Hace algo más de 14 años, mientras jugaba por primera vez a Morrowind, no podía dejar de pensar en lo genial que sería tener la posibilidad de explorar Vvanderfell junto a otros compañeros de aventuras. Años más tarde, cuando Bethesda se hizo con los derechos de Fallout, esta fantasía se acrecentó, alimentada por la adaptación del característico estilo de los canadienses a un nuevo trasfondo tan propicio a la cooperación o enfrentamiento entre jugadores como lo es la supervivencia ante un entorno hostil.

Finalmente, en 2014 y de la mano de Zenimax Online Studios , vio la luz The Elder Scrolls Online. No fue un lanzamiento exento de problemas, pero, con el paso de los meses y de los parches, se consiguió alcanzar un resultado lo suficientemente digno como para afianzar una buena base de jugadores que asegurase la aparición constante de nuevos contenidos y expansiones. Con este exitoso precedente quedaba muy claro que el salto de Fallout a la arena de los juegos multijugador no podía postergarse demasiado en el tiempo.

Así nos llega Fallout 76, un título que actúa como comienzo cronológico de la saga. Empezamos el juego dentro del refugio 76, un lugar cuyos habitantes tienen reservado el dudoso privilegio de ser los primeros en salir al exterior para comenzar a reconstruir el mundo tras el holocausto nuclear. Este punto de partida no es anecdótico, pues desde el principio nos sitúa frente a uno de los puntos más polémicos de Fallout 76: la total ausencia de NPCs.

Es una decisión con justificación argumental y que además crea un trasfondo interesante, pues nos encontraremos un mundo en el que el tiempo parece haberse congelado tras la caída de las bombas. Esta vez gran parte del peso narrativo reposa en las pequeñas historias dejadas en documentos, cintas u ordenadores por los desdichados que se quedaron fuera de los refugios, en lugar de ser, como en otras entregas de la saga, una crónica satírica de un mundo en camino de una reconstrucción en la que la Humanidad se encuentra condenada a repetir una y otra vez los errores que la condujeron al desastre.

De este modo afrontaremos en solitario o en compañía de otros jugadores un buen número de misiones, las cuales se iniciarán mediante terminales o robots. La mencionada ausencia de NPCs, junto al escasísimo número de jugadores por partida —apenas tendremos a otras 23 personas compartiendo mapa con nosotros en cada sesión de juego—, provoca un efecto paradójico: el primer Fallout multijugador tiene el mundo más muerto, solitario y aburrido de toda la saga, a lo cual no ayuda demasiado un diseño de misiones fundamentado en saturar al jugador con un ingente cantidad de encargos de recadero. Podremos pasarnos horas y horas caminando de terminal en terminal para cumplir tareas tan poco estimulantes como recolectar objetos o eliminar a un enemigo concreto situado en la otra punta del mapa, sin que por el camino nos encontremos, salvo que juguemos con amigos, con ningún otro ser humano. Se ha intentado paliar esto mediante la aparición de eventos que tratan de concentrar a los jugadores en un determinado punto para obligarlos a cooperar, pero estos eventos son muy escasos y resultan tan poco edificantes como las misiones principales.

 

Otro de los puntos polémicos de este lanzamiento ha sido la ingente cantidad de bugs con los que el juego ha llegado a las tiendas. El soporte, por suerte, ha sido constante y se han publicado un buen número de parches solucionando problemas y ajustando numerosos aspectos del juego que tenían serios problemas de balanceo, como el limitado número de objetos que podíamos llevar en nuestro inventario, pero todavía queda mucho trabajo por delante y Fallout 76 es, hoy por hoy, un título que apenas podría ser catalogado como una beta o un Early Access.

Bethesda debe de avanzar en la corrección de errores para poder comenzar cuanto antes a incorporar el prometido nuevo contenido, de forma que la experiencia propuesta resulte más interesante. Fallout 76 sigue siendo un diamante en bruto y anteriores lanzamientos en el campo de los juegos multijugador —como Final Fantasy XIV o el propio The Elder Scrolls Online— demuestran que es perfectamente posible recuperarse de un fiasco inicial. Los próximos meses serán cruciales para determinar si Fallout 76 se convierte en otra historia de éxito o si, por el contrario, termina siendo una de las mayores decepciones de la generación.

 

 


Este artículo ha sido realizado mediante una copia cedida por Bethesda