No cabe duda de que vivimos en una época de exceso de información. Antes de cada lanzamiento nos pasamos meses sepultados bajo una avalancha de noticias y declaraciones que, en muchos casos, consiguen hacer más mal que bien. Suele ocurrir que, sea por culpa de un departamento de marketing que busca vender su producto como aquello que no es o sea por culpa de un creador demasiado «entusiasta» con sus promesas, los jugadores acaben formándose una idea sobre un juego que luego, con el titulo ya en la calle, no se corresponda con la realidad.

The Callisto Protocol ha vivido desde el primer día bajo la sombra de Dead Space. La anterior obra de Glen Schofield, y de gran parte del equipo de desarrollo encargado de este The Callisto Protocol, ha sido omnipresente. Se nos prometía, entre toda una retahíla de promesas a cada cual más disparatada, un sucesor espiritual, un juego que iba a llevar el survival horror al siguiente nivel, pero la realidad ha acabado siendo muy distinta.

Es verdad que nada más ponernos a los mandos de The Callisto Protocol la sensación de deja-vu es inmediata: la ambientación espacial, los indicadores de salud y munición integrados en elementos del propio juego, la mecánica de pisar enemigos… Hay innumerables referencias que nos retrotraen a la odisea vivida en la Ishimura, pero estas referencias no van más allá de lo anecdótico, de lo superficial, pues The Callisto Protocol se juega de forma muy diferente. Si Dead Space intentaba ser una modernización del survival horror clásico fusionando sus conceptos -puzles, backtracking, escasez de recursos, etc…- con una mejora del sistema de disparos en tercera persona de Resident Evil 4 resulta que The Callisto Protocol es un juego de acción en tercera persona en el que el componente de survival horror está reducido a la mínima expresión.

El avance en The Callisto Protocol es totalmente lineal y nos empuja hacia adelante a través de pasillos perfectamente delimitados y en los que, además, se cierra constantemente la posibilidad de regresar a las zonas que acabamos de atravesar. Es decir, no está muy lejos de, por ejemplo, el planteamiento de niveles de un Uncharted o de un Gears of War y, por supuesto, los puzles no tienen cabida dentro de este diseño. O al menos yo no puedo considerar como «puzle» el coger un fusible y colocarlo en una puerta situada a menos de 20 metros.

El otro gran punto diferencial de The Callisto Protocol es el combate, totalmente orientado al cuerpo a cuerpo. Es algo que rara vez se ha utilizado dentro del survival horror o incluso dentro de los juegos de acción modernos y la verdad es que a nivel conceptual el sistema que se ha utilizado es bastante interesante. Cada vez que nos acerquemos a un enemigo se fijará de forma automática y cada vez que nos ataque podremos esquivarlo con una finta si movemos el stick izquierdo hacia los laterales. Cada enfrentamiento se convierte por tanto en una especie de «baile» con nuestro enemigo, en el que lo importante es mantener un buen ritmo de esquives esperando al momento adecuado en el que se abra una ventana de oportunidad para poder golpear nosotros.

Este sistema, después de un necesario tiempo de adaptación, funciona de maravilla cuando nos toca enfrentarnos a un único enemigo, pero hace aguas en el momento en el que nos enfrentamos simultáneamente a más de un monstruo. Los esquives no proporcionan frames de inmunidad, las animaciones de nuestro personaje son muy lentas y la fijación automática de enemigo nos bloquea la cámara, por lo que es muy fácil que podamos recibir golpes por la espalda sin percatarnos y sin posibilidad de reacción o incluso, en casos extremos, ver como recibimos daño porque ha saltado una animación automática de remate que nos ha arrebatado el control del personaje y nos ha dejado totalmente vendidos.

Quizá conscientes de esta limitación, los desarrolladores han suavizado bastante el sistema de esquive haciendo que no requiera prácticamente ningún tipo de precisión, por lo que, en contra de lo que podría parecer durante las primeras horas, la clave para dominar el combate de The Callisto Protocol no está en nuestra habilidad para esquivar en el momento justo. En su lugar, lo que resulta indispensable es aprender a controlar el espacio y saber como posicionarnos correctamente para proteger nuestra espalda en todo momento.

La acción tiene cada vez más peso a medida que el juego avanza, permitiendo que el combate se expanda con nuevas capas de profundidad. Las armas de fuego cobran mayor importancia, aunque sin desplazar nunca el foco del cuerpo a cuerpo, e incluso hace aparición un guante que nos proporcionará poderes telequinéticos con los que aprovechar trampas y peligros de los escenarios para eliminar a nuestros enemigos. Sin embargo, siendo el combate lo único que presenta The Callisto Protocol a nivel jugable, la variedad de situaciones y enemigos deja un poco que desear, aunque su intensidad no permite que haya lugar para el aburrimiento en las ocho-diez horas que tardaremos en llegar a los títulos de crédito.

A nivel técnico también encontramos luces y sombras. The Callisto Protocol resulta bastante impresionante en PlayStation 5 gracias sobre todo a un apartado artístico brutal y al gran trabajo realizado en el modelado de los personajes, pero paga su naturaleza intergeneracional con un montón de repisas y pasillos estrechos utilizados para disimular tiempos de cargas. La versión inicial del juego estaba además plagada de bugs y problemas de rendimiento, especialmente en PC, pero Striking Distance Studios ha hecho un buen trabajo solucionándolos con presteza, aunque todo parece apuntar que el lanzamiento del juego ha sido apresurado y quizá que se han querido abarcar más plataformas de las que permitían los recursos disponibles por el estudio.

Y es que esta sensación de producto a medio cocer que no consigue alcanzar todo su potencial es una constante durante todo el juego. The Callisto Protocol es espectacular, es divertido, la ambientación resulta impresionante, logra alcanza momentos fugaces de brillantez absoluta y su sistema de combate tenía todos los mimbres para marcar un punto de inflexión, pero se queda a medio camino por culpa de una mala implementación y por lo limitado de su propuesta. Ahora solo queda soñar con ver más pronto que tarde una segunda parte que solvente los problemas del combate y, esta vez por fin, añada puzles, backtracking y mayor variedad de enemigos. Que sea, en definitiva, el survival horror que se nos había prometido.

 


Este análisis ha sido realizado en Playstation 5 mediante una copia cedida por Meridiem