Durante la década de los noventa, el género del beat ‘em up vivió una auténtica época dorada. Las calles estaban llenas de bandas, organizaciones criminales y enemigos dispuestos a recibir una buena ración de golpes mientras avanzábamos de izquierda a derecha por los distintos escenarios. En aquellos años, compañías como Capcom, Technōs Japan o Sega consiguieron convertir el género en uno de los grandes protagonistas de los salones recreativos y las consolas domésticas, con auténticos clásicos que todavía hoy siguen siendo referentes. Sin embargo, hubo otras propuestas que, pese a no alcanzar ese mismo reconocimiento, intentaron hacerse un hueco con ideas propias. Una de ellas fue Rushing Beat, la saga de Jaleco que llegó a Super Nintendo durante los primeros años noventa y que en Europa conocimos como Rival Turf!.

Aunque nunca logró situarse al nivel de Final Fight, Streets of Rage o los grandes beat ‘em ups de las 16 bits, la franquicia de Jaleco consiguió crear una identidad propia gracias a su mezcla de acción, un elenco de personajes diferenciados y una evolución constante entre sus entregas. Con cada nuevo capítulo introducía pequeñas mejoras y trataba de alejarse de la fórmula más básica del género, aunque siempre quedó relegada a un segundo plano dentro de una generación con demasiados nombres importantes compitiendo por nuestra atención. Más de treinta años después, la saga vuelve con RUSHING BEAT X: Return Of Brawl Brothers, una nueva entrega que pretende recuperar ese legado y demostrar que todavía hay espacio para los golpes de antaño en pleno siglo XXI.

La historia vuelve a situarnos en un universo marcado por conspiraciones, organizaciones criminales y experimentos que amenazan la paz mundial. Sin entrar en demasiados detalles para no romper ninguna sorpresa, la aventura mantiene ese particular tono de ciencia ficción exagerada que ya caracterizaba a la saga original. Como es de esperar la narrativa no es especialmente profunda, pero sí consigue transmitir esa sensación de argumento de videojuego de los noventa donde todo vale, con villanos con planes imposibles, situaciones absurdas y una sucesión de combates que sirven como excusa perfecta para avanzar. Es precisamente esa falta de complejos uno de sus mayores encantos, ya que RUSHING BEAT X es consecuente con el tipo de experiencia que quiere ofrecer.

Donde realmente encontramos la mayor evolución respecto a sus predecesores es en el sistema de combate. Estamos ante un beat ‘em up clásico en esencia, pero con una serie de elementos que intentan darle más profundidad que la habitual sucesión de ataques simples. Los personajes cuentan con diferentes movimientos, combos y posibilidades ofensivas que permiten experimentar más allá de pulsar repetidamente el mismo botón. La posibilidad de enlazar ataques, utilizar cancelaciones y aprovechar diferentes situaciones durante los enfrentamientos hace que dominar el sistema de combate sea más satisfactorio de lo que podríamos esperar inicialmente.

Esta profundidad también provoca que el juego requiera algo más de atención que muchos representantes clásicos del género. Los enemigos no están simplemente colocados para recibir golpes sin más, sino que en determinados momentos nos obligan a controlar mejor nuestros movimientos y elegir cuándo atacar o defendernos. Evidentemente, no estamos ante un sistema de lucha comparable al de un título especializado, pero sí ante un esfuerzo por aportar algo más de profundidad y evitar que la experiencia se convierta en un machacabotones.

El plantel de personajes con sus seis protagonistas cumple con lo esperado en una producción de estas características, ofreciendo diferentes estilos de juego y pequeñas diferencias que invitan a probar varias opciones. A esto se suma el modo cooperativo para dos jugadores, un elemento prácticamente imprescindible en cualquier buen beat ‘em up y que sigue siendo una de las mejores formas de disfrutar de este tipo de títulos. La experiencia compartida ayuda a que los combates sean más caóticos y divertidos, especialmente cuando conseguimos combinar nuestras habilidades con las de nuestro compañero.

Sin embargo, no todo está al mismo nivel. RUSHING BEAT X transmite en muchos momentos esa sensación de producción modesta que acompaña a algunos proyectos independientes. Aunque el sistema de combate es una de sus grandes virtudes, otros apartados no alcanzan el nivel de los grandes exponentes modernos del género. El diseño de algunos escenarios puede resultar algo irregular, ciertos enemigos se repiten más de lo deseable y el ritmo de la acción no siempre mantiene la misma intensidad. Son pequeños problemas que no arruinan la experiencia del todo, pero sí impiden que pueda competir directamente con los mejores beat ‘em ups actuales.

A nivel audiovisual, el juego apuesta por una estética 2.5D que intenta unir la tradición clásica con una presentación más moderna. Los diseños recuperan parte del espíritu de la saga original, con personajes llamativos y enemigos que parecen sacados directamente de una producción japonesa de los años noventa. No es una propuesta que destaque por su espectacularidad técnica, pero sí tiene su propia personalidad. La música acompaña correctamente la acción y los efectos de sonido ofrecen la contundencia adecuada para el tipo de juego que tenemos.

Más allá de completar la campaña principal, RUSHING BEAT X apuesta por la rejugabilidad gracias a sus diferentes personajes y a la posibilidad de volver a enfrentarnos a los niveles buscando mejorar nuestra forma de jugar. No cuenta con una cantidad enorme de modos adicionales ni con contenido extra, que en una producción actual es casi una constante, por lo que si no nos interesa probar otros personaje, la experiencia se puede limitar bastante.

RUSHING BEAT X: Return Of Brawl Brothers es un regreso que probablemente será más apreciado por quienes tengan cierta conexión con el beat ‘em up clásico o por el conocedor de la franquicia de Jaleco que por quienes busquen una experiencia completamente revolucionaria. No consigue alcanzar el nivel de los grandes referentes modernos del género, pero resultar interesante. Su mayor virtud es recuperar una saga olvidada y hacerlo respetando su personalidad, añadiendo un sistema de combate más elaborado y manteniendo ese extraño encanto que siempre acompañó a las producciones de Jaleco.

Aunque la nostalgia por la saga sea su gran valedora, intenta aportar suficientes novedades para no quedarse y apoyarse únicamente en ello. Puede que no sea el heredero definitivo de los grandes clásicos, pero sí es una agradable sorpresa si disfrutamos repartiendo golpes en compañía y si sentimos curiosidad por descubrir pequeñas joyas perdidas de la historia del videojuego.