El lanzamiento sorpresa de Gobliiins Collection nos hace volver a un tipo de aventuras gráficas de otra época, no solo por su edad, sino por la forma tan particular en la que entendían el diseño de puzles y el humor. La saga nació bajo el paraguas de Coktel Vision, en un contexto muy concreto del videojuego europeo de finales de los ochenta y principios de los noventa, cuando aún había margen para propuestas experimentales dentro del género sin la necesidad de seguir fórmulas demasiado estandarizadas. En ese escenario aparece la figura de Pierre Gilhodes, responsable de dotar a la serie de una identidad visual inconfundible, con esos personajes grotescos, expresivos y deliberadamente caricaturescos que acabaron definiendo el tono de toda la franquicia.
Lo que hace especial a Gobliiins desde su origen no es tanto su historia como su planteamiento jugable. No estamos ante aventuras centradas en la narrativa, sino ante una estructura basada casi por completo en la resolución de puzles de pantalla cerrada. La idea de controlar a varios goblins con habilidades distintas, obligados a colaborar para activar mecanismos, manipular objetos o interactuar con el entorno, convierte cada situación en una especie de pequeño engranaje de lógica caótica donde la observación y la experimentación tienen más peso que cualquier otra cosa. Es un diseño muy de su tiempo, como los Lemmings, pero también muy personal, que ha hecho que la saga sea recordada con cariño y, al mismo tiempo, con cierta mezcla de frustración por su nivel de abstracción.

Gobliiins Collection reúne las cinco entregas principales de la saga, permitiendo ver su evolución completa en un solo recopilatorio. Los tres primeros juegos (1991-1993) representan la etapa más clásica y probablemente la más influyente, donde la fórmula se establece con mayor pureza. Aquí el diseño es más directo, pero también más implacable, con puzles que rara vez ofrecen pistas claras y que nos obligan a probar combinaciones de acciones hasta encontrar la solución correcta. El resultado es una experiencia muy característica, con momentos de ingenio brillante pero también con otros en los que la lógica interna nos puede resultar especialmente opaca desde una perspectiva actual.
Con el paso de las entregas, la serie va cambiando. Gobliiins 4 (2009) supone un intento de reinterpretar la fórmula dentro de un contexto más moderno, aunque ese cambio de enfoque no terminó de convencer a todos los aficionados por igual. Por su parte, Gobliiins 5 (2023) recupera gran parte de la identidad visual y jugable que hizo reconocible a la franquicia durante los años noventa, actuando como una continuación más cercana al espíritu de las entregas clásicas y reforzando la sensación de estar ante una saga que, pese al paso del tiempo, nunca ha renunciado a su personalidad.
Uno de los puntos más interesantes de esta recopilación es su vocación de preservación. Más allá de reunir los cinco juegos principales, el conjunto incorpora múltiples versiones de las entregas clásicas, permitiendo explorar distintas ediciones de los juegos. A esto se suman ilustraciones, documentos de desarrollo, material artístico, entrevistas y otros contenidos complementarios que ayudan a contextualizar la trayectoria de la franquicia. Todo ello refuerza la sensación de estar ante algo más que una simple recopilación, funcionando también como un archivo dedicado a conservar una pequeña pero muy particular parte de la historia de las aventuras gráficas en el contexto europeo.

En lo que respecta a la adaptación de los juegos originales, la colección mantiene un enfoque bastante fiel a las versiones clásicas. Esto implica que la experiencia base no se reinterpreta de forma profunda, sino que se traslada con ajustes destinados a facilitar su disfrute en sistemas actuales, como el control. Entre ellos encontramos diversas mejoras de calidad de vida relacionadas con la interfaz y las opciones de guardado, elementos que ayudan a suavizar algunas de las asperezas propias de títulos diseñados hace varias décadas. Aun así, la transición a mando introduce ciertas particularidades, ya que algunos de los puzles fueron concebidos originalmente para interacción directa mediante ratón, lo que puede afectar a la precisión en determinadas acciones o a la comodidad en situaciones concretas donde podamos requerir un control más fino.
El apartado audiovisual se mantiene dentro de los márgenes de este tipo de recopilatorios de juegos clásicos. No se trata de una reconstrucción o remasterización visual al uso, sino de una conservación del estilo original con las adaptaciones técnicas necesarias para su correcta visualización en consolas actuales. Esto permite que la identidad artística de la saga se mantenga intacta, con su estética peculiar, sus animaciones exageradas y su tono visual característico, que siguen siendo parte fundamental de su encanto incluso hoy en día.
En conjunto, la colección funciona como un ejercicio de recuperación histórica que además llega en un momento especialmente oportuno para la franquicia, coincidiendo con el lanzamiento de Gobliins 6: The Madmen of the Year 1000 (2026). Su valor principal reside en la posibilidad de acceder de forma unificada a los cinco primeros juegos, algo que no siempre ha sido sencillo debido a la dispersión de sus entregas a lo largo del tiempo, y en el trabajo de acompañamiento que refuerza su contexto creativo. Es un producto que apuesta claramente por la fidelidad al original, asumiendo tanto sus virtudes como sus limitaciones.

La experiencia global deja la sensación de estar ante un pack pensado sobre todo para quienes sienten interés por la historia de la franquicia o por propuestas de puzles alejadas de los estándares actuales y darle un contexto a la sexta entrega. A pesar de las mejoras de calidad de vida, el recopilatorio no busca modernizar la fórmula ni reinterpretarla, sino preservarla en su estado más clásico, lo que inevitablemente condiciona también la forma en la que se percibe hoy en día por un público más novel. Esa coherencia, precisamente, es una de sus principales fortalezas pero también puede resultar un inconveniente.
En definitiva, Gobliiins Collection destaca como un recopilatorio especialmente cuidado alrededor de una saga única dentro de las aventuras gráficas. Su atractivo no reside en reinventar los originales, sino en ponerlos al alcance de una nueva generación respetando sus virtudes, sus rarezas y su personalidad. Entre la cantidad de contenido incluido, el valor histórico de las obras recopiladas y el esfuerzo realizado para contextualizar su legado, estamos ante una colección tan peculiar como recomendable si disfrutamos del género. Hubiera sido ideal que el recopilatorio hubiera incluido también la sexta entrega, pero incluso sin ella sigue siendo una forma excelente de recorrer la historia de la franquicia.

