Blue Prince ha sido una de las sorpresas del año pasado. Los juegos de puzles no suelen triunfar tanto como otros géneros, y aunque de vez en cuando puede ocurrir lo contrario, normalmente son juegos directos o con un gran apartado gráfico. Blue Prince no cae en ninguno de esos dos sacos, y aun así ha conseguido hacerse un hueco entre los títulos más comentados del panorama independiente. Tras su lanzamiento original en PC, PlayStation 5 y Xbox Series, el juego ha ido ampliando su disponibilidad y ahora también puede disfrutarse en Nintendo Switch 2, lo que ha permitido que más jugadores se acerquen a su curiosa propuesta. Vamos a ver la razón detrás de ello.
Blue Prince es un juego de puzles con elementos roguelite, haciendo hincapié sobre todo en esto último. Aunque el juego tiene una buena cantidad de rompecabezas, la mayoría del tiempo no estaremos resolviendo dichos puzles directamente, sino paseando por la mansión y explorando. Y es que la historia del juego es clara desde el inicio: un familiar ha muerto y, si queremos heredar la casa, debemos encontrar la misteriosa habitación número cuarenta y seis.
Parece algo sencillo, explorar una casa… Pero esta mansión es diferente, y aquí es cuando entra en juego la parte roguelite. Cada habitación que abrimos es distinta y la mansión se reinicia al final de cada día. De primeras puede sonar extraño, pero esta es la mecánica básica de Blue Prince -y de donde saca su identidad-, ya que usaremos planos para formar la casa. Cada vez que abrimos una puerta elegimos entre varias habitaciones posibles, como si estuviéramos construyendo el mapa sobre la marcha. Iremos abriendo puertas y colocando estancias de forma estratégica para avanzar por la mansión, intentando que los caminos no se cierren antes de tiempo.

Las habitaciones de Blue Prince son muy variadas. Increíblemente variadas, de hecho. Después de diez horas de juego es posible que sigamos viendo habitaciones nuevas que nunca antes habían salido. Muchas aparecen de forma aleatoria, pero otras lo hacen si cumplimos ciertos requisitos. Habrá desde habitaciones relativamente normales, como dormitorios o pasillos, hasta lugares mucho más extraños, como una piscina interior o tiendas donde comprar objetos. Muchas estancias se repetirán con frecuencia y otras aparecerán de forma mucho más esporádica, algo que forma parte del propio diseño roguelite del juego. Además, todas tienen un color asignado que influye en algunos aspectos de la jugabilidad y ayuda a identificar rápidamente qué tipo de habitación estamos colocando.
Para acceder a las habitaciones a veces basta con abrir la puerta, pero cuanto más avancemos hacia el norte de la mansión, más complicada será la cosa. Para avanzar tendremos que recolectar varios tipos de recursos. Las primeras son las gemas, fundamentales al comienzo de la partida, dado que nos permiten elegir habitaciones más valiosas. Cuando abrimos una puerta se nos presentan varias opciones de planos; algunos son gratuitos y otros requieren gastar gemas. Cuanto más rara o útil sea la habitación, mayor será su coste.
El segundo recurso, más necesario a mitad de partida, son las llaves. Más adelante en la mansión encontraremos puertas cerradas y cofres que requieren este recurso, y si no tenemos lo necesario no podremos avanzar más. Otro problema es la colocación de las habitaciones, ya que una mala decisión puede dejarnos sin salidas viables. Por último, también necesitaremos monedas para comprar objetos como más llaves o gemas, u otros utensilios útiles que nos harán la vida más fácil al deambular por la mansión.

Algunos de estos objetos son llaves especiales, detectores de metal, palancas o monederos que facilitan conseguir monedas. Podemos comprarlos en ciertas habitaciones o encontrarlos durante la exploración. Necesitaremos suerte, pero también tener buen ojo al explorar, ya que muchos objetos pasan desapercibidos a simple vista. Aquí también aparece uno de los aspectos menos convincentes del juego: nuestro personaje se mueve con cierta lentitud, y a veces tardamos más de lo que nos gustaría en recorrer algunas zonas de la mansión.
Entrando en los puzles, el juego tiene habitaciones que son directamente rompecabezas en sí mismas. Entramos, resolvemos el desafío y obtenemos la recompensa. Pero estas son las menos. En general, necesitaremos información encontrada en otras habitaciones o incluso en intentos anteriores. Esto hace que Blue Prince sea un juego muy críptico -el propio juego sugiere tomar notas constantemente- y necesitaremos paciencia para poder avanzar. No es raro pasar varios días dentro del juego sin lograr grandes progresos en la mansión.
Sin embargo, el toque roguelite ayuda a que cada intento deje algo nuevo. Ciertos eventos o mejoras se desbloquean de forma permanente, incluso sin que nos demos cuenta en el momento. Por ejemplo, algunas habitaciones permiten introducir disquetes o activar mecanismos que modifican otras salas para futuras partidas. También hay habitaciones que se volverán permanentes dentro de la mansión o que alterarán las probabilidades de aparición de otras estancias. Este tipo de progresión hace que cada nueva exploración resulte ligeramente distinta, manteniendo la sensación constante de descubrimiento.

Visualmente estamos ante un juego que apuesta por un estilo cartoon bastante directo, con líneas marcadas y colores vivos que ayudan a diferenciar las habitaciones. No es un título espectacular a nivel técnico, pero sí tiene una identidad artística clara. Personalmente me habría gustado algo más de diferenciación entre los objetos con los que podemos interactuar y aquellos que forman parte del decorado, porque a veces no está del todo claro. Por otro lado, la música es prácticamente inexistente, lo que contribuye a crear una atmósfera silenciosa y algo inquietante dentro de la mansión. En varios momentos la sensación de soledad funciona muy bien gracias precisamente a esa ausencia de melodía.
En Nintendo Switch 2, la última de las versiones del juego en ser lanzada, Blue Prince mantiene intacta su propuesta y encaja sorprendentemente bien con el formato portátil, ya que cada exploración puede convertirse en una pequeña sesión de juego. Además, el sistema permite utilizar los Joy-Con como puntero, algo que facilita navegar por los menús y seleccionar habitaciones con bastante comodidad.
En conclusión, Blue Prince es un juego difícil de recomendar de forma universal. Es un título largo, exigente y que requiere paciencia, especialmente si queremos comprender todos sus secretos. Sin embargo, también es una experiencia muy particular dentro del género de los puzles. Aunque a veces se avance poco en cada intento, siempre aparece algo nuevo que descubrir, y esa sensación de desentrañar poco a poco los misterios de la mansión es una de sus mayores virtudes. Eso sí, conviene tener en cuenta que se trata de un juego completamente en inglés, y en un título donde leer pistas y comprender pequeños detalles resulta fundamental.
