En la literatura de terror existen figuras cuya influencia ha trascendido generaciones enteras, pero pocos autores han dejado una huella tan reconocible como H. P. Lovecraft. Sus criaturas imposibles, su obsesión por lo desconocido y esa constante sensación de insignificancia ante fuerzas incomprensibles han terminado impregnando multitud de películas, series y videojuegos. Precisamente de esa influencia nace DREDGE, un título desarrollado por el estudio neozelandés Black Salt Games y publicado por Team17 que, bajo la apariencia de un relajado juego de pesca, escondía una aventura absorbente y sorprendentemente inquietante que terminó convirtiéndose en uno de los indies más destacados de 2023, y que con el tiempo ha seguido creciendo gracias a actualizaciones y expansiones como The Pale Reach o The Iron Rig, consolidándose todavía más como una de las propuestas más originales y recomendables dentro de la escena independiente actual.
La aventura nos pone en la piel de un pescador que, tras sufrir un accidente marítimo, despierta en un pequeño pueblo costero llamado Vértebra Mayor. Allí, el alcalde nos ofrece una segunda oportunidad prestándonos un modesto barco con el que podremos ganarnos la vida pescando en los alrededores del archipiélago. A cambio, eso sí, deberemos devolver poco a poco el dinero invertido en nuestra nueva embarcación. Esta sencilla premisa sirve como punto de partida para una historia mucho más misteriosa de lo que aparenta inicialmente. Conforme empezamos a conocer a los habitantes de las distintas islas, aceptamos encargos y recuperamos extraños objetos perdidos en el mar, descubrimos que algo perturbador se oculta bajo las aguas.
Uno de los mayores aciertos de DREDGE es cómo introduce sus elementos sobrenaturales de manera gradual. Durante las primeras horas todo parece relativamente normal. Salimos a pescar, mejoramos nuestro barco y exploramos tranquilamente las cercanías del puerto. Sin embargo, antes de partir, el alcalde nos deja una advertencia muy clara: debemos regresar antes de que caiga la noche. No tarda demasiado en quedar claro el motivo. Cuando el sol desaparece y la niebla comienza a cubrir el océano, el juego cambia completamente de tono. La oscuridad reduce nuestra visibilidad, empiezan a escucharse sonidos extraños y nuestra cordura comienza a deteriorarse poco a poco. Cuanto más tiempo permanezcamos en alta mar durante la noche, más intensas serán las alucinaciones. Empezaremos viendo formas extrañas entre la niebla, pero pronto aparecerán monstruos marinos, barcos fantasma o enormes criaturas que intentarán hundirnos sin contemplaciones.

La gracia es que DREDGE nunca se convierte en un juego de terror puro. No busca asustarnos constantemente ni abusar de sobresaltos fáciles. Su objetivo es generar tensión, incomodidad y paranoia. Incluso en los momentos aparentemente tranquilos sentimos que algo puede salir mal en cualquier momento. Esa sensación de vulnerabilidad permanente está muy conseguida y hace que navegar de noche resulte tan fascinante como peligroso.
En lo jugable, la obra mezcla exploración, gestión e incluso pequeños toques de supervivencia de una manera muy accesible. Pescar es una tarea sencilla pero adictiva. Encontramos bancos de peces repartidos por todo el océano y, dependiendo del equipo que llevemos instalado, podremos capturar distintas especies mediante pequeños minijuegos de precisión bastante ágiles. A medida que avanzamos iremos desbloqueando nuevas cañas, redes, motores y herramientas que nos permitirán acceder a zonas más profundas o peligrosas. También podremos dragar recursos del fondo marino para conseguir materiales con los que mejorar el barco.
Sin embargo, donde realmente encontramos el corazón del juego es en la gestión del inventario. Todo el espacio de la bodega está limitado y compartido entre peces, motores, focos, redes o materiales, obligándonos constantemente a reorganizarlo todo para aprovechar cada hueco disponible. Es un sistema que inevitablemente recuerda al clásico inventario de Resident Evil y que termina siendo mucho más importante de lo que parece al principio. Decidir si continuar pescando una noche más o regresar al puerto antes de quedarnos sin espacio genera un equilibrio muy entretenido entre riesgo y recompensa.

La progresión además está muy bien medida. Cada archipiélago introduce nuevas amenazas, tipos de peces y mecánicas propias, evitando que la aventura se vuelva repetitiva. Algunas zonas están claramente inspiradas en relatos lovecraftianos, mientras que otras recuerdan más al folk horror o incluso a historias clásicas de marineros. El juego tampoco abruma con sistemas complejos innecesarios. Todo resulta bastante intuitivo, permitiéndonos disfrutar de la exploración y la ambientación sin sentir que necesitamos memorizar decenas de mecánicas diferentes.
La dificultad general no resulta especialmente elevada, aunque sí aumenta bastante durante el tramo final y especialmente dentro de algunos contenidos adicionales. Morir nunca supone una penalización excesivamente dura, algo que creemos acertado porque permite experimentar y explorar sin miedo constante a perder grandes progresos. Completar únicamente la historia principal puede llevarnos alrededor de ocho o diez horas, pero si queremos mejorar el barco al máximo, capturar todas las especies y completar las expansiones, la duración crece con facilidad por encima de las veinte horas.
Las expansiones lanzadas posteriormente, si decidimos adquirirlas, también ayudan a enriquecer mucho la experiencia. The Pale Reach añade una nueva región helada cargada de peligros y criaturas especialmente agresivas, mientras que The Iron Rig introduce una historia adicional centrada en una gigantesca plataforma industrial que altera el equilibrio natural del océano. Ambas expansiones encajan sorprendentemente bien dentro del juego base y amplían tanto la narrativa como las posibilidades de exploración sin romper nunca el ritmo de la aventura original. Además, durante estos años DREDGE también ha recibido actualizaciones que han mantenido viva a la comunidad.

A nivel audiovisual seguimos pensando que el trabajo de Black Salt Games tiene muchísimo mérito. Su estética low-poly puede parecer sencilla en imágenes, pero en movimiento funciona de maravilla. Durante el día predominan colores vivos y aguas relativamente calmadas que transmiten cierta sensación de tranquilidad, mientras que por la noche todo se vuelve gris, negro y marrón, creando estampas realmente inquietantes. El diseño de las criaturas aberrantes merece además una mención especial. Muchas de ellas resultan grotescas y fascinantes al mismo tiempo, consiguiendo que queramos descubrir nuevas especies constantemente.
El sonido juega también un papel fundamental en la ambientación. Cuando navegamos de día solemos escuchar únicamente el motor del barco, las olas y las gaviotas sobrevolando el mar, generando una sensación casi relajante. Sin embargo, durante la noche el panorama cambia por completo. El viento sopla con más fuerza, empiezan a escucharse chapoteos extraños y los sonidos lejanos terminan alimentando nuestra propia imaginación. Es un juego que sabe perfectamente cuándo utilizar la música y cuándo dejar que el silencio haga el trabajo.
Puede que DREDGE no sea el juego de terror más intenso del mercado ni el simulador de pesca más profundo, pero precisamente ahí reside parte de su encanto. Black Salt Games consiguió combinar dos ideas aparentemente incompatibles para crear una experiencia con muchísima personalidad. Incluso varios años después de su lanzamiento sigue siendo un título tremendamente especial dentro de la escena indie, uno de esos juegos capaces de atraparnos por su atmósfera y mantenernos navegando una noche más aun sabiendo perfectamente que probablemente deberíamos regresar al puerto antes de que sea demasiado tarde.
