Ziggurat 2 ha sido uno de esos títulos que ha ido creciendo poco a poco en mí. Al comienzo, la aparente falta de progresión me decepcionó; yo quería un roguelite y no un roguelike. No porque los roguelikes no me gusten, sino porque la primera parte no tenía suficientes cualidades para aguantar un buen número de partidas sin entrar en una monotonía de la que era difícil salir. Pero partida tras partida, me fui dando cuenta que esa monotonía jugable había sido corregida. Y esa es la verdadera victoria de Ziggurat 2 frente a su predecesor.

Ziggurat 2 es un roguelite de disparos en primera persona, donde la progresión es menos importante que la habilidad del jugador. El título nos ofrece diversas formas de juego, donde el modo historia es a la vez su mayor logro y su maldición. También hay un modo clásico por niveles y uno eterno, como es típico en el género. La mecánica básica del juego nos ofrece salas llenas de enemigos, y es nuestro deber acabar con todos ellos para ir bajando hasta matar a uno de los jefes, mientras mejoramos al personaje.

El modo historia nos ofrece misiones cortas, que nos permiten probar multitud de personajes y de instrumentos de matar que nos encontraremos a lo largo y ancho de la pirámide. Pero claro, eso también significa que una vez derrotado el jefe de esta misión, deberemos empezar de nuevo. Por un lado hace el juego más ameno, pero por otro atenta contra los propios ideales de lo que el género propone. Esto puede molestar a muchos puristas del género, aunque a mí me ha generado interés. Por ejemplo, ofrece partidas cortas y directas, algo que jamás haría en una partida normal, donde interesa explorar todo para volverse más poderoso. Si dentro de dos mapas la partida se va a terminar, quizás no compensa explorar varias zonas más. La historia de Ziggurat 2 es testimonial, y no merece pararse en ella.

Las salas del Ziggurat pueden ser muy variadas. Entre las de combate, tenemos algunas que son pruebas que podremos activar o no, otras salas donde hay características especiales, y la sala del jefe. Entre las que no son de combate, hay tiendas, lugares de descanso, salas trampa y una buena variedad de salas multifunción. Los mapas son generados procedimentalmente, como buen roguelike, y contienen un buen número de posibilidades, aunque rápidamente nos sabremos cómo desenvolvernos de la forma óptima por cada uno de ellos. Los mapas deberían de tener más variedad para la duración que nos ofrece el título.

En el modo historia con cada capítulo completado, desbloqueamos nuevos personajes y nuevo equipo en forma de baratijas y armas. La cantidad de personajes es alta, y la de armas y equipo es aún mayor. Tenemos armas de fuego, varitas, poderes de hielo, veneno, libros de hechizos… Además, todas las armas y los personajes necesitan que juguemos con ellos para ir desbloqueando paulatinamente las habilidades de las que disponen, ya que en un inicio están bloqueadas. Estas mejoras desbloquearán también las esquirlas que nos servirán para mejorar al personaje entre partida y partida.

Estas esquirlas son la única manera de mejora fuera de las partidas. Tenemos de todo, desde mejora de daño hasta de vida, pasando por la experiencia que ganamos al jugar. Estas mejoras desde luego nos ayudan, pero no son parte importante del título, ya que cuando mejoremos nuestros enemigos serán más peligrosos y numerosos, así que el margen de mejora es limitado. Como ya he dicho, es en nuestra propia habilidad donde veremos las verdaderas mejoras, y eso lo veremos claramente en Ziggurat 2.

Porque se trata de un juego que engancha, que te hace querer echar una partida más. Jugablemente ofrece mucha variedad de estilos de juego, y cada partida puede ser un mundo. Los movimientos son fluidos, las armas y poderes responden a la perfección y la diversión corre a raudales. Si hay una mejora respecto a su predecesor, esta es la diversión por cada minuto que estamos saltando o disparando. Sin embargo, el juego arrastra unos problemas que empañan la diversión final. La falta de variedad en los mapas es uno de ellos, pero también lo son la falta de secretos u otros detalles que hagan la exploración más interesante. Eventos más variados, más tipos de misiones -solo hay dos, arenas y misiones de matar al jefe de turno- y demás harían que la calidad del título creciera notablemente.

Visualmente el juego ofrece una variedad de entornos muy grande, cada uno con sus propias trampas y efectos visuales que están realmente trabajados. La optimización es realmente sobresaliente y el sonido y la banda sonora cumplen sobradamente. A día de hoy nada de todo lo visto u oído en Ziggurat 2 sorprende, pero se nota el mimo con el que está hecho.

En resumen, creo que Ziggurat 2 es una mejora sustancial de su predecesor, pero aún tiene problemas que hacen que el resultado final no sea todo lo perfecto que pudiera ser. Sin embargo, estamos ante un juego que es divertido, que me ha proporcionado más de 25 horas de diversión y me ha mantenido entretenido hasta el final. En un roguelike lo que se busca es que cuando la partida termine, el jugador diga: «Venga, me voy a echar otra». Ziggurat 2 cumple eso, y lo hace de forma más que notable.

 


Este análisis ha sido realizado en PC mediante una copia cedida por Milkstone Studios