Este análisis ha sido realizado en PC mediante una copia cedida por PLAION
Hay regresos que buscan reconectar con el recuerdo, y otros que directamente prefieren dinamitarlo. Screamer, lo nuevo de Milestone, pertenece claramente a esta segunda categoría. Recupera el nombre de una saga mítica del PC de los 90, sí, pero lo hace con una propuesta que poco tiene que ver con lo que muchos podrían esperar. En lugar de limitarse a reinterpretar el arcade clásico, el estudio italiano apuesta por una mezcla de conducción, combate y narrativa con estética anime que, al menos sobre el papel, suena más a experimento que a revival. Y, sin embargo, tras estas primeras horas, lo que deja es una sensación bastante clara: Screamer quiere ser algo más que un simple juego de carreras o una copia de sí mismo.
Para entender este nuevo Screamer conviene detenerse un momento en la trayectoria de Milestone. Y es que, tanto tiempo después de que desarrollaran la mítica saga, el estudio italiano, por entonces bajo el nombre de Graffiti, lleva décadas centrado casi exclusivamente en el género de la conducción, con licencias como MotoGP o Ride, y propuestas más recientes como Hot Wheels Unleashed. Es un equipo que ha demostrado solvencia técnica y regularidad, pero también cierta tendencia a moverse dentro de zonas conocidas. Incluso sus incursiones más arcade han mantenido una estructura bastante reconocible, sin grandes rupturas. Por eso, Screamer resulta especialmente interesante dentro de su catálogo. Aquí no hay intención de replicar fórmulas previas, sino de construir algo que combine varios enfoques: arcade clásico, sistemas de combate, narrativa estructurada y una identidad estética muy marcada. Es, en cierto modo, uno de sus proyectos más ambiciosos en años.

Pero, por supuesto, el nombre Screamer no es nuevo. La saga original nació a mediados de los 90 como una de las referencias del arcade en PC, con un enfoque centrado en la velocidad y una conducción accesible pero exigente. Aquellos títulos destacaban por su sensación de dicha velocidad y por ofrecer una alternativa directa a otros referentes de la época. Con el paso del tiempo, la franquicia fue perdiendo presencia hasta desaparecer prácticamente durante más de dos décadas. Este nuevo Screamer funciona como un reinicio completo de aquella idea, pero no como una continuación directa. Mantiene el espíritu arcade, pero lo reinterpreta desde una perspectiva mucho más moderna, añadiendo elementos que en los 90 simplemente no tenían cabida. El resultado es una obra que conecta con su legado más por intención que por forma.
A nivel jugable, Screamer se aleja rápidamente de lo que podríamos esperar de un arcade tradicional. Aquí no se trata solo de correr, sino de sobrevivir. Las carreras se desarrollan dentro de un torneo ilegal en un mundo futurista, donde cada enfrentamiento tiene tanto de competición como de combate. El sistema ECHO articula buena parte de la experiencia, gestionando recursos que permiten ejecutar impulsos, escudos o ataques. A esto se suma el Overdrive, una especie de estado límite que combina velocidad extrema e invulnerabilidad durante un breve periodo. Todo esto introduce una capa estratégica poco habitual en el género. No basta con trazar bien las curvas: también hay que decidir cuándo atacar, cuándo defenderse y cómo gestionar los recursos en plena carrera.

El control “Twin Stick” refuerza esta idea. Separar dirección y derrape en dos sticks distintos añade precisión, pero también complejidad. No es un sistema que funcione de forma inmediata; requiere adaptación y aprendizaje hasta que lo controlamos instintivamente. Y ahí está una de las claves del juego: A pesar de su alma arcade, Screamer no busca ser cómodo desde el primer minuto.
Uno de los aspectos más llamativos del juego es su apuesta narrativa. Frente a la estructura habitual de campeonatos y pruebas, aquí encontramos un torneo clandestino con equipos de personajes, cada uno con sus propias motivaciones y conflictos. La historia se apoya en cinemáticas elaboradas y en una estética anime muy marcada, con un mundo distópico que refuerza ese tono más dramático, y algún toque muy original como el hecho de que en la época futura en que se ambienta, todo el mundo tiene un traductor de idioma y, si bien los textos de los diálogos se presentan en el idioma escogido, cada personaje habla en su idioma nativo, mostrando una gran variedad de los mismos. Este enfoque no es habitual en el género. Aunque ha habido intentos de introducir narrativa en juegos de conducción, pocas veces se ha hecho con tanta intención de integrarla dentro del conjunto.

Es inevitable establecer comparaciones. Screamer bebe claramente de referentes como Wipeout en su mezcla de velocidad y agresividad, pero también de arcades más clásicos como Ridge Racer en su enfoque de conducción. Sin embargo, no se limita a copiar. La combinación de sistemas -recursos, combate, control dual, narrativa- genera una experiencia que intenta construir su propio espacio. Eso sí, esta ambición tiene un coste. Las primeras sensaciones te pondrán frente a un juego exigente, donde todo tardarás algunas carreras, aparte del escueto tutorial, en ser capaz de ganar carreras y disfrutar. No es inmediato, y eso puede jugar tanto a su favor como en su contra. En un mercado donde muchos arcades han optado por simplificar sus mecánicas, Screamer parece ir en la dirección opuesta.
Más allá de la campaña, el juego incluye diferentes modos que giran en torno a su sistema de carreras y combate. Competiciones por equipos, desafíos específicos y opciones multijugador amplían la propuesta. Además, los modos de juego se alimentarán entre ellos pues jugar en unos desbloqueará opciones y contenido en otros. La progresión parece apoyarse tanto en el avance dentro del torneo como en la personalización de vehículos y la elección de personajes, cada uno con habilidades propias. Eso se traduce en una propuesta con personalidad, pero también en una experiencia que exige tiempo y cierta predisposición por parte del jugador.
Concluyendo, en un panorama donde los juegos de conducción parecen moverse entre la simulación y fórmulas cada vez más establecidas, Screamer destaca precisamente por lo contrario: por arriesgar con una combinación interesante. No es el regreso que muchos esperaban, pero probablemente sí el que la saga necesitaba para volver a tener relevancia.

