Desde que naciera en 1996, Pokémon es una franquicia que ha arrasado con todo allá por donde ha pasado. Juegos de cartas, spin offs de otros géneros, juegos para móviles, muñecos… Lo que os podáis imaginar. Pero siempre, sea cual sea la situación, el foco principal mediático se lo llevan los juegos principales de la franquicia, que por fin, tras mucha especulación, polémicas, y sobre todo, mucha, mucha paciencia, llegan a una consola principal de Nintendo, con el aterrizaje de Pokémon Espada y Escudo en Nintendo Switch. Analizamos estas entregas, y de paso, repasamos las polémicas y la situación de la franquicia ahora mismo.

La región de Galar nos espera

Una estructura familiar.

Pokémon Espada y Escudo no tienen un fondo demasiado extenso del que hablar. A modo de resumen inicial, se les puede definir como una entrega clásica de la franquicia que aparta cualquier experimento anterior y nos devuelve al núcleo de toda la vida. Así, nos encontramos de nuevo en una región en la que, tras recibir un Pokémon inicial, nos dedicaremos a capturar y entrenar especies para superar gimnasios, a algún criminal liándola más de la cuenta, y terminar coronándonos campeones de la región. En esencia, y lo que quiero decir con esto, es que el que espere una revolución en Pokémon Espada y Escudo por aterrizar en una plataforma diferente o algo por el estilo no lo va a encontrar aquí, y es más, jugando a ser pitoniso, diría que no lo va a encontrar a corto plazo.

Con esta octava generación, encontramos ese «más de lo mismo pero mejor» que personalmente pido a un juego que me gusta. Sí, tal vez tras 23 años se podría haber apuntado a hacer algo mucho más ambiciosa, que se acercase más a un JRPG de gran calibre, o la eterna comparación de la que estoy enfermo ya de verla por internet haciendo un «Breath of the Wild» con la franquicia, pero cuando sagas como Final Fantasy abandonan su identidad y no terminan de saber qué quieren ser, u otras sagas han tenido que dejar atrás reinicios fallidos y volver a su protagonista de pelo blanco, me encuentro más seguro en un entorno familiar al que añadan mejoras que cuando se intenta revolucionar y se falla. No voy a valorar negativamente una saga por no dar un cambio radical si creo que sigue funcionando cuando he visto a tantas otras morir por el camino o perderse. Si algún día se da esa revolución, se valorará apropiadamente, pero hoy por hoy esperar eso es una quimera.

Los combates siguen siendo como los de toda la vida, La interfaz les ha quedado genial incluso tras la pérdida de la doble pantalla.

Vuelta a la historia simplista.

Si en algo considero que la saga se ha ido enfangando con los años, a partir de la tercera generación –Rubí, Zafiro y Esmeralda-, es tratando de seguir metiendo nuestra aventura infantil pero a la vez subir las apuestas metiendo amenazas mundiales y tramas cada vez más enrevesadas que no terminan de ser buenas. Aquí no nos terminamos de librar de eso, pero está mucho más comedido. Es decir, el foco del juego vuelve a ser bastante similar al de la primera generación, y es que prácticamente todo girará en nuestro viaje para declararnos campeones de la región de Galar, reduciendo muchísimo el nivel de intromisión que tenían generaciones recientes en nuestra aventura.

Aquí las cinemáticas, si bien siguen siendo bastantes, son cortitas y si alguien quiere se las podrá saltar porque. Seamos francos, el nivel de escritura no es ni mucho menos el de una obra de Tolkien, y en general no os vais a perder mucho. Los personajes son carismáticos, y los rivales son probablemente los mejores desde hace mucho tiempo, pero si alguien simplemente quiere sentarse, capturar bichos, y zurrar unos cuantos líderes de gimnasio, es una entrega que te da esa opción, lo cual me parece mejor a tener un desvío en cada pueblo para tener que coger a mi personaje de 10 años a retar a combates totalmente legales y con honor a bandas criminales que amenazan con consumir toda la existencia o algo similar. De nuevo, al igual que las revoluciones, si algún día tenemos una historia que sea absolutamente fantástica, la abrazaré encantado, pero con antecedentes en la mano, prefiero una historia prácticamente presencial a tener que seguir con lo visto en la saga en este sentido hasta ahora.

