Remedy Entertainment vuelve a la carga y Sam Lake hace gala una vez más de su gusto por la ciencia ficción. Control ya se encuentra disponible y no va a dejar indiferente a nadie gracias a una de las historias más complejas que hemos visto durante los últimos años. Después de Alan Wake y Quantum Break, el estudio finlandés nos propone explorar un misterioso complejo en el que nada es lo que parece, y en el que ni siquiera su protagonista, Jesse Faden —interpretada por la actriz Courtney Hope—, es capaz de explicar con palabras lo que ha visto. Nosotros tampoco, pero vamos a intentar hacer un esfuerzo para contároslo.

Me llamo Jesse, ¿qué hago aquí?

En la vida real es Courtney Hope, pero en el universo creado por Sam Lake es Jesse Faden. Una mujer que, sin saber muy bien por qué, es nombrada directora de la Agencia Federal de Control, un lugar al que llegó siguiendo la pista de su hermano, cuyo paradero es un auténtico enigma. El ostentoso edificio no solo abruma por su tamaño; además, impone porque parece respirar por sí mismo. Un entorno cambiante en el que nada es lo que parece. Para más inri, algo extraño parece haberse apoderado de sus paredes. Algo a lo que pronto comenzamos a llamar Hiss, una especie de corrupción proveniente de otra dimensión.

No os vamos a arruinar ninguna de las muchas sorpresas que os esperan, pero podemos aseguraros que estamos ante una historia marca de la casa. De esas que no dejan indiferente a nadie; de esas que dejan huella. Porque no es fácil seguir la historia de Control si no se presta la atención pertinente y porque es el propio título el que juega con el jugador. Con una premisa tan particular arranca una trama repleta de incógnitas, que se desarrolla con buen ritmo conforme pasan las horas y todos —incluso nosotros mismos— ponen sus cartas encima de la mesa. Una trama que solo podíamos esperar del excéntrico creativo que un día escribió la primera página del libro del escritor frustrado. Ese que todavía se encuentra en algún rincón de Bright Falls.

Una apuesta valiente

Control rompe con todo lo establecido en otros trabajos de Remedy. Atrás queda ese concepto lineal con sutiles contoneos con la libertad para apostar por una especie de metroidvania en el que podemos explorar a nuestro gusto. Es por eso que hay que destacar algo desde ya: el enfoque arcade y desenfadado del título a la hora de entrar en acción. Y es que, sorprendentemente, el control de Jesse es más propio que un título de plataformas que de un TPS al uso. Esprintamos de manera ilimitada, saltamos y trepamos cualquier superficie y hacemos uso de superpoderes para desplazarnos a gran velocidad sin tener que preocuparnos por el cansancio o los impactos con los numerosos elementos que adornan cada escenario. Esta decisión es arriesgada, ya que puede echar para atrás a los amantes del realismo, y para nosotros es todo un acierto.

El diseño de niveles cumple —sin alardes— con su propuesta y nos presenta una Agencia cuyo interior es complejo y variado. Tenemos muchas zonas para explorar libremente, aunque no todas están desbloqueadas desde el inicio y siempre hay secretos o localizaciones secundarias a las que solo podemos acceder una vez encontramos esa habilidad o ese objeto necesario para seguir avanzando. En líneas generales, la experiencia no dista demasiado de lo que podemos encontrar en cualquiera de esos títulos que se autodefinen como metroidvania. Además, la inclusión del mapa no arruina el componente de exploración, ya que hay muchos lugares que solo encontramos si nos fijamos en las señales o indicadores del escenario.

La historia, cuya duración se sitúa en torno a las doce horas, es solo una parte del juego, ya que el conjunto está pensado para aprovechar su vasto mundo mediante misiones secundarias, contramedidas del consejo y alertas de la Agencia. Estos dos últimos elementos nos proponen acudir a lugares concretos para superar pequeños desafíos de acción o para hacer frente a hordas de enemigos, respectivamente, mientras que las misiones secundarias son mucho más interesantes; nos llevan a localizaciones opcionales e incluso nos permiten descubrir a nuevos personajes y jefes finales. Estos contenidos están bien integrados en el avance de la trama y en total nos ofrecen unas veinte horas de juego.

Espectáculo de luces y alguna sombra

Permitidnos una pequeña anécdota: poco antes de comenzar a escribir estas líneas obteníamos el logro que nos invita a derrotar a un millar de enemigos corrompidos por el Hiss. Un claro ejemplo de lo mucho que nos hemos divertido, ya que no en todos los juegos derrotamos a más de mil enemigos sin darnos cuenta. Y es que, si sumamos las habilidades de Jesse con el enfoque arcade del título, el resultado es un auténtico espectáculo jugable —y visual— que nos incita a luchar constantemente. Armas capaces de transformarse en otras, escudos de escombros que nos hacen inmunes a los disparos enemigos, lanzar cualquier elemento del entorno y destrozar a nuestros rivales desde la distancia… Cada pelea es única.

Jesse mejora sus aptitudes mediante el uso de puntos de habilidad, que se consiguen completando misiones secundarias, alertas de la Agencia y avanzando en la historia principal. Conforme desbloqueamos poderes y profundizamos en ellos con cada mejora, vamos adquiriendo nuevos huecos en los que podemos colocar módulos que nos permiten disfrutar de bonificaciones como valores adicionales de salud, energía u otras mejoras. Lo mismo sucede con las armas: mejoramos su potencial base y se abren ranuras para insertar complementos adicionales.

Como podéis imaginar, el espectáculo no se limita a las sensaciones a los mandos; también salta a la vista gracias a un impresionante sistema —de los mejores que hemos visto jamás— de destrucción de escenarios. Y es que, como podéis apreciar en el siguiente vídeo, destrozar estructuras, hacer saltar escombros por los aires o disfrutar de la cantidad de partículas y efectos en pantallas es una auténtica maravilla. Además, tanto el apartado visual como la dirección de arte se dan la mano para ofrecer un conjunto capaz de cautivar al más pintado a través de la vista. Asimismo, también hay que decir que en consolas base, el título presenta algún que otro problema técnico como ralentizaciones al girar la cámara demasiado rápido, texturas que no cargan con la inmediatez deseada e incluso algunos tirones cuando desplegamos el mapa en tiempo real.

En definitiva: lo que de verdad importa

Control es muy divertido y no hay nada más importante que eso. El juego de Remedy Enetertainment no está exento de problemas como el polémico doblaje a nuestro idioma —en otros países no existe dicho problema— o algunos defectos técnicos que pueden volverse bastante molestos en las consolas base. Sin embargo, la nueva apuesta de Sam Lake brilla en todo lo demás: historia, dirección de arte, banda sonora y, por supuesto, jugabilidad. Y es que merece la pena darle una oportunidad por el mero hecho de disfrutar destrozando enemigos y escenarios mediante el uso de las habilidades de Jesse. El tono arcade a los mandos le sienta de maravilla y es una auténtica gozada desplazarnos por el extenso mundo del juego mientras saltamos, nos deslizamos e incluso levitamos. Si os gustó Quantum Break, debéis saber que Control es más y mejor. En todo.


Este análisis ha sido realizado mediante una copia cedida por 505 Games