Call of the Elder Gods es una de las sorpresas más interesantes de 2026. Desarrollado por Out of the Blue Games y publicado por Kwalee, el título funciona como una continuación espiritual y temática de Call of the Sea, mezclando horror lovecraftiano, narrativa y puzles ambientales dentro de una aventura profundamente atmosférica. Quienes esperen un juego de terror más directo o cargado de acción quizá salgan decepcionados, pero los jugadores dispuestos a dejarse llevar por su ritmo pausado encontrarán una de las experiencias narrativas más interesantes del año.
Aunque comparte universo con Call of the Sea, la historia funciona de manera independiente y amplía considerablemente tanto la escala como la complejidad de los puzles. Desde sus primeros minutos, Call of the Elder Gods consigue establecer una sensación constante de inquietud. La historia sigue al profesor Harry Everhart y a la estudiante universitaria Evangeline Drayton mientras investigan una serie de visiones, artefactos antiguos y fenómenos imposibles relacionados con entidades que escapan a la comprensión humana. En lugar de apoyarse en sustos fáciles o monstruos grotescos, el juego apuesta por un terror mucho más psicológico y existencial.
Ahí es precisamente donde el juego funciona mejor, pues cada escenario está diseñado para reforzar el misterio y alimentar la curiosidad del jugador. Ya sea recorriendo pasillos universitarios en penumbra, ruinas olvidadas, paisajes helados o espacios que parecen existir fuera de la realidad, el juego transmite constantemente la sensación de que siempre hay algo más oculto bajo la superficie. Nunca tiene prisa a la hora de construir su atmósfera y prefiere que el jugador observe, interprete y descubra las cosas a su propio ritmo. Ese planteamiento pausado puede no convencer a todo el mundo, pero para quienes disfrutan de las aventuras narrativas e inmersivas, termina convirtiéndose en una de sus mayores virtudes.

Visualmente el juego resulta muy llamativo pese a ciertas limitaciones técnicas. Construido sobre Unreal Engine 5, gran parte de su fuerza proviene de la dirección artística. La iluminación, el diseño de escenarios y la paleta de colores consiguen crear un mundo que resulta al mismo tiempo real y onírico. Algunos entornos pueden parecer demasiado vacíos o artificiales, casi como salas diseñadas exclusivamente para resolver puzles, pero el conjunto funciona gracias a lo bien que sostiene el tono general de la aventura. Esa mezcla entre belleza, calma y horror cósmico le da una personalidad muy distinta a la de otros juegos del género.
Técnicamente, el rendimiento es correcto aunque no impecable. Hay algunas animaciones un tanto rigidas, pequeños fallos visuales y caídas puntuales de rendimiento que recuerdan constantemente que estamos ante una producción de presupuesto medio y no frente a un gran AAA. Aun así, los problemas nunca llegan a romper la inmersión de manera grave.
La banda sonora merece una mención aparte. La música nunca invade la escena ni busca protagonismo constante; actúa más bien como una presencia silenciosa que acompaña la tensión y la melancolía de la historia. Las piezas de piano y los sonidos ambientales contribuyen a reforzar esa sensación de estar atrapado en un sueño extraño, casi irreal. Hay momentos concretos donde el apartado sonoro consigue transmitir emociones que la propia narrativa apenas necesita verbalizar.
Pero si hay un elemento que realmente eleva la experiencia, ese es el diseño de los puzles. Aquí los acertijos no están colocados simplemente para alargar la duración del juego, pues todo está integrado dentro del mundo y de la historia. El jugador debe observar símbolos, relacionar pistas dispersas por los escenarios, interpretar documentos y resolver problemas basados en la lógica y la atención al detalle. Call of the Elder Gods exige implicación constante y no tiene miedo de desafiarnos, confiando en nuestra inteligencia y logrando que resolver ciertos rompecabezas resulte especialmente satisfactorio.