La historia apenas tomará un par de instantes a lo largo de todo el juego. Se agradece que sea menos intrusiva que en entregas recientes.

Unos se van, otros vienen. Galar y su fauna.

Quizá la gran polémica de Pokémon Espada y Escudo sea la eliminación de la Pokédex Nacional. Para el neófito, esta Pokédex Nacional representa la totalidad de los Pokémon que han sido diseñados hasta ahora, y que a día de hoy contando formas alternativas, supera el millar de especies. Desde la tercera generación y hasta la séptima, la presencia de esta Pokédex Nacional podría ser real -un apartado de la Pokédex que listase todas las especies con entradas propias- o simplemente que se pudieran pasar los Pokémon entre unas ediciones y otras aunque no se registrasen. Esta opción no se encuentra en Pokémon Espada y Escudo.

Estas entregas cuentan con un total de 400 Pokémon en su Pokédex regional y cerca de una treintena extra muy concreta que vendrá o bien desde Pokémon Let’s Go o a través de la futura aplicación para almacenar nuestros Pokémon tanto de 3DS como de Switch, Pokémon Home. Se mire como se mire, es un paso atrás no incluir todos, ahora, ¿es grave? Personalmente no lo veo así.

Cuidado, si vemos Pokémon evolucionados fuera de las zonas de hierba, suelen ser especialmente poderosos y nos pueden mandar a la enfermería si no huimos.

Pokémon Espada y Escudo es la entrega que más variedad de especies presenta a lo largo de la aventura. Además, una de sus principales novedades es que hay Pokémon a los que se ven de forma no aleatoria fuera de la hierba alta, de forma que si bien tenemos menos Pokémon, al final, vemos muchos más mientras jugamos. Si uno repasa entregas anteriores, ve que cada juego cuenta para atrapar una cifra bastante similar a este juego y que, para terminar de rellenar la lista hasta llegar al total, el jugador debía dedicarse a traspasarlos entre diversas generaciones y sistemas de formas cada vez más incómodas.

En Pokémon Espada y Escudo nos vamos a encontrar salvajes a casi cualquier Pokémon -el primer día que veáis un Gyarados nadar en un lago, o que os crucéis con un Gengar o un Glaceon salvajes vais a sentir que ha merecido la pena todo-, y gracias a ciertas cosas de la estructura del mapa, vamos a tener acceso a casi cualquier tipo de combinación de tipos desde el principio. Esto no viene libre de peros, desde luego, pues cuando conozcas un poco como funciona todo, esta accesibilidad tan temprana te va a permitir romper el juego de forma absoluta desde el primer momento.

Y hablando del mapa, quizá uno de los puntos más flojos del juego sea la región en sí misma. No llega a ser mala en ningún momento, pues tiene variedad de entornos y la famosa Área Silvestre, que desgranaré ahora, le da mucho empaque, pero es inevitable sentir Galar como una región más pequeña que otras, donde no tendremos mazmorras de ningún tipo. En resumen, Galar se compone por una decena de rutas, que van desde alguna simplona hasta otras más elaboradas hacia el final del juego donde tendremos nuestra dosis de agua y el equivalente a una Calle Victoria donde nos retarán entrenadores uno detrás de otro justo antes de llegar a la última ciudad, sumadas a la ya citada área silvestre.

El área silvestre puede parecer grande pero al final se nos hará incluso pequeña.

