El regreso de Arkanoid no es solo la puesta al día de otra IP decana y recordada con cariño por muchos -y con algunas gotitas de odio por mi parte-, sino el juego que no inventaría el género del ‘rompeladrillos’, pero lo daría a conocer de forma masiva en todo el mundo. La ironía es que, hablando de cosas míticas, fue Atari quien creó este curioso género diez años antes, y encima, siendo el comienzo de la leyenda de Steve Jobs y Steve Wozniak nada menos. Pero es Taito la que ostenta la imagen de este género en la cabeza y corazón de muchísimos jugadores. Y es Taito Corporation, viva aún en nuestros días, junto a la editora Microids, y el equipo de programación Pastagames, quienes reviven la franquicia, dotándola de un componente de battle royale y furioso mutijugador. Pasen y conozcan al nuevo y flamante Arkanoid Eternal Battle.

Luchar contra más ReVaus, ahí tenemos la gran clave de Arkanoid Eternal Battle.

Traer de vuelta a Arkanoid se me antojaba pelín más complicado que otras ‘resurrecciones’ ilustres de nuestro pasado retro. El género de machacar ladrillos sigue bien vigente. No estamos ante la fiebre que hubo en los ochenta -donde simplemente con clones y diferentes representantes en microordenadores se me antoja imposible controlar todo lo que se lanzó-, pero se lanzan buenas cantidades de estos juegos, aunque no tengan la visibilidad que antaño tuvieran.

Pero Arkanoid se me hacía algo complicado de revivir, sin cambiarlo demasiado -hombre, Pong se convirtió en un semi-RPG nada menos, en el interesante Pong Quest– por su propia idiosincrasia de manejo, ladillos, items y complicaciones. Pues Arkanoid Eternal Battle sabe conseguir una puesta al día tanto interesante como muy divertida, cosa que me ha sorprendido por esas pequeñas reticencias de las que luego me quejaré como pequeño desahogo personal.

Ni se matan mucho con la nueva historia, ni falta que hace realmente.

Esa instantánea de ahí es la brevísima introducción al nuevo modo historia, o ‘Modo Neo’, como se llama aquí. Era obligado, Doh ha vuelto, y lo va a hacer en más formas que en las 46 fases que este modo nos ofrece. Digamos que es el modo de juego que tocaba para traer al presente a Arkanoid, renovando diseño gráfico y sonoro, pero también, introduciendo novedades en los nuevos tipos de ladrillo y los items tanto para nuestras pelotas, como para nuestra capsulita, bautizada ahora como ‘ReVaus’. Recordemos que Arkanoid es, realmente, el nombre de la nave gigante que se va al carajo antes de empezar la primera pantalla de la recreativa original, y la cápsula Vaus es la que tenía que hacer todo el trabajo sucio durante el juego.

Pues tenemos este modo para pasar un buen rato, conocer un poco más ya no las novedades jugables -interesante poder acumular diferentes mejoras en las pelotas de energía, o que la ReVaus pueda acumular varias de un mismo color, como los benditos disparos-, sino también como funcionan los controles y hasta la física del juego. Mis pequeñas pegas con Arkanoid empiezan por lo furioso que se vuelve todo sin mediar mucho tiempo, y aquí hay retoque en la velocidad de las pelotas, como mejorando un pelín el área donde nuestra ReVaus consigue golpearlas. Además, los gatillos traseros llevarán a la ReVaus hacia la izquiera o la derecha por completo, en un utilísimo movimiento casi instantáneo.

Niveles rediseñados de una forma más justa y divertida que en el título original.

La pequeña pega es que este modo comienza siempre desde el principio. Podemos continuar siempre que queramos y tengamos puntos, y la penalización será perder un bocado de puntos. Pero en cuanto salgamos, deberemos empezar desde el principio. No es un modo largo de principio a fin, las pantallas no están hechas para durar, o al menos, durar tanto como en el Arkanoid original… a dios gracias… Pero no creo que haya muchos jugadores que quieran hacerse hora y pico de tirón muchas veces.

Con todo, el plato fuerte y el motivo del ‘Eternal Battle’ del título del juego, es su frenético y muy adictivo Battle Royale, donde veinticinco personajes -humanos o IAs puestas por el juego-, acumulan puntos mientras la amenaza siempre presente de Doh amenaza con engullirnos, en niveles que se generan de forma aleatoria cada vez que empezamos una partida.

Estoy a meros instantes de mi aniquilación.

Ya en el modo Neo quedaba claro que había que echar un cable con la enorme cantidad de veces que la bola se irá hacia el fondo de la pantalla. Aquí eso nos traerá una pérdida de puntos otra vez, y serán esos preciados puntos los que marcarán nuestra permanencia en la partida. Continuamente no dejaremos de ver como las pantallas adyacentes se mueven y nos dicen cuantos jugadores quedan. Doh tiene hambre y es incombustible, cada poco tiempo se comerá al último jugador.

