El primer amor quizás no sea lo que nuestros recuerdos adultos nos ofrecen al volver a ellos. A veces… a veces…

El día que me convertí en pájaro traslada una historia muy sencilla en una experiencia jugadora muy universal. Este juego trae un pequeño y emotivo álbum infantil, convertido a un mando en un breve juego narrativo. 

Porque esto parte del delicioso álbum ilustrado de Ingrid Chabbert. Habiendo más contenido ‘transmedia’ con la adquisición de este videojuego.

Hyper Luminal Games han traído a formato jugable esta preciosa historia ilustrada, publicada en sistemas diversos por la editora Numskull Games. Realmente, El día que me convertí en pájaro es una experiencia sencilla, que tocará fibras sensibles en adultos. Más importante, que esos adultos introduzcan este juego a sus hijos.

Un niño corriente que un día posa sus ojos en una niña. Y queda encantado. Entonces, haciendo su día a día, ambos van a la misma escuela, se interesa por saber más sobre ella. Le gustan los pájaros.

Mmmmmm, «Me gustaría captar su atención»…

Y de eso va la historia y el juego.

No hay mucho que contar sobre el argumento, sí hablamos de lo que hace el videojuego. El día que me convertí en pájaro hace jugables durante cuatro días ese toque al corazón que el protagonista intenta convertir en atención.

En este videojuego tenemos precisamente mecánicas de videojuego. Hay diferentes esquemas lúdicos como construir rompecabezas, sencillas secciones de habilidad… Y los momentos de exploración e interacción. Sobre estos últimos, en el colegio, casa y parque. Muy sencillos y entrañables.

El día que me convertí en pájaro se completa de tirón en una hora. Y cada cual asimile lo que hemos jugado y vivido. Sus sencillos patrones jugables están preparados para niños pequeños a quienes les hayamos puesto el mando por primera vez. Que hay opciones para simplificarlo todavía más. Es un juego sin voces, y con los textos muy bien adaptados al español. 

Un cuento jugable al que volver durante el paso de los años. 

El juego ofrece poco fondo jugable. Si somos algo avispados, completaremos sus ‘logros/trofeos’ incluso en la primera vuelta. Si no es así, la pretendida accesibilidad del juego nos permitirá buscar fácilmente las plumas doradas que nos hayamos dejado por no buscar más allá de la experiencia y el disfrute.

El día que me convertí en pájaro no da mucho como juego, y no le hace falta. Se agradece que venga incluido el corto animado hecho por Passion Pictures hace unos años. Además de precioso y tan entrañable como la experiencia jugable, ofrece un contraste genial entre lo que hemos sentido jugando, con lo que vemos sin interactuar.