Éste área es la principal novedad de estos juegos, donde por fin la saga apuesta por un entorno tridimensional completo, donde se encontrarán las incursiones, y la mayor variedad de Pokémon jamás vista. Sin entrar en el apartado técnico del que mencionaré varias cosas más adelante, este área es una gran novedad a la que le pesan sus dimensiones. Quizá en una primera instancia parezca una zona enorme e inabarcable pero, una vez tengamos acceso a la bicicleta veremos que dista mucho de ello, y que su tamaño es bastante más limitado, de forma que al menos para mí no termina de justificar el menor número de rutas respecto a otras entregas de la saga.

Por último, sobre los Pokémon en sí mismos, el que siempre debería ser el foco de la saga, tenemos una de las generaciones con mejores nuevos diseños, con algunos como Toxtricity o los legendarios Zacian y Zamazenta entre ellos como destacados, junto a nuevas formas regionales o las formas Gigamax, imponentes y únicas entre sí. En este sentido solo puedo estar satisfecho con las novedades.

Ver a Pokémon tan míticos como Lapras nadar libremente es un plus que no esperaba que me gustase tanto.

Mejorando sistemas

En general la saga Pokémon es una de esas sagas que personalmente creo que tienen una base tremendamente sólida en su jugabilidad, y que la mejora entrega a entrega debe ser puliendo trámites, agilizando procesos, y tratando que el jugador no tenga espacios de tiempo muerto para hacer cosas. Diría que en esta entrega, y gracias en parte a cosas heredadas de Pokémon Let’s Go, se ha conseguido dar muchísimos pasos correctos.

Para empezar, vuelve la caja accesible desde cualquier punto del mapa, salvo los gimnasios. Esto nos permitirá rotar nuestro equipo durante el entrenamiento de forma que no tengamos que ir y volver al centro Pokémon cada vez que hayamos terminado con uno. También, hay numerosas formas de criar a los mismos, desde enviarlos a misiones secundarias que les mejoren al máximo algún parámetro concreto o que les den experiencia pura y dura, al hecho de que ahora haya muchos tipos de Caramelo Raro para poner al día a un Pokémon recién capturado con el resto del equipo. Otra mejora es la presencia del tutor de movimientos en todos los centros Pokémon del juego, desde el principio.

A través de las incursiones conseguiremos objetos de variada utilidad, desde bayas a movimientos poderosos y cantidades ingentes de Caramelos Raros.

La principal contra a todas estas mejoras en la accesibilidad es, de nuevo, que si el jugador así lo desea puede destrozar la dificultad del título con muchísima facilidad. No es algo que vaya a pasar de casualidad, pero sí que es relativamente sencillo decidir que, por ejemplo, si tenemos un Vulpix recién capturado, entre aprovechar la exploración libre tan temprana para conseguir una piedra fuego, las incursiones para conseguir experiencia, y el tutor para aprovechar un set de movimientos bastante poderoso desde el minuto uno, podemos ir con una mole que arrase con todo lo que se encuentre.

En general, con este apartado, lo que busco es describir como estos juegos son muy ágiles para cualquier cosa, y que al contrario que en entregas previas que igual tardan horas en darnos la caña, o que usar el tutor nos requiere acumular objetos nada fáciles de conseguir, aquí podemos hacer casi todo desde el principio, haciendo así que el ritmo del juego esté en las manos del propio jugador.

Dificultad, a veces bien, a veces regular.

El asunto de la dificultad en la saga Pokémon siempre ha sido algo peliagudo para el jugador más dedicado. Desde siempre, es una saga que no ha sido especialmente difícil, quizá con algún bache puntual que viendo el conjunto de los juegos no parece intencional. Esta entrega no es la excepción, y en términos generales sigue siendo muy fácil, algo que parece ser ya el objetivo de Gamefreak para tratar de no espantar al público más joven o casual.

Sin embargo, quiero destacar que es posiblemente una de las entregas mejor balanceadas para un jugador medio. Es decir, si nosotros no nos dedicamos a subir niveles expresamente, y tampoco vamos con prisas, sino que simplemente vamos avanzando, capturando Pokémon nuevos a menudo, derrotando a todos los entrenadores del camino y demás, nos vamos a ver siempre en un margen de niveles bastante aceptable incluso con el Repartir Experiencia obligatorio, que es una de las decisiones más criticadas para este juego. Nunca nos vamos a ver excesivamente por encima e incluso puede que vayamos algo bajos de nivel -el campeón superaba en 5 niveles a mi Pokémon más fuerte, lo cual hizo el combate bastante más interesante-.

