Hace poco más de seis meses que tuvimos el inesperado placer de disfrutar de la secuela de Dead Island. Concretamente el juego original fue lanzado en Abril de este mismo año y, como ya prometía el pase de expansión, y sin hacerse esperar demasiado, por fin tenemos entre manos el primero de los dos DLCs de historia prometidos que vienen a extender la vida del juego base. Veamos que nos ofrece.

Hace ya décadas que era habitual lanzar expansiones como lanzamientos independientes y posteriores aunque dependiendo, por lo general, de la instalación previa del juego que expande. Y, con la llegada y estandarización del mercado digital de contenidos, vinieron de su mano una gran cantidad de contenido de expansión, la mayoría de índole menor si lo comparamos con las mencionadas expansiones como lanzamientos posteriores anteriores. No obstante y por fortuna, incluso dentro del mundo del DLC encontramos expansiones más clásicas. Por fortuna o por desgracia, cada lector debe decidirlo por sí mismo, Dead Island 2: Haus no llega a tener entidad propia al 100%

En cuanto a historia y ambientación, Dead Island 2: Haus nos ofrece una propuesta diferente, así como interesante, en la que profundizaremos en un momento. Pero, por otro lado, la duración del mismo es bastante escueta en comparación con la historia principal o aquellas expansiones que tradicionalmente nos llegaban. Y es que superar Dead Island 2: Haus nos supondrá como mucho unas cinco horas e incluso menos, dependiendo de nuestra forma de jugar y lo pausados que seamos.

La historia de Haus arranca, o nos permite arrancar mejor dicho, a través de una carta en nuestra “mansión franca”. Un indicador en la pantalla nos guiará hacia dicha carta para que no andemos dando vueltas innecesarias y, tras aceptar ir a nuestra nueva localización, nos trasladaremos, literal y figuradamente, a otro lugar tanto fuera del mapa conocido como con una ambientación distinta.

Allí conoceremos a Konstantin -nada que ver con John Constantine-, un multimillonario con aspiraciones a Noé que no tendrá otra cosa que hacernos la vida algo más difícil montando un culto, o kulto, como lo denominan en el DLC, con la “clave” para la supervivencia.

Bueno, al menos la supervivencia de quien Konstantin considere oportuno, cosa que nos quedará muy clara nada más despertar en la onírica nueva localización y encontrarnos un círculo de sillas que parece haber sido sede de una reunión que no ha parecido acabar muy bien para algunos pues, a varias sillas vacías, acompañarán otras con cuerpos exquisitamente ataviados pero carentes de la cabeza.

Precisamente, este detalle nos dará paso a nuestra misión, que no es más que conseguir dos cabezas en las dos zonas que componen este DLC, tras lo cual podremos acceder al líder de la secta. Si bien las localizaciones no son extensas, sí hay que reconocer el que han querido ofrecer dos ambientes totalmente enfrentados entre una zona urbana y otra natural.

Una vez metidos en harina, Haus nos ofrece una jugabilidad idéntica a la del juego original, como era de esperar, pero para que haya algo más de chicha sobre el tablero, se nos ofrecen nuevas cartas de habilidad y, también, nuevas armas con las que trinchar todo lo que se nos ponga por delante.

La primera de ellas, la K-ROSSBOW, es una ballesta modificada para ser más letal y efectiva a largas distancias, aunque por desgracia cuenta con unos tiempos de recarga poco apropiados para momentos de agobio con varios enemigos acosándonos. Le sigue el HOG ROASTER, un cuchillo de cocina flameante que hará las delicias de los jugadores amantes de las armas de filo y el fuego.

Y todo se desarrollará con un tono distinto al juego principal, que nos recordaba a las mejores malas películas de terror, y de ahí saltaremos a una película de humor gamberro con la ambientación zombi de trasfondo. Hay que reconocer que se nota a los chicos de Dambuster en su salsa en todo lo que rodea a este juego, y que han disfrutado de tener manga ancha.

Aunque el cambio más evidente que notaremos desde el principio es el visual. Dead Island 2 ya hacía gala de un apartado visual correcto, con algún detalle que desentonaba como el de los reflejos en espejos y muchos otros acertados como la descomposición y laceraciones. Pero Haus, hemos de decirlo, es una delicia visual.

Tanto en un escenario como el otro, por momentos parecerá que estamos jugando a otro juego distinto, uno realizado con gran gusto y mimo, mostrando lo que los chicos de Dambuster, tal vez, puedan traernos en el futuro ¿Quizás en una tercera entrega de Dead Island, o incluso en otro proyecto nuevo? Lo cierto es que, sea donde sea, Dead Island 2: Haus nos ha dejado con ganas de ver más de la desarrolladora británica.

En cuanto al sonido, a pesar de haber alguna novedad en forma de algún sonido nuevo, tampoco había mucho lugar para la creatividad y todo se mantiene a buen nivel pero sin novedades. Recomendable, como siempre, tener un buen sistema de home cinema para disfrutar de los lamentos de los zombis tras nuestra cabeza.

En conclusión, Dead Island 2: Haus nos ofrece un DLC que puede ser considerado menor en cuanto a duración, tal vez su mayor pero, pues el resto está tan cuidado y es tan divertido que nos dejará con ganas de más, con ganas de un juego completo con este tono visual y desarrollo argumental. Todo eso hará que, si ya de por si el DLC es corto, se nos pase directamente en un suspiro.

 


Este análisis ha sido realizado en PlayStation 5 mediante una copia cedida por PLAION