Este análisis ha sido realizado en PlayStation 5 mediante una copia cedida por PLAION

Cuando hablamos de John Carpenter, no nos referimos solo a un famoso director de cine, estamos ante uno de los nombres más icónicos del cine de terror y ciencia ficción de los años 70 y 80. Director, guionista y compositor, Carpenter ha dejado huella con películas que combinan terror, acción y un sentido del espectáculo muy propio, con un estilo visual y sonoro inconfundible. Obras como Escape from New York o They Live -1997: Rescate en Nueva York y Están Vivos en España- han marcado generaciones, no solo por sus historias, sino también por su forma de jugar con el suspense, el humor negro y la exageración. Su influencia trasciende al cine, la música electrónica que compone para sus películas, los ambientes tensos y su narrativa directa han inspirado videojuegos, cómics y toda clase de cultura pop. En John Carpenter’s Toxic Commando, su participación es más conceptual y creativa, aporta el tono, el humor y la estética, además de supervisar el diseño de la experiencia para que se sienta como un juego que podría haber salido de una de sus películas más locas y desbordadas.

El mundo de Toxic Commando está ambientado en un futuro cercano donde un experimento destinado a generar una nueva fuente de energía sale terriblemente mal. Lo que parecía un proyecto científico prometedor se convierte en un desastre de proporciones globales, el entorno se vuelve inestable, surgen mutaciones y criaturas que amenazan con acabar con todo. Es aquí donde entra el equipo protagonista, un grupo de mercenarios conocidos como los “Toxic Commandos”, contratados para intentar contener el desastre y enfrentarse a las consecuencias de un mundo al borde del colapso. La historia no es muy original, pero cumple su función de justificar la acción desenfrenada y la variedad de situaciones que vamos a experimentar. A lo largo de la historia, nos adentraremos en escenarios diversos y muy peligrosos, desde zonas urbanas colapsadas hasta instalaciones científicas abandonadas, pasando por entornos naturales llenas de amenazas inesperadas. Cada misión tiene objetivos claros, incluyendo rescates, destrucción de focos de amenaza o exploración de zonas afectadas, entre otros, aportando cierta variedad de situaciones.

En cuanto a la jugabilidad, Toxic Commando se centra en el combate cooperativo en primera persona para hasta cuatro jugadores. La experiencia gira en torno a enfrentarse a hordas de enemigos que requieren coordinación, planificación y aprovechamiento de las habilidades de cada personaje. Las clases disponibles ofrecen un abanico de estilos: el Asaltante, especializado en ataque directo y daño elevado; el Sanador, capaz de curar y apoyar a sus compañeros; el Ingeniero, que despliega drones y dispositivos tácticos; y el Defensor, centrado en proteger zonas y absorber daño. Cada clase cuenta con un árbol de habilidades que se mejora con recursos obtenidos durante las misiones como lodite y residio, lo que permite personalizar la apariencia y el estilo de juego de cada miembro del equipo.

A esto se suma un arsenal variado, que combina armas de fuego, explosivos y herramientas cuerpo a cuerpo, así como la posibilidad de usar vehículos que no solo sirven para desplazarse con rapidez por los escenarios, sino que también desempeñan un papel táctico importante durante las misiones. Algunos de estos vehículos pueden ofrecer apoyo al equipo, facilitar la movilidad en zonas peligrosas o ayudar a abrir nuevas rutas, lo que introduce decisiones a la hora de utilizarlos y protegerlos durante la partida. La progresión entre misiones está diseñada para motivar la repetición de estas, con mejoras que afectan tanto a las habilidades como al equipamiento, y con un sistema que recompensa la cooperación y la exploración.

También hay que mencionar la estructura de misiones y la base central del juego, que sirve como punto de planificación y mejora del equipo. Aquí se pueden seleccionar misiones -tenemos 8 en total-, ajustar habilidades y equipamiento, y preparar al equipo antes de entrar en acción. Los objetivos secundarios y los eventos dinámicos dentro de las misiones aportan sensación de que el mundo del juego evoluciona mientras jugamos. Las operaciones, además, están pensadas como incursiones relativamente compactas que pueden completarse en sesiones de duración moderada -de 30 a 60 minutos-, lo que favorece repetirlas para mejorar al equipo.

El diseño de los mapas combina zonas abiertas con rutas más estrechas, lo que obliga a adaptarnos constantemente y a pensar en tácticas tanto ofensivas como defensivas. Los enemigos aparecen en grandes oleadas y cuentan con comportamientos variados, desde simples ataques masivos hasta enemigos más inteligentes que buscan flanquearnos o interrumpir nuestra estrategia. Esto convierte cada misión en un desafío que combina acción rápida y caótica con planificación, y aunque el juego puede disfrutarse en solitario mediante el uso de bots, la experiencia completa se percibe cuando se juega en equipo, aprovechando las sinergias entre clases y el uso de vehículos para mantener el control del campo de batalla.

El apartado audiovisual mantiene el espíritu del cine ochentero de Carpenter, con una estética cargada de colores saturados, ambientes industriales y mutaciones exageradas que refuerzan el tono pulp. Los efectos de explosión, las animaciones de combate y la respuesta del entorno contribuyen a que todo se sienta como un espectáculo. La banda sonora, con sintetizadores y música de tensión, acompaña perfectamente cada momento, con auténticos subidones de adrenalina. A nivel de rendimiento, el juego muestra estabilidad y fluidez incluso en situaciones con grandes cantidades de enemigos en pantalla, y los efectos visuales y de iluminación están cuidados para mantener la inmersión sin sacrificar la claridad durante la acción. No es lo más avanzado visualmente que hemos visto pero cumple bien con su propuesta de forma sólida.

En conclusión, John Carpenter’s Toxic Commando se presenta como un shooter cooperativo que combina acción intensa, estrategia de equipo y un estilo visual y narrativo único. La influencia de Carpenter se percibe claramente, desde el diseño de enemigos y escenarios hasta el humor y la música, creando un universo que, aunque exagerado y caricaturesco, resulta bastante divertido. El tono mezcla lo serio con lo absurdo; las situaciones exageradas, los enemigos estrafalarios y los diálogos cargados de humor negro reflejan perfectamente ese espíritu “carpenteresco” que da identidad al juego.

La combinación de clases, habilidades, progresión y vehículos ofrece una experiencia variada pero es evidente que John Carpenter’s Toxic Commando es un juego pensado para disfrutarlo en compañía, aunque lo suficientemente flexible para que juguemos solos . Eso sí, las 8 misiones pueden sentirse insuficientes y hasta repetitivas tras varias partidas, por lo que la diversión se potencia especialmente jugando con amigos y variando las clases del equipo. En definitiva, Toxic Commando logra mezclar el espíritu del cine de serie B con mecánicas de shooter cooperativo, dando como resultado una propuesta entretenida, caótica y con una identidad propia muy clara que hará las delicias de los aficionados a la acción desbordada y al humor negro.