El género de los metroidvania es uno de mis favoritos, y hace poco ya lo visteis con el análisis de Grime II, un título que me gustó mucho. Sin embargo, hoy vengo a hablaros de otro tipo de experiencias que también me encantan: los hidden games. Esos juegos relajados para desconectar un rato mientras buscamos todo tipo de objetos en pantalla; mi favorito sigue siendo Hidden Folks. ¿Y por qué hablo de estos dos géneros? Porque hace un tiempo decidí explorar los metroidvania más rarunos, como HeroSquare, un título minimalista con estética retro de los años 80 en el que controlamos a un cuadrado que debe explorar un mundo colorido y peligroso para rescatar a su amigo. En esa búsqueda también me llamó bastante la atención A Castle Full of Cats.

Sus desarrolladores han decidido bautizar su propuesta como “Catvania”, y aunque el nombre es curioso, la realidad es que estamos ante una mezcla bastante interesante entre los hidden games y los metroidvania. Con A Planet Full of Cats, Devcats ha ido un paso más allá, y en este análisis os cuento por qué se trata, probablemente, de la mejor obra del estudio hasta la fecha. En esta ocasión tomamos el control de Judy, una intrépida cazarrecompensas enviada al sistema federal felino para investigar una misteriosa señal de auxilio proveniente del planeta Gattaca. Aquí se nota un mayor énfasis narrativo respecto a entregas anteriores, dando más personalidad a los gatos y creando una atmósfera más trabajada, con pequeños detalles en los diálogos que ayudan a dar contexto al mundo.

La mecánica principal sigue siendo la de buscar objetos ocultos, pero con ciertos matices. Deberemos ir revelando gatos escondidos por los distintos escenarios, interactuando con el entorno mediante el ratón. No se trata solo de hacer clic sin más, sino de prestar atención a pequeños detalles visuales y a las pistas del entorno. Por ejemplo, en Furzon, nuestro compañero Fofiño nos pedirá ayuda para equipar a los gatos con trajes que les permitan soportar el frío. Este tipo de situaciones aportan variedad al desarrollo y evitan que todo se reduzca únicamente a localizar figuras en pantalla.

A medida que avanzamos, la cantidad de elementos que debemos encontrar aumenta, y aquí es donde entra en juego su vertiente metroidvania. No siempre podremos progresar como queremos, ya que habrá caminos bloqueados que requieren determinados objetos o habilidades. El backtracking está muy presente, obligándonos a revisitar zonas anteriores una vez conseguimos nuevos power-ups. Esto también se aplica a las misiones principales, que en ocasiones quedan pausadas hasta que obtenemos el objeto necesario. Además, se introducen pequeños rompecabezas que rompen la rutina y aportan algo de dinamismo, manteniendo el interés durante toda la partida.

El diseño del mapa sigue las bases del género, con una estructura interconectada bastante clara. En esta ocasión, además, se nos muestran incluso las habitaciones secretas, lo que facilita la exploración. En general, moverse por el mapa resulta intuitivo, y tras las quejas de los jugadores, el último parche añadió viaje rápido, algo que mejora considerablemente la experiencia al evitar desplazamientos innecesarios entre zonas ya exploradas.

Judy cuenta con varios power-ups que hacen la exploración más llevadera. Entre ellos destaca un guantelete que permite descubrir espacios ocultos o un traje especial para acceder a zonas extremadamente frías. También disponemos de un rastreador con tiempo de recarga que nos ayuda a localizar los últimos gatitos de cada nivel, algo especialmente útil cuando ya hemos revisado todo varias veces y aun así se nos escapa alguno, reduciendo la frustración en los tramos finales.

Donde realmente destaca el juego es en su apartado audiovisual. El estilo artístico apuesta por un acabado dibujado a mano en el que los gatos se mimetizan con el entorno de forma muy ingeniosa. Al hacer clic sobre ellos, se colorean y destacan claramente frente al fondo, lo que genera una sensación muy satisfactoria. Cada bioma tiene su propia identidad visual, con paletas de colores bien diferenciadas; por ejemplo, en zonas submarinas predominan los tonos azules, lo que ayuda a reforzar la ambientación.

En el apartado sonoro, el juego apuesta por música relajante de estilo lo-fi acompañada de sintetizadores suaves, reforzando esa sensación de exploración tranquila en un planeta alienígena. Cada bioma cuenta con matices sonoros propios, evitando que la experiencia se vuelva repetitiva. Además, abundan efectos como maullidos o ronroneos que encajan perfectamente con la temática. Todo ello está diseñado para no resultar intrusivo y permitirnos centrarnos en el gameplay. Como añadido, el juego llega subtitulado a 13 idiomas, incluyendo un castellano muy bien adaptado.

En definitiva, A Planet Full of Cats es un juego bastante especial. Si eres fan de los gatos o simplemente buscas un metroidvania diferente, esta propuesta puede encajar perfectamente contigo. No alcanza las duraciones habituales del género, ya que ronda las cinco o seis horas dependiendo del ritmo de juego y del nivel de completismo, pero ofrece una experiencia agradable, variada y con personalidad propia. Por poco más de 7 euros, es una opción muy recomendable para disfrutar de una buena tarde de desconexión.