Y lo cierto es que algunos puzles son excelentes. Hay secuencias relacionadas con investigaciones ocultistas y reconstrucción de artefactos que representan algunos de los mejores momentos del juego. Más adelante aparecen desafíos que juegan con la percepción, el tiempo y el espacio de maneras realmente ingeniosas, aunque, eso sí, en algunos momentos el nivel de dificultad puede rozar lo excesivo. Hay situaciones donde la lógica se vuelve demasiado críptica o donde avanzar depende de detalles ambientales extremadamente fáciles de pasar por alto. Afortunadamente, el sistema de pistas está bastante bien planteado. En lugar de revelar directamente la solución, ofrece pequeñas orientaciones que ayudan a mantener la sensación de descubrimiento sin generar frustración innecesaria.
A nivel narrativo, el juego es ambicioso, aunque no siempre logra mantener el equilibrio. La relación entre Harry y Evangeline funciona como núcleo emocional de la historia y muchos de sus mejores momentos aparecen precisamente en las conversaciones más íntimas y humanas. El juego habla de pérdida, obsesión, trauma y memoria desde una perspectiva sorprendentemente cercana, algo fundamental para que el horror cósmico tenga impacto emocional real. Sin embargo, el ritmo se vuelve irregular en su segunda mitad. La trama empieza a introducir conceptos cada vez más complejos relacionados con líneas temporales, civilizaciones antiguas y fenómenos metafísicos, y no siempre consigue conectar todas esas ideas con claridad. Algunos giros importantes llegan demasiado rápido y pierden parte de su fuerza emocional porque la historia apenas les da espacio para desarrollarse.
Ese probablemente sea el mayor problema del juego. Call of the Elder Gods parece debatirse constantemente entre ser un misterio íntimo y emocional o una gran historia de horror cósmico a gran escala. Por separado, ambas facetas funcionan muy bien; juntas, no siempre terminan de encajar. Hay revelaciones finales que deberían tener un impacto enorme, pero que llegan tan deprisa que dejan una sensación algo fría, aunque, aun así, incluso cuando la narrativa tropieza, el juego mantiene intacto el interés y el impacto emocional. A diferencia de muchas historias inspiradas en Lovecraft, aquí todavía hay espacio para la empatía, la esperanza y la conexión humana, lo cual le da una identidad muy particular. El juego nunca se vuelve completamente nihilista ni cae en el pesimismo absoluto que suele dominar este tipo de relatos.

Las interpretaciones también ayudan mucho a sostener la experiencia. El trabajo de voz de los protagonistas está especialmente cuidado. Harry transmite perfectamente el cansancio y la obsesión de alguien que ha visto demasiado, mientras que Evangeline aporta humanidad y vulnerabilidad suficientes como para evitar que la historia se vuelva emocionalmente distante. La relación entre ambos personajes termina siendo el verdadero motor del juego.
Conviene remarcar una vez más, eso sí, qué tipo de experiencia ofrece realmente Call of the Elder Gods. Aquí no hay combate, sistemas RPG, fabricación de objetos ni secuencias de acción espectaculares. Es una aventura narrativa en primera persona centrada exclusivamente en la exploración y la resolución de puzles. Los jugadores que esperen algo parecido a Resident Evil o a un survival horror más tradicional probablemente se lleven una sorpresa. En cambio, quienes disfruten de juegos como The Witness, Myst, Return of the Obra Dinn o el propio Call of the Sea encontrarán aquí una propuesta mucho más cercana a ese tipo de aventuras pausadas y centradas en la observación.
Call of the Elder Gods construye sobre las ideas de Call of the Sea sin limitarse a repetirlas. Muchos estudios optan por secuelas más grandes y espectaculares, pero aquí la apuesta va en otra dirección: puzles más complejos, temas más oscuros y una narrativa emocionalmente más ambiciosa. No es por tanto un juego pensado para todo el mundo, pero sí una experiencia especialmente memorable para el público adecuado. Tiene defectos claros: algunos problemas de ritmo, una narrativa que a veces se complica más de la cuenta y ciertos puzles que pueden llegar a desesperar, pero sus virtudes pesan mucho más. La atmósfera es fantástica, el diseño de los acertijos resulta constantemente estimulante y el componente emocional consigue darle humanidad a un relato de horror cósmico que fácilmente podría haberse sentido frío o distante.
