Seguro que te ha pasado alguna vez: llegas a la guarida de tu archienemigo y descubres que una megacorporación la ha comprado y transformado en un edificio de oficinas. A mí, por lo menos, me ha ocurrido cuatro veces esta semana. Al protagonista de Escape from Ever After le sucede algo similar nada más comenzar la aventura. Tras toda una vida de rifirrafes con una dragona, se encuentra con este inesperado panorama y, como solución, decide incorporarse a Ever After Inc., la propia corporación que amenaza los mundos de cuento, con la intención de sabotearla desde dentro. Esta empresa se dedica a extraer recursos y explotar a la población de cuentos clásicos, convirtiendo mundos mágicos en cadenas de producción sin contemplaciones.
Esta curiosa premisa da pie a Escape from Ever After, un juego de rol por turnos desarrollado por Sleepy Castle Studio y Wing-It! Creative. El título muestra una clara inspiración en la saga Paper Mario, de la que toma tanto el sistema de combate como parte de su estética bidimensional integrada en escenarios tridimensionales, logrando un estilo visual muy reconocible. A partir de esta base, el juego introduce críticas al capitalismo y a la explotación laboral desde el primer instante. Así, personajes como Caperucita Roja se ven relegados a ser recepcionistas, los tres cerditos trabajan como jefes de obra y otros personajes de cuento se ven atrapados en una maquinaria empresarial que los exprime sin piedad. Nuestro objetivo será escalar posiciones dentro de la corporación mientras sumamos aliados como el Lobo Feroz a nuestra causa, desmontando el sistema desde dentro y aportando un toque de sátira constante.

En lo que respecta a jugabilidad, Escape from Ever After combina rol, aventura y un ligero componente de plataformas. Recorreremos escenarios relativamente cerrados pero densos en secretos, en busca de cofres y monedas ocultas, utilizando las habilidades especiales de nuestros compañeros. Estas van desde hacer crecer plantas o manipular el viento, hasta quemar obstáculos o activar mecanismos del entorno lanzando nuestro escudo. El juego incentiva volver a zonas previamente exploradas una vez desbloqueamos nuevas capacidades, aportando un ligero toque metroidvania que enriquece la exploración sin complicar la experiencia de forma innecesaria.
Los combates, por su parte, son por turnos y siguen la fórmula de comandos de acción popularizada por Paper Mario: al atacar podemos pulsar botones en el momento justo para aumentar el daño, y al defendernos, sincronizar correctamente nuestras acciones nos permite reducir o anular el daño recibido. Este sistema asegura que incluso los enfrentamientos más sencillos exijan atención y estrategia, evitando que el jugador se limite a seleccionar ataques de manera automática.
Podemos personalizar a nuestros personajes equipando habilidades y pasivas que recuerdan a sistemas recientes como los Pictos de Clair Obscur: Expedition 33, aunque adaptadas a un enfoque más accesible. Al subir de nivel, debemos elegir entre tres mejoras: aumentar la vida máxima del grupo, ampliar los puntos disponibles para ejecutar habilidades especiales o incrementar los espacios para equipar pasivas. Este esquema obliga a priorizar y permite orientar la partida hacia un estilo ofensivo, resistente o versátil, adaptando la experiencia a nuestra forma de jugar.

Además, cada enemigo requiere un enfoque particular. Algunos deben atacarse a distancia para desarmarlos antes de acercarse, otros cuentan con escudos que exigen ataques elementales concretos, y otros se agrupan en torres que invitan a usar ataques verticales o en área. Esto convierte muchos enfrentamientos en pequeños rompecabezas tácticos y evita que la repetición se instale en el combate. Conforme reclutamos nuevos aliados, los enemigos también introducen mecánicas adicionales, manteniendo la curva de aprendizaje activa durante toda la aventura.
El diseño de niveles es, probablemente, el apartado más destacado del juego. Los escenarios están repletos de secretos que invitan a explorar hasta el último rincón, y se nos anima a combinar las habilidades de hasta cinco miembros del equipo para acceder a rutas ocultas. Cada mundo posee su propia identidad visual y temática, reinterpretando cuentos clásicos con un toque corporativo y satírico. La variedad en enemigos y situaciones evita la sensación de repetición y mantiene la curiosidad del jugador por descubrir qué reinterpretación vendrá después.
Los diálogos están en general muy bien escritos, con un humor ligero y referencias constantes al mundo laboral y corporativo, aunque aparecen algunos errores puntuales de traducción que no afectan significativamente la experiencia. Los personajes secundarios destacan por su personalidad y por la forma ingeniosa en la que reinventan figuras clásicas de cuento desde una óptica moderna. Las misiones secundarias, además, suelen contar pequeñas historias propias y no se limitan a tareas repetitivas, ofreciendo recompensas útiles como objetos o accesorios que permiten personalizar y optimizar la build de nuestro equipo según nuestro estilo de juego.

La dificultad aprieta sin llegar a frustrar. Aunque es un RPG accesible, varios combates incluyen un componente casi de puzle, en el que usar la habilidad o ataque adecuado marca la diferencia. Atacar sin pensar puede ser costoso, pero aprender los patrones enemigos resulta gratificante. El ritmo general está bien equilibrado, alternando exploración, historia y combate sin alargarse innecesariamente ni recurrir a relleno, lo que mantiene la partida siempre dinámica.
La banda sonora, claramente influenciada por el jazz, utiliza tonos desenfadados que acompañan la aventura y ayudan a mantener un tono ligero incluso en situaciones tensas. Los efectos de sonido aportan dinamismo a los combates y, en conjunto, evitan que la experiencia resulte cansada durante largas sesiones.
En conjunto, Escape from Ever After representa una propuesta muy atractiva que combina lo mejor de los RPG clásicos por turnos con una narrativa satírica que cuestiona aspectos económicos y sociales del mundo real. Todo ello se presenta en un paquete accesible, humorístico y con una personalidad visual muy marcada, que se siente fresco dentro de un género donde tradicionalmente siempre toca salvar el mundo. No reinventa la rueda, pero sí la hace rodar con suficiente encanto e ideas propias como para dejar un recuerdo muy agradable tras completar la aventura. Además, su combinación de exploración, estrategia y humor lo convierte en un título recomendable tanto para aficionados del rol por turnos como para quienes buscan una historia ingeniosa y con sátira social.
