Con un «shadowdrop» es como ha llegado Tomb Raider: Definitive Edition a Nintendo Switch y a Nintendo Switch 2. Este reboot de la saga nació en manos de Crystal Dynamics y supuso una reinterpretación total del mito de Lara Croft, dándole un origen más creíble, humano y vulnerable, acercando la aventura a un tono más crudo y cinematográfico -y con un ojo puesto en el éxito de la franquicia Uncharted-. Que este título reaparezca ahora de la mano de Aspyr Media en las consolas de Nintendo tiene algo de lógica debido a los otros recopilatorios de los que la desarrolladora se ha venido encargando, aunque de las seis primeras entregas principales ha dado un salto a la décima -aunque como ya hemos dicho esta es un reboot- lo cual puede sorprender. La llegada a Switch, además, no lo hace en forma de juego básico, sino como una edición completa que incluye la campaña original, todo el contenido adicional, los materiales extra y los desafíos que pudimos disfrutar en aquella versión definitiva que vimos en su momento en otras plataformas.

Lo interesante es que, a pesar de que venimos de un juego que ya tiene más de una década, su historia es bastante fresca y conserva esa mezcla de supervivencia, misterio y aventura que consiguió relanzar la saga y dio lugar a una trilogía completa. Lara, todavía lejos de ser la heroína experimentada que muchos recordamos, se ve atrapada en una isla donde nada es lo que parece, obligada a tomar decisiones extremadamente duras para sobrevivir. El guion, sin entrar en spoilers, sigue funcionando bien porque plantea un viaje emocional potente, una joven exploradora convertida a golpes en superviviente. El ritmo es perfecto, alternando momentos de exploración con escenas intensas, giros de guion bien medidos y un ambiente que juega continuamente con la sensación de fragilidad de Lara. Incluso hoy en día, cuando estamos acostumbrados a mundos abiertos enormes y narrativas mucho más expansivas, lo que propone esta aventura sigue siendo directo, eficaz y sorprendentemente fresco.

Donde siempre ha brillado este juego es en su jugabilidad, que combina la acción en tercera persona con plataformas, exploración, pequeños puzles ambientales y ese toque de «backtracking» ligero que anima a revisitar zonas con nuevas herramientas. La progresión por habilidades se mantiene tal cual la recordábamos, recolectar experiencia para desbloquear mejoras, potenciar nuestras armas con recursos y adaptar el estilo de juego a lo que nos pida cada situación. El arco, que se convirtió en un símbolo de esta etapa de la franquicia, nos sigue pareciendo totalmente satisfactorio, aportando sigilo y precisión. Los tiroteos, aunque no habrán envejecido igual para todos, se sienten suficientemente sólidos y responden bastante bien.

Las tumbas opcionales, que fueron uno de los elementos más aplaudidos en su momento, siguen siendo pequeñas cápsulas de diseño muy inteligente. La estructura del juego, marcada por campamentos que actúan como puntos de descanso, mejora y viaje rápido, conserva esa sensación de aventura continua que tan bien le sentaba. Y aunque hoy muchos juegos quieren meterlo todo a la vez, aquí se nota un enfoque más contenido y compacto, lo que paradójicamente lo hace más agradable de revisitar ante otros títulos que ofrecen demasiadas horas o abruman al jugador con demasiado contenido.

Ahora bien, tocar hablar de la parte delicada, el aspecto técnico en Nintendo Switch 2 que es la versión que hemos jugado. Empezando por lo positivo, la consola mueve la aventura de manera estable, alcanzando los sesenta fotogramas por segundo en la mayoría de situaciones con fluidez y a 1440p -en modo dock-. El control responde mejor de lo que cabría esperar y, sobre todo en modo portátil, la experiencia es realmente cómoda. Se han incluido ciertas opciones de control por movimiento mediante los giroscopios del sistema pero han quedado relegadas a menús y poco más, y para Switch 2 se puede usar el modo ratón, aunque no nos acaba de convencer su integración. La iluminación general se mantiene suficientemente consistente, las texturas más importantes lucen bien y en conjunto el juego conserva esa atmósfera densa que tan bien definía sus escenarios. Es decir, jugablemente y en términos de rendimiento, la versión de Switch 2 cumple sin mayores inconvenientes.

