -que nos atascaremos- y si obviamos todas las tareas secundarias y exploración adicional. Si vamos a por el 100% la duración se disparará exponencialmente para deleite de los fans del género. Sin duda MIO sabe cómo combinar exploración fluida, combate afinado y estética envolvente para ofrecer una experiencia que recompensa la curiosidad y el dominio de sus sistemas. A pesar de todo lo bueno que hemos podido ver, hay que decir que a pesar de hacerlo todo de forma correcta, no aporta ningún elemento rompedor o diferenciador respecto a la competencia, esto no es realmente un problema, y definitivamente su mundo y la forma en que nos mueve por él hacen que valga la pena sumergirse en esta travesía mecánica y visual.