Con esto no quiero decir que el juego no sea fácil, al contrario, la inteligencia artificial con la que están diseñados los enfrentamientos sigue dejando mucho que desear, pero simplemente, que el juego no está roto si tú no quieres. Como he dicho antes, el jugador puede romperlo si quiere, pero tiene que dedicarse a ello.

También sobre la dificultad, me gustaría mencionar el tema de las incursiones. Estas consisten en un combate de cuatro entrenadores con un Pokémon cada uno, frente a otro que está en forma Dynamax, y dura o bien hasta que derrotamos al Pokémon, pudiendo intentar capturarlo al final, o bien si pasan diez turnos o nuestros aliados han caído un total de cuatro veces, perdiendo así las recompensas y la posibilidad de captura. La dificultad de estos combates va de una a cinco estrellas, siendo estos últimos frente a Pokémon que se ponen barreras muy poderosas y que golpean muy duro a nuestros aliados. Estos combates tienen una dificultad muy dispar, siendo los de una, dos y tres estrellas paseos incluso si jugamos en solitario -el juego nos pone tres acompañantes aleatorios controlados por la IA-, mientras que los de cuatro y cinco resultan absolutamente imposibles en el caso de estar acompañados por la IA o por jugadores que no se preparen expresamente para el combate eligiendo correctamente el Pokémon con el que van a combatir. Esto último es bueno en general, está muy bien que haya que prepararse para el combate, aunque haya gente que no acompañe a la hora de hacerlos y simplemente nos haga perder el tiempo. Pero lo que es un despropósito es el uso de la IA. Para el juego de estas incursiones en solitario más hubiera valido poder elegir cuatro Pokémon o que no se pudiera, porque vas a depender más de la suerte que de tu preparación, pues los aliados caerán una y otra vez sin hacer daño mientras tú solo puedes mirar.

En los campamentos también podremos curar a nuestros Pokémon sin tener que volver a un centro Pokémon. De nuevo, muy útil durante el entrenamiento pero nos facilita mucho la aventura.

Los numerosos pasos hacia atrás y equivocaciones que ensombrecen el título.

En general diría que mi experiencia con Pokémon Espada y Escudo ha sido más que positiva. Me lo he pasado genial hasta ahora y, de hecho, es un título que sigo jugando buscando completar la Pokédex, así como plantearme las típicas partidas con limitaciones estilo Nuzlocke o con un solo tipo de Pokémon. Pero es innegable que estos títulos han venido con una serie de errores que son incomprensibles para un título que se supone debería ser el lanzamiento más importante del año de Nintendo Switch.

El primero de ellos, es toda la estructura online. Nintendo Switch es la primera consola de Nintendo que requiere pagar para jugar online, y el intercambio y el combate de Pokémon Espada y Escudo requieren que hagas este pago. Con ello en mente, es incomprensible que Gamefreak haya eliminado el sistema GTS -Global Trade Station- que tan bien funcionaba en las entregas anteriores, e implementar un sistema basado en códigos que se siente arcaico, engorroso, y sobre todo, con numerosos fallos a la hora de emparejarnos con nuestros amigos para hacer un mero intercambio.

El segundo, el escaso contenido tras la liga dedicado. Sí, está capturar los 400 Pokémon para completar la Pokédex, que es una tarea que nos va a dar una buena cantidad de horas, sin embargo, la Torre Batalla es tremendamente decepcionante, y solo tendremos un legendario para capturar tras completar la Liga, sin ningún tipo de mazmorra opcional ni nada por el estilo, dedicando todos los Pokémon especiales que puedan llegar en un futuro a las incursiones en vez de a eventos únicos que les otorguen personalidad.

