Hoy nos toca analizar una nueva aventura gráfica, un tipo de juego que ya sabemos que está viviendo una segunda juventud gracias a nuevos desarrolladores indies que se niegan a dejar morir este género. Os traemos Growbot, una aventura mágica desarrollada por Wabisabi Play con distribución de Application Systems Heidelberg que se estrena en exclusiva en PC tras más de 7 años de desarrollo. Nos trasladamos hasta una colonia espacial con nuestro peculiar protagonista robótica.

En Growbot nos ponemos en la piel -o carcasa- de Nara, una robot alienígena que vive en una estación espacial llena de naturaleza viva y cuya misión es sencillamente completar las tareas de mantenimiento que les han sido encomendadas. Un día, la estación espacial comienza a recibir un ataque de un misterioso enemigo que hace que la mayoría de elementos queden congelados dentro de cristales. Viéndose sola y sin saber a quién acudir, Nara tendrá que recorrer la estación espacial para encontrar una solución al problema y devolver todo a la normalidad.

Toda la trama tiene una apariencia inocente de cuento infantil, de hecho todos los aspectos del juego destilan esa esencia, tanto que se podría escribir un libro infantil basado en este título perfectamente. Pero no por ello significa que sea exclusivamente para niños, en ocasiones veremos como toca temas un poco más adultos que quizás solo los más mayores podrán apreciar, a veces incluso llegando a ser inquietantes o sobrecogedores aunque no hay que preocuparse por este aspecto, no es la tónica general ni estamos ante uno de esos juegos que aparentan ser una cosa para luego ser otra, es un título especialmente infantil y así se mantiene durante todo el juego.

Como ya hemos comentado, estamos ante una aventura gráfica un tanto atípica, pues si bien sus mecánicas vienen a ser las mismas que abundan en este tipo de juegos -recoger objetos, combinarlos, usarlos en el lugar adecuado,etc…-, cuenta con algunas novedades que le aportan algo de frescura al género.

Estamos ante un juego en el que van a abundar principalmente puzles, y no precisamente pocos, de hecho acaban formando el núcleo principal del juego. Estos van desde el habitual puzle de deslizar las casillas para formar una figura hasta laberintos u operaciones matemáticas. La mayoría se resuelven fácilmente, pero admito que en alguno que otro me he quedado atascado un buen rato hasta dar con la solución debido a la cantidad de pasos que requieren o que las instrucciones no quedan del todo claras.

Pero quizás el objeto más distintivo es el creador de escudos, que también representa un puzle en sí mismo. A lo largo del juego encontraremos puertas cerradas con misteriosos artefactos -escudos de energía- y tendremos que crear una contramedida para poder sortearlos. Cada uno de estos escudos tiene una secuencia de sonidos distintivos que debemos replicar para poder abrirlas y esto lo haremos recolectando flores. Cada tipo de flor tiene un sonido característico y lo que tendremos que hacer será colocarlas en las diferentes casillas de nuestra herramienta en el orden correcto de manera que suene igual, como si estuviésemos jugando al clásico Simon.

Por ponerle un defecto al juego, hay ocasiones en las que es fácil sentirse perdido debido a la propia temática del juego. Estamos ante un mundo totalmente sacado de la imaginación más imaginativa posible y esto hace que el uso de los objetos no siempre nos resulte lógico al no ser cotidianos y realistas. Si en un juego cualquiera encontramos un palo, un trapo y aceite junto a fogata sabemos lo que debemos hacer con ellos y como combinarlos, pero si en Growbot encontramos un holocubo, una oruga espacial y un casco con luces, en principio no tenemos ni idea de para qué sirve cada cosa ni su equivalente en el mundo real, por lo que no siempre sabremos qué hacer con ellos. Por suerte el juego no nos hace cargar con una lista enorme de cosas en el inventario y no tendremos problemas en utilizar el ensayo y error entre lo poco que tenemos y los objetos interactivos del escenario.

Hablemos ya del apartado gráfico, que es sin duda alguna el aspecto más rompedor y maravilloso del juego. Las capturas hablan por sí solas, estamos ante un juego totalmente precioso en el que cada fotograma es una obra de arte, literalmente es un libro de cuentos jugable. Estas ilustraciones son obra de la británica Lisa Evans, una reconocida ilustradora de cuentos infantiles que ya tiene experiencia en este tema, de hecho algunos personajes y elementos del juego son muy similares a los de sus propias obras independientes, dando más sensación de tratarse un juego inspirado en el mundo de la propia ilustradora en lugar de un trabajo de encargo. A lo largo de todo el juego se repite constantemente su mensaje ecológico, dándole gran importancia a la naturaleza, animales y plantas.

La banda sonora también se encuentra al mismo nivel, con una cuidada selección de melodías melancólicas y relajantes a piano compuestas por Jessica Fichot que van a convertir nuestra aventura en algo muy agradable. No tendremos voces de ningún tipo salvo efectos de sonido en su lugar, aunque encontraremos textos en castellano para poder entender la historia.

Growbot es, directamente, una obra de arte interactiva que vamos a agradecer muchísimo el haber jugado. A pesar de que no inventa la rueda en ningún momento, la unión de todos sus elementos forman un juego increíble, muy cuidado y que transmite sensaciones en cada minuto de juego. Desde aquí no podemos más que recomendar su compra sin miedo alguno, pues es una de esas obras que se quedan en el recuerdo con el paso de los años.

 


Este análisis ha sido realizado en PC mediante una copia cedida por Application Systems Heidelberg