Hay sagas cuya importancia dentro de un género trasciende el paso del tiempo. Truxton, conocido en Japón como Tatsujin, es una de ellas. Lanzado originalmente por Toaplan en 1988, este frenético shoot ’em up vertical se convirtió rápidamente en uno de los grandes referentes de las recreativas gracias a su desafiante dificultad, su excelente diseño de niveles y un arsenal de armas que marcaría escuela dentro del género. Décadas después, y tras la desaparición de Toaplan, buena parte de su legado ha permanecido vivo gracias a Tatsujin Co., el estudio fundado por Masahiro Yuge, uno de los principales responsables del título original. Precisamente es él quien lidera ahora Truxton Extreme, la primera entrega completamente nueva de la saga en casi cuarenta años.

No se trata de un remake ni de una reinterpretación moderna. Truxton Extreme es, en esencia, una continuación que busca trasladar la filosofía clásica de la serie a un hardware actual sin renunciar a aquello que convirtió al original en un referente. La pregunta era evidente: ¿es posible modernizar un arcade de finales de los ochenta sin perder su esencia? La respuesta, afortunadamente, es bastante positiva.

Desde el primer minuto queda claro que el objetivo de Tatsujin no ha sido reinventar la fórmula. El control continúa siendo extremadamente preciso, la velocidad de la acción resulta frenética y el diseño de las fases mantiene ese equilibrio entre memorizar patrones y reaccionar sobre la marcha que siempre ha caracterizado a los grandes exponentes del género. Cada enemigo aparece colocado con intención, cada mejora de armamento tiene su utilidad y los enormes jefes finales vuelven a convertirse en auténticos puzles donde aprender sus ataques resulta tan importante como nuestra habilidad con los reflejos.

El cambio más evidente respecto a los clásicos llega de la mano del apartado visual. El pixel art deja paso a escenarios y modelos completamente tridimensionales que, lejos de buscar un realismo innecesario, mantienen una lectura muy clara de la acción. Quizá muchos aficionados hubieran preferido un regreso con estética retro, algo que probablemente habría aportado un encanto especial, pero lo cierto es que el salto gráfico funciona mejor de lo esperado. Todo se muestra con gran nitidez y la acción nunca pierde claridad, incluso cuando la pantalla queda completamente inundada de proyectiles y explosiones.

La jugabilidad continúa girando alrededor de un amplio repertorio de armas que ofrecen estilos de juego muy diferenciados. Desde los disparos más directos hasta el icónico Thunder Laser, cada una obliga a adaptar nuestra estrategia según el tipo de enemigo o la situación. La sensación de potencia está muy conseguida y recuperar mejoras tras una muerte vuelve a convertirse en una parte fundamental de la experiencia, manteniendo intacta esa mezcla de tensión y satisfacción tan propia de los shoot ’em up clásicos.

Precisamente esa fidelidad al legado de la saga es uno de los mayores aciertos de Truxton Extreme. En una época donde muchos títulos buscan añadir sistemas complejos o elementos roguelike para justificar la rejugabilidad, aquí el principal atractivo sigue siendo superar nuestras propias puntuaciones, aprender las fases y perfeccionar cada partida. La diversión nace del propio diseño del juego, no de recompensas artificiales.

Eso no significa que Tatsujin haya renunciado a introducir novedades. La principal es un Modo Historia que sirve como puerta de entrada a buena parte del contenido. La campaña presenta tres protagonistas distintos cuyas escenas se desarrollan mediante viñetas ilustradas a modo de cómic. Sobre el papel resulta una forma interesante de ofrecer algo de contexto a la acción, aunque en la práctica termina funcionando más como una excusa narrativa que como un verdadero aliciente.

El principal problema reside en que cada personaje vuelve a recorrer prácticamente las mismas misiones desde su propia perspectiva, hasta el punto de que las distintas historias llegan incluso a contradecirse entre sí. Lo que en una campaña realiza un protagonista pasa a ser responsabilidad de otro en la siguiente, restando coherencia al conjunto y dejando claro que el argumento nunca fue una prioridad. A ello se suma una calidad artística del cómic algo irregular, con ilustraciones funcionales pero bastante alejadas del nivel que cabría esperar para acompañar una producción de estas características.

En cualquier caso, la historia cumple simplemente con enlazar las fases. Y probablemente tampoco haga falta mucho más. Quien se acerque a Truxton Extreme lo hará buscando acción arcade, no un relato especialmente elaborado.

Más discutible resulta la decisión de bloquear parte del contenido tras el progreso en el Modo Historia. Aunque el juego incluye modalidades como Arcade, Arena o cooperativo, muchas de sus misiones deben desbloquearse previamente avanzando en la campaña principal. Esto provoca que quienes simplemente quieran disfrutar del modo Arcade desde el principio descubran que no pueden acceder libremente a todas sus fases, una limitación algo difícil de entender en un título con un ADN tan claramente heredero de las recreativas.

También encontramos un pequeño sistema de progresión mediante experiencia y mejoras permanentes. Sin llegar a transformar la estructura clásica del juego, aporta un objetivo adicional para quienes deseen seguir jugando una vez completadas las primeras partidas. Funciona correctamente, aunque resulta bastante más sencillo y limitado que el visto en otros shoot ’em up modernos que han apostado por sistemas de progresión mucho más profundos.

Donde sí destaca especialmente es en la cantidad de modos disponibles. Además de la campaña y el clásico modo Arcade, encontramos entrenamiento, desafíos, modo Arena para competir por puntuaciones, cooperativo para dos jugadores e incluso pequeños extras como un visor de modelos o la curiosa Pipiru Village. El contenido resulta abundante y ofrece suficientes alternativas para quienes disfrutan exprimiendo este tipo de juegos.

El cooperativo mantiene intacta la diversión de compartir pantalla esquivando proyectiles imposibles, aunque presenta algún pequeño detalle mejorable. El caso más evidente es el Thunder Laser, cuya capacidad para fijarse sobre los enemigos también provoca que pueda engancharse a nuestro compañero cuando jugamos a dobles. Esto reduce notablemente su utilidad en este modo y puede generar situaciones algo incómodas en plena batalla, especialmente teniendo en cuenta lo eficaz que resulta cuando jugamos en solitario.

En el apartado técnico hay poco que reprochar. En Nintendo Switch 2 el rendimiento resulta impecable durante toda la partida. Incluso en los momentos más espectaculares, con decenas de enemigos, proyectiles y efectos simultáneos ocupando la pantalla, el juego mantiene una fluidez constante sin caídas apreciables de rendimiento. Los tiempos de carga quizá sean algo superiores a lo esperado para un shoot ’em up de estas características, aunque nunca llegan a hacerse especialmente molestos.

La banda sonora vuelve a apostar por composiciones intensas que acompañan perfectamente el ritmo de la acción y recuerdan constantemente las raíces arcade de la franquicia. No busca reinventar nada, pero sí reforzar una identidad que la saga ha mantenido prácticamente intacta desde sus orígenes.

En conclusión, Truxton Extreme demuestra que todavía hay espacio para los shoot ’em up clásicos cuando se entienden las bases que hicieron grande al género. Puede que algunas decisiones relacionadas con su progresión o con el Modo Historia no terminen de convencer, pero el núcleo jugable sigue siendo tan adictivo, desafiante y satisfactorio como cabría esperar del regreso de una de las sagas más importantes de la historia de los matamarcianos.