Además de hacer lo nuestro, propiciado por esas novedades jugables que comentaba, podemos usar items para dificultad a los jugadores que tengamos justo al lado, eligiendo si queremos mandarle la perrería a quien tengo más puntos que nosotros para poder empujar y quedarnos con su preciada posición. O por el contrario, ese jugador con menos puntos que recibirá una puntilla para acercarse a las fauces de Doh.

Este modo es el auténtico alma del juego y el mayor motivo para pasarse horas y horas. Tiene crossgame para jugar entre sistemas -y ya veis que se lanza para todos los relevantes hoy día-, pero sigue funcionando perfectamente cuando no hay nadie en la red y compartimos partidas con esas 24 IAs. Es más, ya que no hay comunicación real entre jugadores -echo de menos los ‘madre foca’ de otros jugadores humanos ya me entendéis- todo se centra en la puta competición. Y el premio para quien quede finalista es… luchar contra Doh.

El broche es plantearlo como temporadas, acumulando niveles de experiencia que desbloquean cosas secundarias para que no haya desequilibrios en las partidas, y reiniciándose cada ciertos días y volviendo a empezar de cero. El pique está asegurado, tenemos marcadores mundiales para circunscribir nuestro nombre en las columnas de mármol de la eternidad digital.

Luego tenemos el modo versus en cooperativo local, aunque se puede llenar también con IAs, y sigue siendo interesante.

De dos a cuatro jugadores humanos, y compartiendo mando en Nintendo Switch, aunque hasta las IAs ofrecen partidas divertidas.

Hasta este  aparente modo más sencillo evidencia que Arkanoid Eternal Battle está hecho para competir contra más ReVaus, las maneje un algoritmo o un ser humano. Jugar este modo al mejor de varias rondas, se me antoja más divertido y desafiante que el modo Neo, que también sabe tener lo suyo. Pero aquí, aunque sea reduciendo el espacio de visión, tenemos otra pelea real que podemos seguir en todo momento, aunque lo pequeñito de cápsula y bolas pasen factura.

Oh, y como no, era obligado tener el modo original de la recreativa pionera de 1986, aquí traída de una forma algo especial.

Así empezó todo hace más de 35 años…

Los 33bits, digo treinta y tres niveles originales -el último, también la pelea original contra Doh- se traen simulando que estamos… ¡En un salón recreativo! Curvatura de monitor, y sonidos de alrededores incluidos, faltando únicamente el olor a tabaco rancio. Pero no os creáis que a mí esto me convence mucho ¿Eh? Lo primero, mis reticencias con ese juego: la misma primera pantalla puede ser la selva del Mato Grosso de nervios a flor de piel. Una velocidad cada vez más descomunal para la bola; rebotes que no terminamos de controlar; esos momentos con la bola a toda pastilla rebotando de extremo en extremo que no conseguimos volver a dejar recta por más bien que la golpeemos; estar varios minutos a falta de acertar a uno o dos bloques para terminar de una puñetera vez la fase…

Si me llegan a dejar a mi, le pongo reshade y ultrapanorámico hasta en la pantalla de títulos.

Y encima, reducir el espacio de la pantalla, y hasta posible pérdida de precisión por hacer una curvatura tan exagerada, sin poder  modificar ninguno de los dos aspectos, contribuye a la calma y la alegría. Aquí tampoco se salva fase, podemos continuar tantas veces como queramos -solo perderemos los puntos acumulados-, pero otra hora y pico de nada que ya os digo yo cuantos jugadores van a repetir. No me entendáis mal, Arkanoid me pareció una recreativa muy divertida y un clásico por derecho propio -insisto, ese género se recuerda por Taito y no Atari-, pero también, cuando la bola iba muy rápido y no conseguías acertar a los últimos ladrillos del nivel, me dejaba demasiado la impresión de que todo estaba hecho para dejarte matar para recuperar el control de la situación. Las recreativas eran así, querían nuestras monedas, pero en Arkanoid esa impresión siempre me pareció más evidente incluso.

Pues quejas de cascarrabias al margen, Arkanoid Eternal Battle sale victoriosa del embate y la lucha contra el siglo XXI. Su fórmula de multijugador masiva a lo Tetris 99, funciona como un tiro juguemos contra quien juguemos. Y los demás modos de juego -sí, también el retro, os lo prometo- también arropan a un título que tanto nos puede tener horas rompiendo ladrillos y luchando contra ese moai espacial, como para partidas rápidas sin más pretensiones. También hay que comentar que gracias a Meridiem Games podremos hacernos con las versiones de PlayStation 4, PlayStation 5 y Nintendo Switch en formato físico.

 


Este análisis ha sido realizado en PC mediante una copia cedida por Meridiem