DAVE THE DIVER ya era, por sí solo, una de esas propuestas que nos costó encasillar sin simplificarla demasiado. Un juego que consiguió destacar precisamente por esa mezcla tan poco habitual de ideas como la exploración submarina, la gestión de un restaurante y una estructura de progresión que, sin ser compleja en apariencia, acababa enganchando por la forma en la que encajaban todas sus piezas. Con el tiempo, el juego terminó consolidándose como uno de los indies más reconocibles de su momento, no tanto por revolucionar un género concreto, sino por su capacidad para combinar varios de forma coherente y con una personalidad única.
Con este contexto llegamos a In the Jungle, una expansión que no se limita a añadir contenido adicional, sino que directamente propone trasladar el núcleo jugable a un entorno completamente distinto. Y lo primero que notamos es que esa decisión no es solo estética. Cambiar el océano por una jungla repleta de sistemas de agua dulce implica alterar sensiblemente el ritmo de juego, las dinámicas de exploración y, en cierto modo, la forma en la que progresa nuestro personaje.
La historia arranca con la misma naturalidad que caracterizaba al juego original, sin grandes explicaciones iniciales. Dave vuelve a verse arrastrado, esta vez hasta la aldea de Utara, a una nueva aventura que mezcla exploración, personajes peculiares y una serie de objetivos que sirven de excusa para adentrarnos en esta nueva región. Lo interesante es que, aunque el tono sigue siendo desenfadado y con toques de humor constantes, la expansión aprovecha para introducir un entorno más “terrestre” en su narrativa, con una comunidad local a la que satisfacer y una sensación de aventura que se aleja de la simple inmersión submarina del juego original.

Sin entrar en detalles que destripen demasiado, sí podemos decir que la presencia de nuevos personajes y facciones vuelve a ser clave. La expansión entiende bien que una de las mayores fortalezas del juego base no era solo su jugabilidad, sino también su capacidad para rodear a Dave de un elenco de personajes tan estrafalarios como carismáticos. Aquí esa idea se mantiene, aunque con un enfoque algo más contenido. No todo gira únicamente en torno al humor constante, sino que también hay momentos de exploración, donde el nuevo entorno gana protagonismo con antiguos templos misteriosos y la traicionera jungla.
En lo jugable, el cambio de escenario es mucho más relevante de lo que podría parecer en un primer momento. La sustitución del buceo en mar abierto por un lago de agua dulce dentro de la selva no solo afecta al tipo de criaturas que encontramos, sino también al entorno. El diseño de los fondos, la verticalidad de algunas zonas y la forma en la que se conectan ciertos espacios obligan a replantear ligeramente nuestras inmersiones. Ya no estamos en un entorno tan amplio y predecible como el océano de la aventura anterior, sino en algo más fragmentado, más denso y, en muchos momentos, más opresivo en el buen sentido.
La exploración sigue manteniendo ese componente de gestión del oxígeno, el inventario y el riesgo-recompensa que ya conocíamos, pero la sensación de ritmo cambia. Aquí las inmersiones van a resultarnos más cortas pero más intensas, con encuentros que aparecen de forma más directa y con menos margen para la planificación a largo alcance. Esto hace que la expansión gane en dinamismo, aunque también en tensión.

En paralelo, la gestión del restaurante sigue siendo una parte fundamental de la experiencia, aunque en esta ocasión se introduce una ligera variación en su ritmo. No cambia completamente el sistema, pero lo hace más dinámico y encaja con el contexto de la expansión. La sensación general es que se mantiene el equilibrio entre la obtención de recursos durante el día y su explotación durante la noche, pero con algunas pequeñas modificaciones que nos obligan a prestar atención a detalles distintos a los habituales.
Más allá de este cambio de escenario, la expansión también incorpora varias novedades que ayudan a diferenciarla del juego original. La aldea de Utara cobra un papel importante como punto de encuentro para nuevos personajes y misiones, mientras que la exploración gana algo más de protagonismo fuera del agua con pequeños recorridos por la jungla, templos y otras localizaciones que rompen la rutina habitual de las inmersiones. Tampoco faltan nuevas especies de agua dulce, recetas y objetivos secundarios que amplían el contenido disponible sin alterar la esencia de la experiencia y ofreciendo algo más de diez horas de contenido.
A nivel de progresión, In the Jungle mantiene la estructura de mejora constante del juego base, algo que sigue funcionando especialmente bien. La sensación de avanzar poco a poco, de ampliar las capacidades de Dave y de desbloquear nuevas herramientas sigue siendo uno de los pilares de la experiencia. La expansión no rompe con esto, sino que lo amplía con nuevos elementos que encajan dentro del mismo sistema. Y aquí es donde se aprecia uno de sus mayores aciertos al no intentar reinventar el juego, sino estirarlo en la dirección adecuada.
Si algo podemos señalar como punto menos pulido, es que en algunos momentos la expansión da la sensación de apoyarse demasiado en la estructura ya conocida. Aunque el cambio de entorno ayuda a disimularlo, hay tramos en los que la repetición de ciertas dinámicas puede hacerse evidente, especialmente si ya hemos exprimido el juego original al máximo. No llega a romper la experiencia en ningún momento, pero sí es un recordatorio de que estamos ante una expansión que juega dentro de los límites de sus propias reglas. Aun así, la sensación general es claramente positiva. In the Jungle consigue algo que no siempre es sencillo en este tipo de contenidos adicionales, y es justificar su existencia más allá de ser “más de lo mismo”. Y aunque no todo resulta completamente novedoso, sí lo suficiente como para que el conjunto se sienta fresco.

En el apartado técnico y audiovisual, la expansión mantiene el estilo característico del original, con esa mezcla de pixel art y escenarios tridimensionales que ya definían su identidad visual. La transición a un entorno selvático aporta un cambio notable en la paleta de colores y en la densidad de los escenarios, que ahora tienden a ser más cerrados, más cargados de vegetación y con una sensación constante de profundidad visual. No hay un salto técnico significativo respecto a la experiencia anterior, pero sí una coherencia estética con el entorno planteado.
La música y el diseño sonoro siguen cumpliendo una función más ambiental que protagonista. No es un apartado que vaya a llamarnos la atención, sino que acompaña la acción y refuerza el tono relajado o tenso según el momento. En este sentido, la expansión mantiene la misma filosofía del original, algo que probablemente sea lo correcto, ya que un cambio demasiado agresivo en este aspecto habría roto la identidad del juego.
En conclusión, estamos ante una expansión que entiende perfectamente qué hacía especial al juego base y que, en lugar de intentar hacerlo todo diferente, decide trasladar su fórmula a un nuevo entorno para explorar sus mismas ideas desde una perspectiva distinta y con otra dinámica. Es una extensión coherente y bien medida de un sistema que ya funcionaba y por ello lo mejor era no alejarse de la fórmula original. Para nosotros, la experiencia sigue siendo tan entretenida como reconocible, y eso es precisamente lo que hace que In the Jungle encaje tan bien dentro del universo de DAVE THE DIVER y ya tenemos curiosidad por descubrir qué nos deparará Bancho the Chef, la próxima iteración de la franquicia.