Sin embargo, no podemos ignorar que esta versión hace sacrificios gráficos evidentes si la comparamos con la edición definitiva original de consolas más potentes. Elementos como algunas texturas, la complejidad de las sombras o incluso algunos efectos de partículas se han simplificado. La tecnología del cabello de Lara que tanto se promocionó en aquel momento está ausente o notablemente rebajada, y ciertos modelados presentan un nivel de detalle inferior. Estos sacrificios en principio sorprendentes en un hardware superior al de Xbox One y PlayStation 4 parece deberse a que la plataforma base para adaptar el port ha sido la primera Switch, y aunque nunca llega a romper la experiencia, sí es algo que se percibe de inmediato si conocemos las otras versiones. En pantalla grande se notan más estos recortes, mientras que en portátil quedan algo más disimulados y el juego luce mejor de lo que podríamos prever.

Respecto al apartado sonoro, la versión incluye el excelente conjunto de efectos y la banda sonora compuesta por Jason Graves, que aporta ese tono tribal, contundente y rítmico que marcó el carácter de la aventura. Las voces mantienen el mismo doblaje que ya conocíamos, con un trabajo notable en las interpretaciones que acompañan la evolución emocional de Lara. El sonido ambiental sigue siendo uno de los fuertes del juego, crujidos, viento, fauna, agua, todo contribuye a esa sensación de estar atrapados en la jungla. Nada se ha perdido en esta adaptación y, de hecho, en portátil con auriculares, la inmersión es incluso mayor.

Siendo la Definitive Edition, esta edición llega con todo el contenido que se añadió en su momento, desde materiales adicionales como documentos, cómics y un libro de arte digital hasta los contenidos descargables centrados sobre todo en aspectos cosméticos y mapas extra. No es que cambien radicalmente la experiencia, pero aportan ese toque de colección que tanto nos gusta. La campaña es exactamente la misma, sin añadidos ni alteraciones, lo que para muchos será una buena noticia, y para otros quizá una pequeña oportunidad perdida de incluir mejoras o ajustes modernos. También se ha incluido el modo multijugador, bastante entretenido y directo, aunque dudamos que vaya a tener un gran recorrido.

Al final, lo que queda es una sensación muy particular. Por un lado, sabemos perfectamente que existen versiones más potentes, más vistosas y técnicamente más finas de Tomb Raider: Definitive Edition. Eso es indiscutible a pesar que por potencia no debería ser así. Pero, por otro lado, esta adaptación de Switch 2 nos permite recuperar una muy buena aventura con un rendimiento sólido, con toda su esencia intacta y con la facilidad de poder jugarlo en cualquier parte. Sus recortes visuales no son un drama, y aunque se notan, no empañan la propuesta ni la convierten en una mala opción. Es un juego cuyo diseño, ritmo y identidad siguen siendo tan buenos que resisten estas limitaciones, y Aspyr Media siempre puede continuar mejorando el apartado gráfico mediante actualizaciones.

Por lo demás, después de tantos años, volver a acompañar a esta Lara más joven tiene un sabor especial. La historia funciona, la jugabilidad responde, la atmósfera sigue siendo potente y lo que propone continúa siendo tan entretenido como el primer día. Si alguien nunca lo ha jugado, esta versión es perfectamente válida para descubrirlo. Si alguien lo hizo en su momento pero quiere una edición cómoda para llevar, también encontrará motivos para revisitarlo. No será la versión más espectacular de todas, pero sí una interpretación lo suficientemente buena y con margen de mejora. Esperemos que esta sea la puerta de entrada a las otras dos entregas de la trilogía en los sistemas de Nintendo.