Skautfold es una franquicia no muy conocida que cuenta ya con la nada desdeñable cantidad de cinco entregas desde su nacimiento en 2016. Y lo más curioso es que salvo un par de entregas que repiten genero, cada título explora una vertiente jugable distinta, que va desde la acción/survival, el metroidvania, o el shooter, por poner unos ejemplos. En esta ocasión tenemos entre manos Moonless Knight, la cuarta entrega de la saga cuyo lanzamiento original en PC fue en 2020 y que ahora aterriza en consolas como Nintendo Switch, PlayStation 4, PlayStation 5, Xbox One y Xbox Series X|S, ampliando su alcance más allá de su público inicial. Además, gracias a Red Art Games, los amantes del formato físico tendrán la enorme suerte de disponer de este título en disco para PlayStation 5.

La historia de Skautfold: Moonless Knight es deliberadamente críptica y se construye gradualmente a través del propio mundo que exploramos. Asumimos el papel de Gray, el segundo caballero del ficticio imperio Angélico de Britannia que parte con una misión diplomática que se tuerce de forma dramática, envolviéndonos en una conspiración religiosa y en horrores que parecen surgir de lo inexplicable. La historia nos viene dada como un rompecabezas fragmentado que deberemos recomponer e interpretar; los diálogos escasos, descripciones de objetos y contextos ambientales nos empujarán a reconstruir los sucesos y las motivaciones de los personajes por nosotros mismos. El trasfondo político, espiritual y la amenaza de fuerzas ancestrales -muy lovecraftianas- crean una atmósfera densa que no se entrega a la simplicidad, sino que invita a la reflexión y a conectar los puntos por nuestra propia cuenta.

Lo que más impacta al sumergirse en este mundo es la ambientación oscura tan bien conseguida. Desde la primera pantalla, nos recibe un entorno que parece haber sido diseñado para provocar inquietud, pasillos largos y sombríos, salas que están en ruinas y áreas donde sentimos que algo acecha más allá de lo visible. Esta sensación no se logra solo con el diseño visual, sino también con la forma en que el mapa se encadena, con rutas alternativas y secretos escondidos que esconden historias propias. Explorar es una recompensa en sí misma, porque incluso los espacios aparentemente secundarios contienen fragmentos de mundo o elementos ambientales que amplían lo que ya se ha insinuado en las partes más centrales de la historia.

La jugabilidad de Skautfold: Moonless Knight gira en torno a un sistema de combate que merece atención por su complejidad y su enfoque táctico. Más allá de un ataque o una simple esquiva, el juego introduce lo que podríamos considerar una mezcla de defensa y contraataque profundamente integrada en la mecánica central, la barra de guardia. Esta barra no es solo un medidor estático, sino una mecánica que te obliga a pensar cada movimiento como parte de una inversión de riesgo y recompensa. Bloquear, esquivar o incluso realizar un ataque equivocado puede tener repercusiones directas en tu capacidad para defenderte, y eso convierte cada enfrentamiento en un pequeño rompecabezas de decisiones rápidas.

Además, el sistema ofrece herramientas interesantes que cambian constantemente la forma de abordar la batalla. Las reliquias no solo aportan soluciones a enemigos difíciles, sino que también introducen elementos que modifican cómo nos desplazamos o cómo interactuamos con el entorno. Desde ganchos que nos permiten alcanzar zonas antes inalcanzables hasta funciones que alteran cómo recibimos daño o cómo dinamitamos enemigos en tu entorno, estas reliquias enriquecen tanto la exploración como el combate, dando la sensación de que cada nuevo objeto puede abrir un mundo de posibilidades jugables.

La progresión de Gray es bastante orgánica, en lugar de un sistema tradicional de experiencia acumulada para subir de nivel, cada estadística mejora con el uso. Esto significa que lo que hacemos en combate tiene un impacto directo en cómo crecemos como guerrero. Si repetimos cierto estilo de pelea o nos especializamos en una forma de enfrentar enemigos, nuestro protagonista se vuelve más eficiente en esa área. Esa decisión de crecer a través del uso y la experiencia directa se siente muy satisfactoria, porque premia tanto la perseverancia como la repetición consciente de estrategias que funcionan para nosotros.

El mundo en sí tiene un diseño semiabierto y muy interconectado, propio de un metroidvania. No es un mapa que se abre paso a base de paredes invisibles, sino un sistema de atajos, lazos y rutas alternativas que casi siempre invitan a volver atrás con nuevas herramientas para descubrir algo que antes no podías ver. Esa estructura tan característica y explotada en estos días logra mantener el ritmo del juego interesante, porque cada zona es significativa tanto la primera vez que la recorremos como después, cuando ya acumulamos más habilidades y recursos para explorar a fondo.

El apartado visual de Skautfold es un homenaje al pixel art muy bien ejecutado. Cada área tiene su propia identidad visual, aprovechando sombras, composiciones y detalles que transmiten muy bien las sensaciones de amenaza, abandono o misterio sin recurrir a grandes efectos. El estilo gráfico no solo crea un tono estético, sino que también refuerza emocionalmente el ambiente, hay lugares que parecen llenos de desesperanza, otros que susurran misterio y algunos que simplemente se sienten desconcertantemente bellos en su oscuridad. El diseño artístico acompaña muy bien el ritmo del juego y hay que decir que las capturas no le hacen justicia y hay que ver el juego en movimiento.

En cuanto al sonido, la banda sonora se integra de manera natural con lo que ocurre en pantalla. No siempre es imponente, pero sus momentos más marcados ayudan a intensificar los instantes clave del juego. La música funciona como un acompañamiento ambiental más que como una pieza dominante, y eso refuerza la sensación de inmersión sin llegar a imponerse en ningún momento.

Si jugáis este juego en su versión de Nintendo Switch como hemos hecho nosotros, la adaptación técnica es generalmente sólida. En modo portátil y en modo dock, el juego mantiene una presentación fluida en la mayoría de situaciones, con tiempos de carga contenidos y sin que la experiencia se sienta reducida de forma radical a pesar de las características propias del hardware de la consola. Es cierto que en momentos de combate con muchos elementos en pantalla se pueden notar leves caídas de frames en alguna ocasión, pero estas instancias son breves y no suelen interferir de manera significativa con el disfrute general del juego.

Skautfold: Moonless Knight no es un juego que se tome a la ligera. Requiere paciencia, atención a los detalles y una disposición a adaptar nuestra forma de jugar a cada nueva circunstancia. No nos lleva de la mano ni nos da respuestas fáciles, pero esa independencia narrativa y mecánica es justamente lo que lo hace atractivo. Puede que en algunos momentos se sienta difícil, incluso demasiado exigente, pero también es cierto que esa exigencia se acompaña de una sensación de satisfacción cuando logramos superar una sección complicada o descubrir algo que nos había resultado inaccesible antes.

Al final, lo que Skautfold: Moonless Knight ofrece es una experiencia bastante rica en atmósfera y en sensaciones. No es un juego ligero ni algo pensado para pasarlo rápido, es un título un poco críptico, incluso podríamos decir que denso, y que recompensa tanto la curiosidad como la perseverancia. Su paso de PC a consolas es una oportunidad excelente para que más jugadores lo experimenten y comprendan por qué, a pesar de su naturaleza independiente y sus ambiciones particulares, sigue llamando la atención de quienes gustan de esta poco conocida franquicia.