En el mundo de los videojuegos se ven en ocasiones ideas extravagantes y muy extrañas. Un tren haciendo acrobacias como si fuera un skater es una de esas premisas que cuesta imaginar convertida en un videojuego, pero precisamente ahí reside la magia de Denshattack!, la nueva propuesta de Undercoders. El estudio barcelonés vuelve a apostar por una idea diferente, de esas que recuerdan a una época donde los videojuegos no tenían miedo de ser extraños, rompedores y completamente imprevisibles. Lo que podría haber sido únicamente un concepto llamativo se transforma en una experiencia arcade con mucha personalidad, que mezcla velocidad, habilidad, una estética muy marcada y una filosofía basada en dominar sus mecánicas.

Denshattack! nos sitúa en un futuro alternativo donde Japón ha sufrido las consecuencias del cambio climático y las grandes corporaciones controlan los recursos y las infraestructuras. En este escenario, las vías ferroviarias se convierten en mucho más que simples rutas de transporte, ya que una comunidad de rebeldes utiliza sus trenes modificados para enfrentarse al sistema a través del Denshattack, una disciplina que mezcla competición, espectáculo y acrobacias imposibles. La historia sirve como contexto para presentar un mundo lleno de personajes extravagantes y situaciones exageradas, pero nunca intenta robar protagonismo a lo que realmente importa, manejar nuestro tren a toda velocidad y superar cada desafío que se nos presente.

La primera sensación al jugar es comprobar que la idea funciona muchísimo mejor de lo esperado. Aunque la comparación con los juegos de skate resulta inevitable por su sistema de acrobacias y puntuaciones, Denshattack! encuentra su propia identidad gracias a un control adaptado a las características de un tren. Lógicamente no manejaremos un vehículo pesado y limitado, sino una máquina capaz de saltar, deslizarse, girar en el aire, recorrer raíles y realizar movimientos que desafían cualquier lógica. La gracia está en aprender a controlar sus inercias y entender cómo aprovechar cada elemento del escenario para conseguir mantener los combos de puntuación.

Durante los primeros compases necesitaremos tiempo para acostumbrarnos a sus controles. El juego no regala sus mejores momentos desde el inicio y dominar todas las posibilidades del tren requiere práctica. Los errores serán habituales mientras aprendemos cuándo saltar, cómo enlazar acrobacias o qué recorrido seguir para no perder velocidad. Sin embargo, esa exigencia termina jugando a nuestro favor, porque cuando empezamos a comprender sus reglas aparece una sensación de control y satisfacción muy similar a la de los grandes arcades de habilidad -Tony Hawk’s Pro Skater por poner un ejemplo-.

Los niveles están diseñados alrededor de esa idea. Más que simples caminos hasta el objetivo final, funcionan como grandes circuitos donde cada zona ofrece oportunidades para mejorar nuestra puntuación y descubrir nuevas formas de avanzar. En una primera partida nos dedicaremos a sobrevivir y entender el recorrido, pero poco a poco empezaremos a buscar mejores líneas, rutas alternativas y momentos concretos donde conseguir combos más espectaculares, además de poder recoger los distintos coleccionables del escenario. Es en esa segunda vuelta cuando Denshattack! demuestra realmente sus intenciones, convirtiéndose en un juego donde perfeccionar nuestra ejecución es tan importante como completar la campaña.

Una de las mayores virtudes del título es que sabe introducir novedades constantemente. La fórmula podría haberse agotado fácilmente si se limitara a repetir la misma estructura durante toda la aventura, pero cada nueva zona incorpora situaciones diferentes y mantiene la sensación de descubrimiento -con elección de rutas o el uso de otros «vehículos» por ejemplo-. Los enfrentamientos contra jefes son especialmente destacables, ya que aprovechan todo lo aprendido durante las fases normales para ofrecer combates sorprendentes, muy bizarros y muy alejados de los enfrentamientos tradicionales. Cada uno presenta una idea diferente y consigue llevar el concepto del juego hasta situaciones completamente disparatadas, pero siempre manteniendo la coherencia con sus mecánicas.

La progresión también aporta profundidad gracias a la posibilidad de desbloquear nuevos trenes con características propias. No se trata simplemente de cambios visuales, ya que cada modelo modifica distintos atributos del tren, potenciando aspectos como la velocidad de las acrobacias, la generación de energía o determinadas capacidades a cambio de sacrificar otras. Esto permite adaptar ligeramente nuestra forma de afrontar cada nivel y añade un interesante componente estratégico si buscamos la máxima puntuación. Esta personalización, junto a los coleccionables y los desafíos secundarios, consigue que volver a fases anteriores tenga sentido.

La campaña principal ofrece una duración cercana a las diez horas, aunque completar todos los desafíos, conseguir las mejores calificaciones y desbloquear todo el contenido puede duplicar fácilmente esa cifra si queremos exprimir al máximo sus posibilidades.

El apartado audiovisual es otro de los grandes protagonistas de la experiencia. Denshattack! apuesta por una estética llena de color, con una clara inspiración en el anime, la cultura japonesa futurista y aquellos videojuegos de finales de los noventa y principios de los dos mil que buscaban destacar por su estilo y personalidad -Jet Set Radio sin ir más lejos-. Sus escenarios llenos de colores, sus diseños exagerados y su energía constante transmiten una sensación muy especial, como si estuviéramos ante una producción perdida de una época donde cualquier concepto podía convertirse en realidad.

La música acompaña perfectamente esa filosofía. Su banda sonora aporta ritmo y velocidad a cada recorrido, reforzando la espectacularidad y la sensación arcade donde cada salto y cada truco forman parte de una coreografía. Es uno de esos apartados que no solo acompaña la acción, sino que forma un todo indivisible con el resto del juego.

No todo es perfecto. La historia cumple su función, pero no profundiza demasiado en sus personajes o en su mundo, ya que funciona principalmente como una excusa para dar contexto a la acción. Además, la curva de aprendizaje puede alejar a quienes busquen una experiencia más inmediata, y en algunos momentos donde la velocidad y los elementos en pantalla aumentan, la cámara puede no resultar tan precisa como nos gustaría. Son pequeños inconvenientes dentro de una propuesta que tiene muy claro lo que quiere ofrecer y podemos decir que lo consigue.

Denshattack! es uno de esos juegos que demuestran que todavía hay espacio para ideas completamente locas e inesperadas. Convertir un tren en un protagonista capaz de realizar acrobacias parecía una locura, pero Undercoders consigue transformar esa ocurrencia en un arcade sólido, divertido y lleno de personalidad. Su mezcla de velocidad, trucos acrobáticos, desafíos y estética única lo convierte en una experiencia diferente que crea su propia tendencia. Puede que no sea una aventura para todos los jugadores, pero quienes conecten con su propuesta encontrarán un título con muchísimo encanto, capaz de recuperar ese espíritu de sorpresa y creatividad que tantas veces ha definido a los videojuegos.