Con Darwin’s Paradox! lo primero que nos viene a la cabeza es que estamos delante de uno de esos juegos que no intentan competir en lo típico, sino que buscan directamente tener personalidad propia, aunque eso signifique asumir ciertos riesgos en el diseño. De la mano del estudio francés ZDT Studio formado por veteranos de la industria del cine y los videojuegos, y apadrinados ni más ni menos por Konami nos llega esta atípica aventura. Nosotros lo hemos vivido como una propuesta bastante fresca dentro del género de plataformas con puzles, sobre todo porque desde el primer minuto se nota que la idea de controlar a un pulpo no es un simple recurso llamativo, sino el eje central de todo lo que el juego quiere proponer. Esa decisión marca tanto la jugabilidad como el ritmo, el tipo de situaciones y hasta el tono divertido de la aventura.
La historia nos sitúa en un escenario que empieza en el océano y rápidamente da un giro hacia un entorno mucho más artificial e industrial, con un trasfondo de ciencia ficción y extraterrestres que no resulta ser excesivamente complejo, y como motor para la progresión. Más que una historia en el sentido tradicional, se pretende acompañar la experiencia jugable con un hilo conductor sencillo pero funcional y funciona. Hay una clara intención de generar contraste entre la naturaleza de nuestro protagonista y el entorno hostil en el que nos vemos atrapados, y eso se nota en cada tramo del avance. La historia cumple su papel de dar contexto y mantener un mínimo interés por seguir avanzando, aunque es cierto que en algunos momentos nos habría gustado que se desarrollaran un poco más ciertos conceptos o personajes.
Donde realmente se intenta desmarcar el juego es en la jugabilidad, porque aquí es donde la idea del pulpo se explota de verdad. Nosotros controlamos a Darwin con un conjunto de habilidades que se sienten muy ligadas a su naturaleza, la capacidad de camuflarse, moverse por superficies de forma poco convencional, colarse por huecos estrechos o interactuar con el entorno de maneras que rompen con la lógica habitual de un plataformas clásico. Esto hace que cada nivel se plantee como un pequeño puzle en sí mismo, donde no siempre hay una única solución evidente y donde tendremos que experimentar con el entorno y con nuestras propias herramientas.

En este sentido, el juego acierta bastante en cómo introduce y combina mecánicas, porque no se queda estancado demasiado tiempo en una sola idea. Se siente que hay un esfuerzo constante por variar las situaciones, alternando entre momentos más de sigilo, otros más centrados en la resolución de puzles ambientales y algunos tramos donde el ritmo se acelera ligeramente para dar sensación de urgencia. Es cierto que el sigilo no siempre es su punto más sólido, ya que en ocasiones puede resultar algo irregular o depender demasiado de la prueba y error, pero incluso así no llega a romper la experiencia general.
También hay que hablar del control, porque siendo un personaje tan particular, era fácil que resultara torpe o difícil de manejar, pero en general responde bastante bien. Nosotros hemos notado que, cuando el juego se lo propone, consigue transmitir muy bien la sensación de fluidez y libertad de movimiento, especialmente cuando encadenamos acciones con las diferentes habilidades de nuestro pulpo. Sin embargo, también es justo decir que hay momentos en los que el diseño de algunos obstáculos o la precisión requerida puede generar pequeños picos de frustración, más por cómo están planteadas ciertas situaciones que por el control en sí.
En el apartado técnico y audiovisual nos encontramos probablemente con uno de los aspectos más llamativos del conjunto. El estilo artístico apuesta claramente por una estética de animación muy marcada, con personajes y escenarios que recuerdan a una película de animación moderna, con colores vivos y un diseño bastante expresivo, además la ausencia de cualquier tipo de HUD o indicativo en pantalla ayuda. Este enfoque le sienta muy bien al juego, acrecentando la sensación cinematográfica que le da bastante identidad propia.

Las animaciones del protagonista son especialmente destacables, porque consiguen transmitir muy bien la naturaleza del pulpo, con movimientos orgánicos y reacciones que hacen que Darwin se sienta vivo en todo momento. A nivel de rendimiento, en la versión que hemos jugado en Nintendo Switch 2, la experiencia se mantiene bastante estable en líneas generales. No hemos percibido problemas graves que afecten a la jugabilidad, y el juego se siente suficientemente fluido como para no romper la inmersión, lo cual es importante en una propuesta que depende tanto del control preciso y del timing. No hemos encontrado diferencias tan significativas como para considerarlo una versión distinta respecto a otras plataformas, más allá de la comodidad del formato portátil, que en este tipo de juegos siempre suma bastante.
En lo sonoro, el juego acompaña bien sin llegar a ser especialmente protagonista. La música cumple una función más ambiental y de acompañamiento que de protagonismo, lo cual encaja con el tipo de experiencia que se plantea. Los efectos de sonido, en cambio, sí ayudan bastante a reforzar la sensación de interacción con el entorno, especialmente en los momentos en los que utilizamos las habilidades del pulpo o interactuamos con mecanismos del escenario.
También merece la pena comentar el ritmo general del juego y su duración, porque aquí es donde encontramos uno de los puntos más debatibles. La experiencia está bien medida en términos de no alargarse artificialmente, pero al mismo tiempo se queda con la sensación de que algunas ideas podrían haberse desarrollado un poco más. Hay momentos en los que se intuye un potencial mayor, especialmente en la variedad de mecánicas y situaciones, pero el juego prefiere mantenerse contenido y directo, lo que hace que la aventura se complete en un tiempo relativamente ajustado -sobre las 5 horas-.

A nivel de diseño general, nos queda la impresión de que es un juego muy consciente de lo que quiere ser, pero que quizá no siempre se atreve a exprimir todas sus posibilidades. Aun así, eso no impide que la experiencia sea disfrutable de principio a fin, porque el núcleo jugable es lo suficientemente sólido y original como para sostener todo el conjunto. Lo más loable es esa capacidad de sorprender dentro de un género que a veces puede sentirse algo repetitivo cuando no se arriesga.
En conjunto, podemos decir que Darwin’s Paradox es una de esas propuestas que se apoyan mucho en su identidad propia para destacar, y que lo consigue en gran medida gracias a su protagonista, su enfoque de diseño y su apartado visual. Tiene sus altibajos, como ese sigilo algo irregular o ciertos momentos donde la dificultad puede sentirse un poco más brusca de lo necesario, pero en ningún caso sentimos que estos problemas rompan la experiencia global. Más bien se quedan como matices dentro de un conjunto que funciona mejor de lo que podría parecer a simple vista.
Al final, nos quedamos con la sensación de haber jugado a algo distinto, con encanto y con personalidad, que no necesita reinventar el género para resultar interesante. Es un juego que probablemente no aspire a ser perfecto, pero sí a ser recordado por su propuesta y por la forma en la que nos hace ver las cosas desde una perspectiva poco habitual, literalmente desde los ojos de un pulpo que intenta sobrevivir en un mundo que no está hecho para él. Y viendo este primer título, le auguramos a ZDT Studio una brillante carrera por delante.

