2025 arrancó con muchas sorpresas, pero uno de los fenómenos más destacados fue el rápido crecimiento que experimentaron los juegos cooperativos de supervivencia y extracción. REPO y Peak fueron dos de sus grandes referentes, llegando incluso a estar nominados a Juego del Año en los Golden Joystick Awards. Hoy vengo a hablaros de ACE Team, el equipo chileno detrás de joyas como The Eternal Cylinder o Zeno Clash, conocidos por crear mundos surrealistas y propuestas artísticas poco habituales. En esta ocasión han decidido dejar de lado las experiencias para un jugador y adentrarse en el mundo multijugador y cooperativo con su nuevo título, The Mound: Omen of Cthulhu, una obra que busca reivindicar el horror lovecraftiano a través de la supervivencia cooperativa, alejándose del clásico enfoque narrativo al que este universo nos tiene acostumbrados.
Nos subiremos a una carabela en pleno siglo XVII, época en la que España realizaba frecuentes expediciones hacia Sudamérica. Este contexto permite integrar de forma muy natural los elementos sobrenaturales, vinculando la ambición colonial y la avaricia con los hallazgos prohibidos que acechan en las profundidades de la selva. Comenzaremos seleccionando personaje entre cuatro exploradores -Alonso de la Torre, Don Rodrigo de Medina, Leonor y Fray Gaspar-. Aunque cada uno cuenta con sus propias líneas de voz, personalidad y aspecto visual, todos se juegan exactamente igual, ya que no poseen habilidades pasivas ni características que los diferencien en términos jugables.

Tras elegir a nuestro experimentado explorador, tocará seleccionar contrato, algo que resulta casi más importante que la propia extracción. Planificar una buena expedición es vital para salir con vida del bosque y, si jugamos en grupo, podremos repartir funciones entre los miembros del equipo: uno puede encargarse de iluminar el camino para ralentizar la pérdida de cordura, otro actuar como mula de carga y otro asumir el papel de tanque. Se trata de un cooperativo de terror cósmico para hasta cuatro jugadores donde la cordura constituye el auténtico pilar de toda la experiencia.
En cada exploración la realidad se mezcla con la ficción, ya que la cordura está intrínsecamente ligada al desarrollo de la partida, aunque permanezca completamente oculta para el jugador. No existe ninguna barra visible que indique nuestro estado mental; simplemente iremos comprobando cómo nuestro personaje comienza a enfrentarse a situaciones cada vez más anómalas. Durante la expedición no podremos fiarnos de nadie, ni siquiera de nuestros propios compañeros, pues la influencia del bosque es tan poderosa que cualquiera puede sucumbir a la locura. Por poneros un ejemplo, el juego llegó a hacerme atacar a mis propios compañeros porque mi personaje estaba convencido de que eran enemigos. Es precisamente ahí donde The Mound: Omen of Cthulhu encuentra su mayor acierto, convirtiendo la ambigüedad psicológica en nuestro peor enemigo y haciéndonos cuestionar constantemente todo lo que creemos estar viendo.
La historia irá desarrollándose conforme avancemos en las distintas expediciones, aunque su ritmo se ralentiza considerablemente cada vez que fracasamos, por lo que el viaje puede hacerse realmente largo antes de descubrir algo verdaderamente interesante. Por suerte, para lidiar con nuestro limitado espacio de inventario dispondremos de una carreta de bueyes que actúa como refugio y almacén móvil, aunque tendremos que protegerla hasta llegar de vuelta al bote. Desgraciadamente, la inteligencia artificial de esta resulta bastante errática y en numerosas ocasiones no funciona como debería, ralentizando innecesariamente la consecución de la misión. El juego también puede disfrutarse en solitario, aunque no es una modalidad especialmente recomendable, ya que la IA de nuestros compañeros deja bastante que desear y nos obliga a asumir todos los roles al mismo tiempo, algo que, unido al escaso espacio disponible, termina convirtiéndose en una auténtica odisea.

El combate refleja las limitaciones propias del siglo XVII. Las armas de fuego son extremadamente contundentes, pero sus largos tiempos de recarga nos obligan a medir muy bien cada disparo. En numerosas ocasiones tendremos que recurrir al combate cuerpo a cuerpo para hacer frente a los enemigos, incrementando todavía más la sensación de vulnerabilidad. Las expediciones pueden prolongarse durante horas y ese ritmo pausado consigue que cada enfrentamiento tenga consecuencias reales. Además, el juego recompensa claramente el sigilo y la observación del comportamiento de los enemigos, ya que cualquier ruido excesivo atraerá amenazas mucho más peligrosas y complicará enormemente la misión. También resulta importante aprender a identificar la gran variedad de criaturas que habitan la selva. Zombis, humanos corruptos, abominaciones deformes y otras criaturas pueblan unos escenarios donde, en más de una ocasión, la mejor decisión será simplemente huir.
El factor psicológico intensifica todavía más los combates y hace que nuestra percepción resulte cada vez menos fiable. Las alucinaciones pueden ocultar a nuestros aliados, hacer que los enemigos parezcan diferentes o transformar un paisaje aparentemente normal en un escenario completamente terrorífico, provocando dudas que pueden costarnos la vida en el momento más inoportuno. Esta mecánica genera una tensión constante, ya que la supervivencia no depende únicamente de nuestra habilidad con los controles, sino también de nuestra capacidad para distinguir qué amenazas son reales y cuáles forman parte de nuestra mente.

En cuanto a ambientación, el juego cumple con nota. Nos propone recorrer inquietantes escenarios selváticos repletos de bosques, templos abandonados, ruinas olvidadas y húmedas cuevas, entre otros muchos lugares cargados de misterio. La narración ambiental desempeña un papel fundamental, explicando silenciosamente siglos de historia sin necesidad de recurrir a largos textos o conversaciones. La dirección artística vuelve a demostrar el talento de ACE Team para crear imágenes difíciles de olvidar, apostando por un surrealismo grotesco donde los monstruos resultan profundamente perturbadores y donde incluso una conversación aparentemente cotidiana puede transformarse en una escena inquietante gracias a cuerpos deformes, proporciones imposibles y movimientos antinaturales. Todo ello contribuye a generar una tensión muy natural, sin necesidad de abusar de sustos fáciles o grandes artificios visuales.
El apartado sonoro también mantiene un gran nivel y consigue introducirnos de lleno en este oscuro universo gracias a una cuidada ambientación acústica. A ello se suma una localización muy completa, con subtítulos en once idiomas, incluido el castellano. También me ha gustado la posibilidad de seleccionar desde el propio menú el idioma preferente de la partida, facilitando así que se unan jugadores del mismo idioma y favoreciendo una mejor comunicación durante las expediciones.
En definitiva, The Mound: Omen of Cthulhu ha sido un sorprendente descubrimiento. Los chicos de ACE Team han sabido convertir la cordura en una de las mecánicas más interesantes de toda la experiencia, generando una tensión constante durante cada expedición y logrando que nunca terminemos de confiar plenamente en lo que estamos viendo. Bien ambientado y con una identidad muy marcada, se trata de un notable cooperativo para disfrutar con un grupo de hasta cuatro amigos que, si consigue pulir sus pequeños problemas de inteligencia artificial y ampliar su contenido con el paso del tiempo, tiene potencial para convertirse en uno de los referentes del género.
