Está siendo un final de año intenso para Square-Enix. La compañía japonesa está decidida a convertirse en una de las grandes estrellas de la temporada y lo quiere hacer gracias a un catálogo repleto de juegos en el que no abundan los bombazos o las superproducciones, apoyándose en su lugar en producciones de perfil medio. Diofield Chronicle, Star Ocean: The Divine Force, Tactics Ogre: Reborn, Harvestella o Crisis Core son solo algunos de los nombres que van a sonar durante este ultimo cuatrimestre del año. En dicha lista, sin embargo, brilla con luz propia un nombre: Valkyrie Elysium.

El regreso de la saga Valkyrie tras casi veinte años de ausencia fue una enorme sorpresa, aunque la ausencia de la palabra «Profile» en el titulo levantó algunas alarmas entre los más acérrimos seguidores. Hoy, con el juego en la mano, podemos confirmar lo que ya se podía intuir: Valkyrie Elysium es un producto derivado que guarda muy poca relación con los anteriores lanzamientos de la saga.

Valkyrie Profile -rebautizado posteriormente como Valkyrie Profile: Lenneth en su relanzamiento para PSP- y Valkyrie Profile: Silmeria eran dos JRPG totalmente distintos a lo usual en su época. Cuando los JRPG abrazaban de lleno las tres dimensiones y la presentación cada vez más cinemática, Tri-Ace se atrevió a lanzar un juego en perspectiva lateral con toneladas de texto y un hermoso estilo gráfico basado en el uso de sprites. No solo eso, su afán rupturista los llevó a experimentar con numerosas mecánicas, tanto a la hora de combatir como de explorar su mundo o de desarrollar su historia. No es extraño, por tanto, que ambos se convirtieran en juegos de culto.

Es comprensible que viniendo de esta tradición de juegos tan revolucionarios y especiales, sorprenda todavía más el camino que se ha tomado en esta ocasión. Con Valkyrie Elysium no solo se abandona el estilo visual y las mecánicas tradicionales de la saga, también se abandona cualquier intento de innovación y lo que se nos ofrece con él es ni más ni menos que un hack and slash con un ligerísimo toque RPG.

Fiándolo al combate, algo a lo que dedicaremos la mayor parte de nuestro tiempo de juego, resulta agradable comprobar que el sistema de combate de Valkyrie Elysium es uno de sus grandes aciertos. Se trata de un combate muy rápido y directo, algo muy fácil de asimilar para cualquiera, pero en el que constantemente se van añadiendo nuevas mecánicas que, aunque superficiales, consiguen añadir capas de profundidad que aporten variedad y entretenimiento. Rápidamente nos encontraremos utilizando magia, invocando a einherjar que nos ayuden en la batalla, mejorando las habilidades de nuestro personaje o cambiando entre armas y elementos para aprovechar las debilidades de nuestros enemigos.

Con esto, y con el acompañamiento de unos controles perfectamente responsivos a pesar de algunos problemas con la cámara, se consigue que pelear en Valkyrie Elysium resulte una delicia, algo similar a una versión vitaminada de los combates de un Drakengard o del primer Nier. Hacía muchísimo tiempo que no me encontraba algo tan simple, pero que a la vez resulte tan divertido y adictivo, sobre todo en las luchas contra los jefes, en los que este combate brilla con luz propia.

El problema es que incluso un gran sistema de combate puede acabar cansando si no va acompañado de un buen diseño de niveles y enemigos. Valkyrie Elysium es un juego largo, de alrededor de 15-20 horas dependiendo de lo que cada jugador quiera pararse haciendo secundarias, en el que muy rápidamente se comienzan a ver oleadas constantes de los mismos enemigos que se repiten una y otra vez, dentro de niveles que en ocasiones ni siquiera intentan disimular que son un descampado plagado de enemigos o un pasillo que nos lleva directamente de batalla en batalla. Hay algunos escasos momentos en los que Valkyrie Elysium quiere romper con esta monotonía y se atreve a plantear niveles menos lineales y más abiertos a la exploración, incluso a plantear retos que es necesario superar para seguir avanzando, pero hasta estos niveles resultan totalmente artificiosos y nada naturales, como si para su diseño se hubieran guiado por una filosofía sacada de otra época.

Esta sensación de producto extemporáneo es una constante que permea a todos los apartados del juego. El apartado técnico, aunque salvado por un excelente diseño artístico, alterna luces y sombras, pero dista de ser lo esperable en un juego que sale en 2022, con texturas a muy baja resolución y un rendimiento que en PlayStation 5 roza lo inadmisible. Incluso la historia resulta escueta, con escasa presencia hasta prácticamente el tramo final del juego, y para su desarrollo se utilizan escasas secuencias de video en las que más de una vez nos encontraremos con personajes prácticamente estáticos que ni siquiera se miran. Es más, la mayor parte del trasfondo del juego se nos ofrece a través de los recuerdos de los habitantes de Midgard, condensados en breves cuadros de texto que aparecerán al interactuar con unas flores especiales que nos iremos encontrando por los escenarios.

Quizá lo peor de todo resulte saber que todas estas carencias y anacronismos no sean una decisión de diseño o un homenaje consciente a los juegos del pasado, sino el resultado de serias limitaciones de tiempo y presupuesto, algo que duele todavía más al ver la capacidad de los desarrolladores para construir un sistema de combate magnífico a partir de tan poquito. Esa es la sensación de frustración que produce jugar a Valkyrie Elysium, la de saber que había cimientos y talento para construir un gran juego y que en lugar de eso, por culpa de la falta de ambición o de valentía a la hora de apostar más fuerte por él, se queda a medio gas. Es un juego que, dejando al margen su nulo parecido con anteriores entregas de la saga, divierte mientras le dura el gas a su excelente combate, pero en el que no hay nada que pueda sostener sus casi veinte horas de duración.

 


Este análisis ha sido realizado en PlayStation 5 mediante una copia cedida por PLAION