Gran Turismo es la franquicia más exitosa y longeva de todas las producidas por Sony. No resulta extraño, por tanto, que a lo largo de estos 25 años de historia se haya convertido en uno de los pilares básicos de PlayStation, cimentando durante su trayectoria una imagen de marca muy particular e identificable. Cuando uno se pone a los mandos, sabe que se encuentra frente a un Gran Turismo.

Gran Turismo 7 no es la excepción y todo, desde las suaves melodías de los menús hasta la icónica cuenta atrás sonora que marca el inicio de cada evento, sirve para recordarnos constantemente que estamos en casa, para que nos sintamos en terreno familiar. Es similar a esa agradable sensación que te produce reencontrarte con un viejo amigo de toda la vida y poder tomarte una caña con él mientras conversáis sobre los buenos momentos que vivisteis juntos en el pasado. El problema está cuando pasan los minutos y la nostalgia deja de hacer su efecto, llevándote a descubrir que todos los defectos y manías de tu amigo, esos que tanto te irritaban en su día, siguen estando bien presentes.

Los primeros momentos de Gran Turismo nos dan una breve muestra de Music Rally, uno de los nuevos modos de juego. Es un inicio un tanto desconcertante, puesto que una carrera contra el crono en la que el límite del tiempo está marcado por el ritmo de diversas melodías de música clásica no es lo que uno esperaría de un Gran Turismo, pero sirve perfectamente para ofrecernos una primera toma de contacto con el volante. Gran Turismo, como no podría ser de otra manera, ofrece una experiencia de conducción fantástica, moviéndose a la perfección dentro de ese estilo de “pseudo-simulador” en el que el objetivo es conseguir transmitir la sensación de estar al mando de nuestro vehículo y hacer que este responda de forma lógica y realista a nuestras acciones y a nuestra capacidad de pilotaje, pero de forma simplificada para no alcanzar el nivel de exigencia que requieren otros simuladores más puros.

Un gran motor de físicas, el impacto de la climatología en la conducción o lo bien implementadas que están las diferencias marcadas por las características propias de cada vehículo -peso, potencia, tracción, etc- hacen que conducir en Gran Turismo 7 sea un auténtico placer, lo cual se ve potenciado por un inteligente uso del Dual Sense. Los gatillos del mando de la nueva consola de Sony se adaptan a cada situación para permitirnos saber cuando acelerar y frenar o cuando nuestro coche está perdiendo agarre y la vibración haptica logra transmitir a nuestras manos las fuerzas a las que está sometido nuestro vehículo en cada situación, haciendo que sintamos cada curva que tomamos al límite o cada badén que pisamos, alcanzando un grado de inmersión que hay que experimentar por uno mismo, pues resulta muy difícil de expresar con palabras.

Sin embargo, por desgracia, todo lo avanzado en cuanto a realismo y simulación está a punto de venirse abajo por culpa del nulo progreso que ha habido en uno de los tradicionales lunares negros de la saga: el motor de colisiones. Resulta descorazonador comprobar que en pleno 2022 todavía puede salir al mercado un pretendido simulador de coches en el que no tocar el freno y tomar las curvas chocando contra los rivales y contra los límites del circuito no solo resulte viable, sino que en ocasiones pueda ser una estrategia incluso más óptima que el frenar para poder realizar un trazado correcto. La penalización que el juego impone por jugar “mal” es ridícula y en estos choques nos limitaremos a rebotar, sin apenas perder velocidad, y los daños brillan por su ausencia al limitarse a aspectos cosméticos, sin impacto en la conducción. Quizá la ausencia de daños se comprenda por las cláusulas que algunas de las marcas pueden imponer a cambio de ceder la licencia para que sus vehículos estén representados en el juego, pero Gran Turismo necesita por fin un motor de colisiones acorde a la época en la que estamos.

Una vez superada la breve toma de contacto con el modo Music Rally nos encontramos frente al menú principal del juego, desde el que inicialmente solo podremos acceder a nuevas pruebas de Music Rally o al modo Carrera. Al iniciar este último modo, asistiremos a una larga secuencia de introducción que nos hará un repaso de la historia del automovilismo, desde la París–Bordeaux–París con la que todo comenzó en 1895 hasta la actualidad. Es una escena de video emotiva para cualquier amante de las competiciones de motor y con la que se consigue marcar muy claramente el tono del resto del modo carrera: Gran Turismo 7 llega, como no podía ser de otra manera, con vocación de ser un sentido homenaje a la industria del automóvil. Esta pasión por las cuatro ruedas ha sido una constante desde los inicios de la saga, pero Gran Turismo 7 es quizá la entrega en la que esto queda mas patente.

