Reconozco haberme acercado a Fate/Samurai Remnant con, cuanto menos, algo de desconfianza, pues era totalmente ajeno a los productos generados alrededor de esta franquicia transmedia iniciada en 2004 con el lanzamiento de Fate/stay night. Hace unos meses, tras visualizar uno de los numerosos videos promocionales del juego, me sentí atraído por su ambientación, muy similar a la de Like a Dragon Ishin al situarse ambos juegos en el periodo Edo.

Por tanto comencé a investigar con el afán de descubrir algo más sobre ese juego que tanto me había llamado la atención y lo que me encontré fue una propuesta bastante interesante. La saga Fate gira alrededor de la lucha de varios maestros por la propiedad de reliquias mitológicas, principalmente el Santo Grial. Estas luchas son conocidas como Guerras Santas y se han replicado a lo largo de toda la historia reciente de la humanidad, permitiendo que el vencedor de la contienda reclame para si la posesión de la reliquia.

Con el fin de alcanzar este objetivo, y he aquí el toque diferencial de la franquicia, estos maestros, generalmente poderosos hechiceros, pueden invocar sirvientes que les sirvan en la batalla. Lo especial es que estos sirvientes no son unos cualquiera, son poderosos héroes de la antigüedad, lo cual no deja de ser una excusa para poder pasar por un filtro anime a personajes históricos y mitológicos y situarlos en periodos y contextos muy distintos a aquellos a los que pertenecen. Es decir, por poner un ejemplo, imaginaos a Julio Cesar recién invocado en el París revolucionario, teniendo que adaptarse a la nueva época al tiempo que lucha con Alejandro Magno y Robin Hood en una Guerra Santa para lograr que su maestro obtenga el Santo Grial.

En en el caso del juego que nos ocupa, como ya hemos comentado, nos vemos transportados al Japón Edo para ponernos en la piel de Miyamoto Iori, un maestro de esgrima relacionado con el legendario guerrero Miyamoto Mushahi. Iori, junto a su sirviente Saber, se verá involucrado en una Guerra Santa contra otras siete parejas de maestros y sirvientes, cuya identidad real no siempre es aparente. Esta vez el objetivo final es obtener la vasija de la Luna Creciente, un artefacto capaz de materializar los deseos de su propietario.

Todo esta mezcla entre mitología, historia, leyendas y drama anime, un cóctel que parece una absoluta locura, acaba dando como resultado una historia entretenidísima repleta de sorpresas y de giros de guion. No quiero contar mucho más por miedo a destripar una historia que merece ser experimentada por uno mismo. Es, desde luego, el punto más destacable de este Fate/Samurai Remnant y tiene por si sola la capacidad de mantenernos enganchados durante las 40 o 50 horas que puede llevarnos completarlo, incluso a pesar de ciertos problemas de ritmo durante unas primeras horas en las que a la narración le cuesta arrancar. Se desarrolla de forma independiente y es autoconclusiva con respecto al resto de productos de la franquicia Fate, por lo que es un excelente punto de entrada, aunque cuenta con la barrera de no tener localización a nuestro idioma.

Es una pena que la parte puramente jugable no acabe de estar del todo a la altura de la fuerza del guion. Fate/Samurai Remnant adopta la forma de un JRPG de acción en el que debemos explorar escenarios, combatir, dialogar con otros personajes y cumplir misiones. El problema es que la estructura del titulo resulta un tanto anquilosada y con frecuencia, especialmente durante las primeras horas, nos enfrentaremos a numerosas misiones de recadero en las que vagaremos de un lado a otro atravesando unos escenarios que, además, no resultan especialmente atractivos de explorar y que pecan de estar algo vacíos. Por suerte la cosa, sin llegar a solventarse nunca del todo, mejora con las horas, a medida que el guion va centrándose y comienza a desaparecer el relleno.

El sistema de combate, por otro lado, resulta entre un hack and slash y un Musou. Con frecuencia participaremos en luchas contra numerosos enemigos, aunque nunca acaban de ser multitudinarias, en las que contaremos con dos botones básicos para realizar ataques, unido a otro que nos permite cargar y liberar un especial. Asimismo, como buen maestro de la espada, Iori domina diversos estilos entre los que podremos ir intercambiando al vuelo con la pulsación de uno de los gatillos. El elemento rupturista dentro de este sencillo esquema es nuestra sirviente, que participará de forma activa en los combates y a la que podremos ordenar acciones, o incluso controlar directamente, a través de un menú insertado en el otro gatillo.

Lo cierto es que este sistema carece de la profundidad o la variedad para sostener los numerosos combates y tras unas cuantas horas los combates contra los enemigos más básicos se convierten en un tramite un tanto engorroso, sobre todo debido a la escasa dificultad del juego. La ambientación y la espectacularidad de la historia pedían a gritos venir acompañadas por un combate algo más complejo. Hay incluso un sistema de progresión de habilidades, pero también se queda corto y no se le acaba de sacar provecho.

Puede parecer que Fate/Samurai Remnant no me ha gustado, pero nada más lejos de la verdad. El viejo cliché de que el todo es superior a la suma de las partes se convierte aquí en una realidad. La exploración, las misiones y el combate, aunque mejorables, en ningún momento dejan de ser entretenidas y la historia, la ambientación y la puesta en escena consiguen tirar del juego hacia adelante hasta convertirlo en una experiencia imprescindible para cualquier fan del anime, esté o no familiarizado con la saga Fate, o del Japón Edo. Es, para mi, una de las grandes sorpresas del año.

 


Este análisis ha sido realizado en PC mediante una copia cedida por PLAION