El survival horror es un género que tiene una gran base de seguidores en el mundo de los videojuegos. Todos conocemos títulos como Resident Evil o Silent Hill como dos de los máximos exponentes del género, siendo franquicias asentadas, con varias entregas -con mayor o menor suerte- y que además han traspasado la barrera de los videojuegos para convertirse en elementos de la cultura pop -libros, películas, juguetes, etc.-. Pero no solo de grandes producciones vive el género y en los últimos años han aparecido también numerosos títulos indies o de nicho que sin contar con los medios de las producciones antes citadas, han encontrado la forma de sobresaltarnos, hacer latir más rápido nuestro corazón, o de asustarnos ante un evento inesperado. Hoy vamos a hablar de Yomawari: Lost in the Dark que consigue todo lo antes citado.

Yomawari es una franquicia desarrollada por Nippon Ichi y publicada por NIS America que a pesar de ser una producción de nicho, ha conseguido lanzar ya tres entregas. El primer juego se titula Yomawari: Night Alone y fue lanzado en 2015 para PlayStation Vita, con versiones para PC en 2016 y Nintendo Switch en 2018. El segundo juego de la franquicia es Yomawari: Midnight Shadows que fue lanzado para PlayStation Vita, PlayStation 4 y PC en 2017, y para Nintendo Switch en 2018. Los dos primeros juegos, al igual que Lost in the Dark eran survival horrors en 2D con perspectiva isométrica con unas mecánicas muy similares y muchos elementos comunes como los espíritus y fantasmas del folclore japonés -Yōkai, Yūrei, o Yōma-, la noche y lo que se esconde en su oscuridad, o que sus protagonistas son prácticamente niñas.

Con esta tercera entrega totalmente continuista -era de esperar siendo un juego de nicho- volvemos a explotar los elementos que tan bien habían funcionado en los juegos anteriores con una historia de terror basada en una indefensa niña que tiene que lidiar con multitud de entes sobrenaturales que habitan en la noche y que no dudarán en matarla al mínimo contacto. Y no hay que dejarse engañar por el diseño «cuqui» de las protagonistas, estamos ante juegos más adultos de lo que puedan parecer que no dudan de recurrir al gore o a situaciones que nos dejarán muy mal cuerpo, sin contar la sensación de indefensión y vulnerabilidad que tendremos en todo momento.

Yomawari: Lost in the Dark comienza con una chica a la que podremos crear y poner nombre nosotros -con un editor muy muy limitado- que vive en un pueblo o pequeña urbe del Japón rural. Sin más explicación, acompañamos a esta chica durante el prólogo en un contundente y detestable ejercicio de bullying perpetrado por otros chicos que acaban en lo que parece ser un suicidio. De aquí nos trasladamos a un bosque donde una chica nos comunica que estamos malditas, y que tenemos apenas unas horas para romper la maldición. No conseguimos más información de este personaje salvo que también ella está maldita y que la conocemos, pero que la hemos olvidado al igual que sabemos y hemos olvidado como romper la maldición.

Con esta premisa tenemos que explorar nuestro pueblo, solventar pequeños puzles y buscar pistas que nos recuerden a la chica desconocida, y estas llegan en forma de objetos que nos hacen recordar un lugar al que tendremos que ir para avanzar en nuestra aventura. Parece simple pero no lo es tanto porque La noche es oscura y alberga horrores, horrores invisibles, que solo podremos observar a la luz de nuestra linterna, y de los que tendremos que escapar, ya sea corriendo -tendremos una barra de resistencia como en entregas anteriores- o escondiéndonos donde podamos y rezando para que el peligro pase de largo.

Pero habrá muchas veces que no tengamos que huir sino cruzar por un camino lleno de peligros y correr no sea la solución, para estos casos podemos cerrar los ojos -con ambos gatillos- con lo que nuestro movimiento se ralentiza mucho y prácticamente no vemos salvo a nuestro personaje, pero los espíritus estarán representados con manchas rojas que debemos tratar ni de rozar -lo que supone la muerte inmediata-, todo esto con nuestro corazón a mil. Son momentos de auténtica tensión que se unen a los sobresaltos que nos llevaremos en nuestros continuos encuentros enemigos. También podremos usar piedras para intentar llamar la atención de estos entes, pero incluso así el riesgo es permanente.

Audiovisualmente Yomawari: Lost in the Dark cambia muy poco respecto a los dos juegos anteriores. Goza de un apartado artístico super deformed de belleza singular y mucha expresividad, que sabe transmitir soledad y desasosiego, y un apartado sonoro que se carga sobre los hombros la responsabilidad de hacernos sufrir con cada ruido, gemido, grito en la noche o el propio latido de nuestro corazón -muy recomendable el uso de auriculares-. Todo combinado y con la capacidad de dar sustos y sobresaltos, conforman una experiencia que realmente debemos de disfrutar, sobre todo si el survival horror es un género que nos apasiona.

Como ya hemos dicho, Yomawari: Lost in the Dark es una tercera entrega totalmente continuista. Es cierto que es algo más difícil que los juegos anteriores, y que perdemos el avance con dos personajes de la segunda entrega, pero el terror está tan bien conseguido como en los otros juegos, y nos sigue dando un mal rollo enorme. Eso sí, después de tres entregas similares, si Nippon Ichi quiere continuar con la franquicia, debería darle una vuelta de tuerca aunque sea a la jugabilidad -tampoco es cuestión de pedirle más a una producción tan pequeña incluso en su nicho-, ya que talento para los survival horror tienen de sobra. Los tres Yomawari son pequeñas joyas del terror típico japonés y los que disfrutasen con los dos primeros lo harán sin duda con el tercero.

 


Este análisis ha sido realizado en Nintendo Switch mediante una copia cedida por NIS America