En esta ocasión se ha dotado al modo carrera de una estructuración por objetivos que evita la sensación de caos experimentada en anteriores campañas, donde a veces el jugador podía sentirse un tanto abrumado con la cantidad de opciones que se le ofrecían desde un primer momento. Estos objetivos giran alrededor del GT Cafe, un espacio virtual de encuentro para apasionados del motor que nos encargaran diversas tareas relacionadas principalmente con la obtención de nuevos vehículos o con la mejora de los que ya tenemos, lo cual, a su vez, nos permitirá ir desbloqueando cada vez más opciones y circuitos. Ademas, y cumpliendo con la intención de ser un gran museo interactivo, cada vez que obtengamos un set de coches completo se nos agasajara con una breve escena detallando sus características y su importancia en la historia del automovilismo.

El hecho de tener siempre marcada una próxima meta consigue que el modo carrera de Gran Turismo 7 resulte muy adictivo, logrando que nos piquemos por ir consiguiendo cada vez más y más vehículos, aunque la reiteración de objetivos hace que la estructura resulte un poco monótona. Las primeras horas pueden hacerse poco duras, pues la progresión es muy lenta, pilotaremos coches con muy poca potencia -la sensación de velocidad sigue sin estar bien recreada en estos casos- y las carreras resultan muy poco estimulantes al ofrecer muy poco reto. Parte de la culpa la tiene la IA de los pilotos rivales, que sigue sin estar a la altura y no resulta nada agresiva, aunque, por suerte, en una próxima actualización se incorporará Sophy, la prometedora IA desarrollada por la división de Machine Learning de Sony en conjunto con Polyphony Digital, pero hasta la llegada de dicha actualización solo encontramos un verdadero reto competitivo en un modo online que incorpora todo lo aprendido durante los 5 años de trayectoria de Gran Turismo Sport.

Esta mezcla de innovación y apego a las raíces se traslada al apartado gráfico. Técnicamente Gran Turismo 7 es un prodigio que empuja un poco más los limites en cuanto a modelados, materiales, iluminación y una climatología dinámica que impacta directamente en la conducción, sazonado con una atención por el detalle totalmente enfermiza, pero a nivel visual se notan ciertas inconsistencias. Supongo que Gran Turismo 7 se habrá construido sobre una versión ligeramente modificada del motor de Gran Turismo Sport y por tanto se habrán reutilizado elementos por todas partes, lo que explicaría las diferencias visuales existentes entre algunos de los circuitos y también entre coches. Algunos de los trazados son impactantes, mientras que otros muestran un acabado muy terrenal y solo ligeramente por encima de lo visto en la anterior entrega de la saga.

Gran Turismo 7 no es, por tanto, uno de los mejores ejemplos de lo que puede darnos PlayStation 5 en un futuro y su naturaleza intergeneracional sale a relucir con frecuencia, aunque, como ya he comentado anteriormente, el buen uso que se le ha dado al Dual Sense marca una diferencia radical, al igual que la reducción de los tiempos de carga que permite el SSD. Iniciar una carrera pasa de necesitar más de medio minuto en PlayStation 4 a una carga prácticamente instantánea en la nueva consola de Sony.

Con toda certeza el ciclo de vida del juego será largo, pues los tiempos de desarrollo son largos y en esta nueva entrega se han reunido todas las condiciones necesarias para que Gran Turismo 7 se convierta en una especie de juego-servicio sostenido durante años con actualizaciones periódicas. Esto es a la vez una oportunidad y un problema, puesto que los puntos problemáticos del juego pueden pulirse en un futuro con actualizaciones, tal y como se va a hacer con la inteligencia artificial, pero, por otro lado, se corre el riesgo de que esas mejoras nunca lleguen y las deficiencias de Gran Turismo se prolonguen durante años. Gran Turismo 7 en su estado actual es un grandísimo juego de conducción que no va a decepcionar a ninguno de los seguidores de la saga: adictivo, cargado de contenido, con un cuidado y un mino exquisito y muy divertido al volante, pero, al mismo tiempo, también tiene sombras que hacen que se quede lejos del Olimpo de los más grandes.

 


Este análisis ha sido realizado en PlayStation 5 mediante una copia cedida por Lastlap