Ereban: Shadow Legacy, el título debut del estudio barcelonés Baby Robot Games, se lanzó originalmente en PC hace aproximadamente un año, y ahora da el salto a consolas de nueva generación como PlayStation 5 y Xbox Series X|S. Esta llegada permite revisitar una propuesta que, desde su estreno inicial, ya había llamado la atención por su enfoque particular del sigilo y por una identidad visual bastante marcada. Con esta nueva versión, la experiencia se mantiene intacta en lo jugable, pero se adapta al público de consola con un rendimiento sólido y una presentación que sigue siendo muy llamativa.
La propuesta nos sitúa en un mundo donde la oscuridad y la luz no son solo elementos estéticos, sino parte fundamental del diseño jugable. La historia nos presenta a Ayana, última superviviente de la sangre Ereban, una fugitiva que se ve obligada a sobrevivir en un entorno hostil mientras descubre los secretos que rodean su linaje y los acontecimientos que llevaron a su situación actual. Sin entrar en grandes giros, la historia consigue mantener el interés gracias a un ritmo constante y a la forma en la que va dosificando la información. A lo largo de los distintos capítulos, se incorporan documentos y registros que amplían el contexto del mundo y aportan una sensación de trasfondo más trabajado de lo que puede parecer en un primer momento.
En lo jugable, el título se centra claramente en el sigilo como pilar principal. El diseño de niveles invita a observar, planificar y ejecutar movimientos precisos, premiando la paciencia y la lectura del entorno. Nuestra protagonista cuenta con la capacidad de fundirse con las sombras, lo que introduce una mecánica central muy interesante, desplazarse a través de zonas oscuras como si fueran una extensión de ella misma. Esta habilidad no es ilimitada, ya que funciona con tiempos de reutilización, lo que obliga a utilizarla con cabeza y no como una solución constante.

A medida que se avanza, este sistema se va ampliando con nuevas posibilidades que hacen que el movimiento sea cada vez más flexible. No se trata únicamente de esconderse, sino de encadenar acciones entre luz y oscuridad, buscando siempre el momento adecuado para avanzar sin ser detectado. El diseño de niveles acompaña bien esta idea, ofreciendo rutas alternativas, espacios verticales y situaciones donde la observación del entorno se vuelve clave para progresar sin alertar a los enemigos.
Esta libertad de movimiento se traslada también a la toma de decisiones éticas. El juego no nos impone una forma única de interactuar con los enemigos, podemos optar por un enfoque letal o por intentar pasar totalmente desapercibidos. Esta elección no solo afecta a la dificultad y al ritmo de cada uno de los 8 niveles, sino que también tiene peso en la narrativa, condicionando el desenlace de la historia de Ayana según el rastro que decidamos dejar a nuestro paso.
Junto a estas mecánicas principales, el juego introduce una serie de herramientas adicionales que amplían nuestras opciones. Entre ellas se incluyen dispositivos de exploración que permiten analizar zonas a distancia, mecanismos para marcar enemigos, objetos de distracción y elementos útiles para desactivar ciertos sistemas del entorno. Estas herramientas no están pensadas para romper el ritmo del sigilo, sino para complementarlo, ofreciendo soluciones distintas según el estilo de juego de cada uno. Su uso está ligado a la exploración y a la recolección de recursos, lo que añade un pequeño componente de gestión sin llegar a complicar en exceso la experiencia.

El sistema de progresión también está integrado dentro de esta estructura. Las mejoras no se obtienen de forma automática, sino que requieren explorar escenarios secundarios y encontrar materiales específicos repartidos por el mapa. Estos espacios opcionales están diseñados para fomentar nuestra curiosidad, ya que no solo ofrecen recursos, sino también información adicional sobre el lore del juego. De esta forma, la exploración no se siente como algo separado o artificial, sino como una extensión natural del propio avance. Uno de los elementos más interesantes es la relación entre la luz y la oscuridad. El juego nos establece reglas claras, en zonas iluminadas, Ayana pierde su ventaja principal, lo que obliga a replantear constantemente la forma de avanzar. En cambio, cuando el entorno es oscuro, el movimiento se vuelve mucho más fluido y creativo. Esta dualidad aporta variedad a las situaciones y evita que el sigilo se vuelva monótono, ya que obliga a adaptarse a distintos contextos de forma continua.
En el apartado visual, el juego apuesta por un estilo estilizado y colorido gracias al cel-shading, con un enfoque artístico que prioriza la personalidad sobre el realismo. Los escenarios presentan una mezcla de entornos tecnológicos y orgánicos que ayudan a construir una identidad propia para cada bioma. La claridad visual también juega un papel importante, ya que es fundamental para identificar rutas seguras, zonas de sombra y peligros potenciales. En consola -PlayStation 5 normal en nuestro caso-, el rendimiento se mantiene estable a 60 cuadros por segundo, con tiempos de carga razonablemente cortos y una fluidez que acompaña muy bien al ritmo del juego.
El apartado sonoro cumple su función de manera discreta pero efectiva. La música acompaña las situaciones de tensión y exploración sin romper la inmersión. Los efectos de sonido ayudan a reforzar la sensación de sigilo, especialmente en momentos donde cualquier ruido puede suponer un error. El juego cuenta con voces en inglés y subtítulos en castellano, lo que facilita el seguimiento de la historia sin problemas.

En conjunto, esta versión consolera mantiene intactas las mismas virtudes del lanzamiento original y permite descubrir una experiencia centrada en el sigilo desde una perspectiva dinámica y accesible. La combinación de mecánicas de infiltración, movilidad basada en sombras y un diseño de niveles que favorece la experimentación en la búsqueda de rutas alternativas da lugar a una propuesta sólida, que sabe mantener el interés a lo largo de toda su duración -entre 5 y 6 horas si no vamos a por todos sus secretos- sin recurrir a complicaciones excesivas.
Como conclusión, Ereban: Shadow Legacy es una aventura que apuesta claramente por el sigilo como núcleo jugable y consigue desarrollar una identidad propia dentro del género. Sin necesidad de grandes comparaciones ni referencias externas que podemos ver en otros títulos, su propuesta se sostiene por sí sola gracias a un sistema de juego coherente, una ambientación bastante cuidada y una progresión bien medida. Es una experiencia que recompensa la paciencia, la observación y la experimentación, y que se disfruta especialmente cuando se entra en su ritmo y se aprovechan todas las herramientas que pone a nuestra disposición.