El tercero y quizá el más importante, las limitaciones técnicas en todos los aspectos. Pokémon Espada y Escudo son juegos que, a nivel visual, se encuentran en un lugar entre Nintendo 3DS y Nintendo Switch. No serían posibles en la primera pero están lejos, muy lejos, de ofrecer lo que debería ser el mínimo técnico de la segunda. Por suerte esta vez la fluidez no se ha resentido como pasaba en las últimas entregas de 3DS, pues en Sol y Luna mismamente, cada combate se convertía en un auténtico esperpento con la tasa de imágenes por segundo derrumbándose, y a nivel de limpieza de imagen son juegos relativamente bonitos y nítidos. Pero las texturas, los modelados, las animaciones fuera de los combates -sí, las animaciones limitadas en combate me parecen bien, si fueran más elaboradas terminaríamos agotados de ellas a las cinco horas de juego, como pasó en su día con Pokémon Colosseum que tenía unos combates muy vistosos pero excesivamente largos-, la distancia de dibujado… Todos ellos a unos niveles lamentables sabiendo lo que puede hacer la consola. Hay detalles como que, teniendo todos los Pokémon animaciones de andar por el campo, es absurdo que no se haya implementado la opción de que nos siga uno de ellos como se hizo en los remakes de Oro y Plata así como en Let’s Go, siendo una función muy tonta pero que gusta mucho entre el público. Para más inri, el área silvestre que es el principal nuevo reclamo, es un espectáculo nefasto en este sentido, siendo una zona que se nos presenta muy inferior en el apartado puramente visible respecto al resto del juego, y que con el online activado se resiente incluso en el rendimiento con todos los jugadores que se mueven por ahí con nosotros.

En general son todo cosas que no se entienden en el contexto que presenta la generación actual de Nintendo. Vale que, conociendo a Gamefreak, no es esperable un título que sorprenda en lo visual, pero se ha quedado lejos de cualquier nivel mínimo para el nuevo título principal de la marca que más dinero genera en el mundo.

El título no es ningún portento y en general hay momentos donde se puede sentir incluso vacío según por donde estemos. Gamefreak debe mejorar ésto.

Al final, ¿con qué nos quedamos?

Para mí estos juegos son justo lo que yo quería que fuesen, una nueva aventura con el estilo de toda la vida, que me ha dado mucha agilidad a la hora de lidiar con todas las mecánicas del juego y que en general se hace muy ameno coger y jugar, ya sea veinte minutos o seis horas, con la maravilla que es el, por fin, ver a los Pokémon en su hábitat aunque sea simplemente moviéndose. La majestuosidad de Milotic nadando tranquilamente, ver una «jauría» de Yamper corriendo a por ti, o encontrarte por primera vez un Gengar salvaje, no tienen precio.

Y sin embargo, es inevitable sentir decepción a la hora de valorar el trabajo de Gamefreak. En un 2019 donde cada vez queda más claro que la monstruosa facturación de Pokémon Go va relegando la importancia de los títulos troncales de Pokémon, uno esperaba que Matsuda como productor y el resto del equipo hubieran querido dar un golpe sobre la mesa ofreciendo, al menos, el título más pulido de la saga hasta la fecha, y se ha quedado lejos de ello.

Ojalá en los próximos títulos de la serie nos encontremos con más contenido, un apartado visual más competente, y un puntito de ambición a la hora de darle tamaño al juego, porque como digo, la base que tienen sigue siendo maravillosa y simplemente hay que envolverla para dar un producto de nivel excelso.

¿Recomiendo los títulos? En general sí, tanto si eres un fan de toda la vida como si eres un novato. Solo te diré que no lo juegues si eres de los que esperaban el Breath of the Wild de Pokémon.

¿Estáis dispuestos a encarar el desafío de los gimnasios? Estos enfrentamientos serán los puntos álgidos de la aventura, tanto por ambiente como por el fantástico temazo que les acompaña.