El videojuego es un medio ecléctico. Es capaz de ser tan simple y a la vez lúdico como una partida de Tetris mientras otros tratan de ofrecer historias, introspecciones, o sentimientos de forma que ningún otro medio es capaz de ofrecer gracias al enlace de su capacidad audiovisual con la interactividad exclusiva de los videojuegos. The Gardens Between es un juego de puzles que se sitúa en algún lugar del amplio espectro entre ambos extremos, tratando de contarnos una bonita historia de amistad mientras nos ofrece una serie de desafíos ingeniosos aprovechando su abstracto mundo.

El apartado artístico es excelente y está integrado con la jugabilidad. Esa sierra la podemos usar con nuestros movimientos.

 

UNA MECÁNICA SÓLIDA, PERO NO REALMENTE EXPLOTADA

The Gardens Between ofrece una mecánica muy simple, tan simple que incluso puede manejarse con un único joy-con en Nintendo Switch. El juego se compone de una serie de niveles, cercanos a la treintena, en los que nuestros dos protagonistas tienen una ruta establecida, mientras los elementos abstractos que forman la escenografía realizan diversas acciones que pueden o no intervenir en nuestra ruta.

Nuestro papel como jugador es determinar si la ruta avanza o retrocede, o si los personajes interactúan o no con ciertos elementos. Estos elementos se dividen en tres categorías, dos según el personaje que los use, y otra de elementos que se usan a través de la simple travesía por nuestra ruta.

Por un lado tenemos la lámpara, las flores que otorgan luz, las que nos la arrebatan, y una especie de cubos que pueden moverse por el escenario y donde podemos depositar la lámpara. Estos elementos se combinan de forma que a lo largo del nivel podemos encontrarnos unos puentes que se activan con la luz de nuestra lámpara, o unos elementos nebulosos que desaparecen al ser iluminados, por lo que no siempre debemos llevar la lámpara encendida, y tendremos que decidir si hay que tener luz o no para llegar al siguiente obstáculo. Al final, todos los niveles terminan cuando llevamos una luz al altar que corona cada etapa.

Por otro, unos interruptores que hacen que ciertos elementos se abran y se cierren, y unos aparatos que permiten que el escenario avance o retroceda en el tiempo mientras nosotros mantenemos la posición. Con ello, podremos ayudar a encender o apagar la lámpara, así como para formar puentes o caminos que serían imposibles de alcanzar si simplemente tratáramos de llegar al otro extremo al ritmo preestablecido.

Por último, los objetos propios del escenario que permiten cierta interacción a través del movimiento. Son los que otorgan personalidad a ciertos acertijos y son muy variados. Desde teclados gigantes que pulsaremos tanto al avanzar como al retroceder, hasta relámpagos que caen sobre obstáculos metálicos y si nos quedamos quietos, en el instante de tiempo congelado, ese relámpago seguirá moviéndose entre objetos a los que a ritmo normal no llegaría.

En conjunto, todo ello se combina de forma que debemos decidir el orden en el que interactuamos con cada elemento, permitiendo que se abran rutas o nuevos elementos que nos procuren el camino libre para el altar final donde depositar la luz.

En general, a un nivel puramente conceptual, es un juego de puzles fantástico. No usa mecánicas complejas, simplemente avanzar o retroceder y pulsar el botón en el momento adecuado. El problema es que nunca llega a explotar del todo y, si bien hay algún puzle más complejo, no termina de exigir una concentración excesiva ni que nos estrujemos el coco. Al final, la escasa dificultad junto al escaso número de niveles, uno siente que se han quedado a medias a la hora de diseñar acertijos.

Este es nuestro selector de nivel. Por desgracia, no es muy grande, una lástima.

 

UNA NARRATIVA ÚNICA

Por otra parte, The Gardens Between no es un juego de puzles crudo. Es un juego que mientras pensamos, trata de contarnos una historia, y no lo hace de cualquier manera.

Si por algo ha llamado la atención en tráilers y en capturas es el estilo tan particular que han decidido dar a la aventura. The Gardens Between es precioso. Entra por los ojos y se queda en la retina. Cada nivel es una oda nostálgica a la infancia, donde las aventuras cotidianas del día a día pasan a ser algo más. Una visita al museo de historia natural o escuchar música en el parque puede ser algo más a los ojos de un niño, y consigue transmitirlo de forma magistral. Cuando somos pequeños, todo nos parece más grande, todo tiene secretos, y lo desconocido aterra pero a la vez es atrayente. Y todo ello consiguen representarlo.

Además, como guinda, consigue hacer todo ello sin usar ni una sola palabra. Imágenes dinámicas entre los niveles, y el entorno de los propios niveles y como reaccionan los niños ante ellos, son todos los elementos narrativos para conseguir transmitir exactamente lo que quieren, el valor de la amistad en la infancia.

Los momentos de nuestra historia son contados a través de pequeños lienzos activos.

 

CONCLUSIONES

The Gardens Between cae en la categoría de los buenos juegos. No hace nada mal, pero desgraciadamente te deja un poco con la miel en los labios en el plano jugable, porque su mecánica es sólida, y eso es algo que no es tan fácil en un juego de puzles, pero no llega a explotar. Sí, quieren contar una historia con estos puzles de por medio y lo consiguen. Quizá alargar esta historia habría sido un error. Pero siento que lanzar una serie de niveles con retos opcionales con una dificultad creciente habría sido una adición que redondeara un juego verdaderamente entretenido, convirtiéndolo en algo especial.

La visión de un niño magnifica todo. Un desagüe puede ser una cueva y, por tanto, una historia inolvidable.

 


Este análisis ha sido realizado mediante una copia cedida por  The Voxel Agents