Cuando Stray se dio a conocer hace ya unos años -en aquel entonces bajo el nombre de HK_Projekt- nadie podía imaginar que los chicos de BlueTwelve Studio iban a ser capaces de crear una más que interesante aventura ciberpunk con un gato de protagonista. Y no hablamos de un gato antropomórfico con apariencia humanoide y cualidades humanas -que esto lo hemos visto ya muchas veces-, sino de un gato callejero de los de verdad, de los que saltan de un lado a otro, arañan lo que sea, se tumban al sol, maullan y ronronean. El pequeño estudio del sur de Francia pensó “¿por qué no?”, y voilà, gracias a Annapurna Interactive, Stray acabó convirtiéndose en una de esas sorpresas que, con el tiempo, han seguido muy presentes en la conversación, hasta el punto de recibir ahora una nueva vida en Nintendo Switch 2, donde vuelve a ponerse encima de la mesa como una experiencia especialmente cómoda para redescubrir o descubrir por primera vez.

Y no podemos negar que Stray es una aventura que no deja indiferente a nadie, y no solo por su lograda ambientación ciberpunk o por su notable calidad visual, sino por la interesante idea de hacer de un gato callejero el protagonista de esta historia, aunque esto lo matizaremos un poco más adelante. Nos espera un viaje de aproximadamente unas 5 horas de duración donde iremos alternando entre secciones de exploración e investigación, resolución de puzles, persecuciones, sigilo y plataformas -aunque estas están implementadas de forma contextual y bastante automatizada-. En esta nueva versión de Switch 2, el conjunto se mantiene intacto en lo jugable, pero gana enteros en fluidez y estabilidad respecto a la anterior versión de Nintendo Switch , alcanzando la calidad de las demás versiones de sobremesa.

La historia es simple, y aunque según avanzamos se nos planteará un misterio a resolver, el desenlace es bastante previsible. Estamos en un futuro indeterminado, y somos un gato, un simple gato asilvestrado -no sería del todo correcto decir callejero, pues no vivimos en la calle- que vive junto a otros gatos en una zona entre muros de hormigón y abundante vegetación. Al comenzar, y después de una breve zona que funciona de tutorial, sufriremos una caída que nos llevará a un lugar insospechado: los restos de una ciudad aparentemente abandonada, en la que pronto recibiremos ayuda. Aquí empieza nuestra aventura, que nos llevará a buscar la forma de salir de aquí y volver al exterior -la ciudad se encuentra rodeada de gigantescos muros y con el techo sellado-, y de paso descubrir qué ha pasado con esta urbe y el destino de sus habitantes.

Aunque sea avanzar en el argumento de Stray, es necesario explicar que la ciudad, a pesar de no contar con vida humana, está ocupada por androides que en el pasado estaban al servicio de los habitantes de la urbe, y ahora se dedican a repetir las tareas que realizaban en el día a día sus antiguos dueños. Aunque también es cierto que muchos de estos androides han evolucionado tomando conciencia propia y voluntad, como por ejemplo B-12, el androide que nos acompañará durante casi toda la aventura y que servirá para que nuestro gato, además de hacer cosas de gatos, pueda abrir puertas, piratear ordenadores, comunicarse con otros androides y otro tipo de acciones que iremos descubriendo conforme avancemos en el juego.

Como hemos mencionado anteriormente, el cambio entre secciones, lejos de parecer abrupto, se realiza con perfecta naturalidad y sentido argumental, con lo que el ritmo del juego se ve beneficiado de esta variedad. Y aunque las acciones de nuestro gato estén limitadas a correr, saltar -no a voluntad libre sino marcando el punto de destino y pulsando un botón- o maullar -para llamar la atención de ciertos enemigos-, en conjunto con las acciones de B-12 son suficientes para afrontar la aventura sin la sensación de que el manejo de un gato pudiera limitar la jugabilidad del título. Es cierto que, con el tiempo, esta simplicidad se percibe todavía más clara, pero también encaja con la intención del juego de no complicarse más de la cuenta.

También resulta controvertido, y nos daremos cuenta enseguida de ello, que realmente no estamos viviendo la aventura de un gato en busca de una salida de esta urbe abandonada, sino la del droide B-12, en el que recae gran parte del peso argumental, dejando al minino como un medio de transporte que ejecuta acciones. Es fácil entenderlo así, y con perspectiva se percibe de la misma forma, aunque sin que esto reste demasiado a la experiencia general, que sigue funcionando por lo que propone a nivel de atmósfera y ritmo.

A pesar de la mezcla de elementos de Stray durante la aventura, todo es bastante sencillo y prácticamente no nos atascaremos en demasía. El juego puede ser resuelto en poco tiempo y por ello el estudio ha añadido una serie de misiones secundarias bastante básicas y algunos coleccionables. En las partes de exploración también podremos realizar estas misiones secundarias, que nos proporcionarán coleccionables como las chapas. Otro tipo de coleccionable son los recuerdos perdidos de B-12, que al encontrarlos nos irán mostrando parte de la historia de este androide y de lo sucedido en la ciudad.

Audiovisualmente Stray sigue siendo un juego muy llamativo. Ya no solo por los buenos resultados que da un motor tan maduro como Unreal Engine 4, sino por una dirección artística sobresaliente y un buen gusto que prima en BlueTwelve Studio. Hay que destacar por supuesto el grandísimo trabajo que se hizo con el gato, capturando la esencia del animal real, y las cuidadísimas animaciones de este -con algún fallo puntual-, pero la recreación de la urbe sigue siendo merecedora de elogio. Aquí el apartado artístico vuelve a brillar y el diseño ciberpunk es exquisito. También hay que decir que no todas las secciones mantienen ese nivel, pero el conjunto sigue siendo muy sólido. La banda sonora nos acompaña de forma discreta, sin ser especialmente memorable, pero cumpliendo su función. En Switch 2, todo esto se beneficia de una presentación más limpia y estable, lo que hace que el impacto visual sea incluso más consistente que en su lanzamiento original.

Es justo decir que la aventura de BlueTwelve Studio es de notable alto. Con una historia simple pero efectiva, un desarrollo variado y con buen ritmo, y un protagonista -o protagonistas- inesperado además de monísimos, no nos queda más que recomendar Stray a cualquiera de nuestros lectores que aún no lo haya jugado. Es cierto que tiene algún fallo menor, que a nivel jugable nos hubiera gustado un control total sobre el gato, y que un punto más de dificultad le hubiera sentado genial al desarrollo, pero tampoco nos vamos a quejar: no todos los días jugamos indies tan frescos y tan bien ejecutados. Mirado hoy, y con esta versión de Nintendo Switch 2 como nueva puerta de entrada, quizá lo más interesante es que sigue siendo exactamente el mismo juego… pero ahora más cómodo de jugar que nunca, lo que refuerza todavía más su valor como experiencia breve pero muy bien construida. También hay que recordar que si ya tenemos la versión de la primera Switch, la actualización a Switch 2 es gratuita.