River City Saga: Journey to the West no es simplemente otra entrega más dentro del universo Kunio-kun, sino una nueva reinterpretación de una de las franquicias más longevas y caóticas del panorama japonés. Una saga que, pese a su enorme recorrido, sigue siendo relativamente desconocida en Occidente debido a una distribución irregular y a las múltiples localizaciones y cambios de identidad que ha sufrido a lo largo de los años. Hablamos, una vez más, del universo creado originalmente por Technōs Japan.

Technōs Japan, estudio fundado por antiguos miembros de Data East y activo entre 1981 y 1996, dejó como legado dos pilares fundamentales del beat’em up: Double Dragon y Kunio-kun. Mientras la saga de los hermanos Lee se convirtió en un fenómeno global con adaptaciones en prácticamente todos los medios posibles, Kunio-kun siempre ha vivido en una realidad mucho más fragmentada fuera de Japón. Sus entregas rara vez llegaron de forma fiel a Occidente, y cuando lo hicieron, lo habitual era encontrar versiones occidentalizadas que modificaban personajes, nombres e incluso contextos, como ocurrió con el mítico Renegade o con el no menos popular River City Ransom -Street Gangs para Europa-.

Con el paso del tiempo, y tras pasar por distintas manos como Million Co. o actualmente Arc System Works, la franquicia ha ido evolucionando hacia propuestas cada vez más experimentales. En este sentido, River City Saga ya había dado un primer paso importante con su reinterpretación de Romance de los Tres Reinos, demostrando una clara intención de trasladar el universo Kunio-kun a grandes relatos históricos y literarios de la cultura asiática. Journey to the West continúa esa línea, pero da un giro aún más pronunciado, abandonando por completo la ambientación bélica para abrazar la mitología clásica china. El resultado es una reinterpretación absurda y muy marca de la casa de una de las obras literarias más influyentes de Asia, donde el universo River City vuelve a disfrazar a su elenco habitual para dar vida a Sun Wukong y sus compañeros en una aventura que mezcla acción directa, humor constante y una estructura roguelite.

A nivel de estructura, el juego apuesta claramente por el formato roguelite, alejándose del planteamiento más abierto o clásico de otras entregas de la saga. Cada partida nos lleva a una sucesión de combates en arenas reducidas donde vamos acumulando mejoras, habilidades y recursos antes de enfrentarnos a jefes que actúan como cierre de tramo. Entre run y run regresamos a un hub central donde podemos invertir lo obtenido en mejoras permanentes, nuevas habilidades y distintos sistemas de progresión.

Es un esquema muy reconocible dentro del género, y River City Saga: Journey to the West lo abraza sin intentar reinventarlo en ningún momento o aplicar nuevas fórmulas. Aquí la clave no está en la originalidad del planteamiento, donde es evidente que se han aplicado las mecánicas roguelite más comunes, sino en cómo se traslada el ADN de Kunio-kun a este formato más repetitivo y cíclico.

El combate es, sin duda, el pilar más sólido del conjunto como se podía esperar. La acción es rápida, directa y con ese punto de caos controlado tan característico de la saga. Los golpes tienen contundencia, los enemigos salen despedidos por la pantalla y el uso constante del dash convierte cada enfrentamiento en un pequeño ejercicio de posicionamiento y ritmo. Es fácil de entender, pero lo suficientemente satisfactorio como para sostener el núcleo jugable durante toda la aventura.

A esto se suma la variedad de personajes, con tres estilos claramente diferenciados. Sun Wukong apuesta por la velocidad y la movilidad, Zhu Bajie por la fuerza bruta y la resistencia, y Sha Wujing por un enfoque más centrado en el control a distancia. A pesar de esto, los tres personajes no son tan diferentes en su manejo, y no hay grandes cambios de uno a otro, pero sí suficientes como para alterar ligeramente el ritmo de cada run.

El sistema de mejoras y habilidades introduce algo de variedad, con bendiciones, ataques especiales y poderes que pueden modificar el comportamiento del personaje durante una partida. Sin embargo, aquí es donde el juego muestra su principal limitación, la profundidad del sistema no termina de alcanzar el nivel que podríamos esperar dentro del género. Las combinaciones existen, pero rara vez llegan a incidir y transformar completamente la forma de jugar.

Esta sensación de ligereza se traslada también al propio desarrollo de las runs. Aunque el ritmo es ágil y el combate funciona bien, la repetición de estructuras y situaciones puede hacerse evidente con el paso de las horas. No es un juego largo ni especialmente exigente, y eso juega tanto a su favor como en su contra dependiendo de lo que nosotros esperemos de él.

En lo audiovisual, el juego mantiene el nivel habitual de la saga. El pixel art es expresivo, con animaciones cuidadas y efectos vistosos que refuerzan el caos de la acción sin sacrificar legibilidad. El diseño de personajes, aunque reinterpretado bajo el prisma de la mitología china, conserva perfectamente la identidad Kunio-kun, lo que ayuda a que todo resulte coherente dentro de su absurdo planteamiento.

Donde sí se nota cierta falta de ambición es en la variedad general de situaciones y en la capacidad del juego para sorprender a largo plazo. Es un título que funciona mejor en sesiones cortas, donde su estructura de runs encaja de forma natural, pero que puede perder fuerza cuando se prolonga demasiado.

Al final, River City Saga: Journey to the West es exactamente lo que pretende ser: un spin-off ligero, divertido y accesible, que traslada el universo Kunio-kun a un formato roguelite sin grandes pretensiones. Una primera aproximación de la franquicia a esta fórmula que no le viene mal del todo, pero donde tampoco se ha pretendido salirse de los cánones. Sin intentar reinventarse, nos ofrece una experiencia directa y entretenida apoyada en el carisma de sus personajes y en un sistema de combate muy competente. Es ahí donde encuentra su valor, y también sus límites.