Las historias de viaje tienen una poderosa atracción que lleva entre nosotros como mínimo desde los tiempos de Homero. Por supuesto que un medio tan rico como los videojuegos no puede ser ajeno a algo tan universal. Y Deer & Boy nos propone algo tan enormemente conocido a nivel narrativo como jugable. Porque simplemente, funciona perfectamente. Encima, con el añadido de hacer ese viaje con un compañero, ampliando la parte emocional y jugable con ello. En una época en la que cada vez es más complicado sorprender con una historia completamente original, muchas veces lo importante no es tanto el punto de partida como la forma de desarrollarlo. Deer & Boy entiende muy bien esa idea y construye una aventura que apuesta por transmitir sensaciones antes que por buscar constantes giros o explicaciones.
Un muchacho que sale de su hogar escapando de algo, sin entender realmente que pasa, lanzándose a la oscuridad de la noche, conoce y conecta con una cría de ciervo de manera casual, ¿o no? Ambos se juntan en un viaje que empieza en un terreno mundano, para evolucionar en los caminos de la fantasía y el realismo mágico.

El comienzo de un viaje y una amistad.
Los franceses Lifeline Games hacen su debut con acierto, y son apadrinados por Dear Villagers, que tienen buen ojo a la hora de apoyar y publicar juegos con historias que traen y tocan sensibilidades. Deer & Boy se encuadra en ese estilo jugable del «siempre adelante» que hoy día asociamos a los ahora dispersos Playdead, y que tiene innumerables representantes antes y después de ellos. Precisamente, a la muy conocida fórmula de plataformas, puzles y desplazamiento hacia adelante, junto a la enorme belleza plástica y narrativa, se añade otro componente conocido en los últimos años: la cooperación con otro personaje.
La manera en la que el muchacho y el cervatillo se encuentran y conectan es a priori tan difusa y hasta extraña, como emotiva y cautivadora. Poniendo como ejemplos rápidos el español Neva, y sobre todo, los dos Planet of Lana, Deer & Boy hace que esa historia con aparentes lagunas y faltas, salga airosa simplemente por la química entre ambos personajes. Poco a poco iremos comprendiendo que el auténtico peso de la aventura no recae tanto en responder todas las preguntas que plantea, sino en contemplar cómo ambos protagonistas aprenden a confiar el uno en el otro mientras avanzan por escenarios cada vez más sorprendentes.
Y como hemos expuesto, también trasladaremos la experiencia al pad, debiendo compaginar el control entre ambos personajes para ir saliendo airosos.

Belleza y un toquecito de profundidad en algunos escenarios.
No hay nada que realmente sea diferencial o rompedor en Deer & Boy, sin que ello signifique que nuestro viaje es plano y «de trámite». La historia general es lo bastante desconcertante, apoyada en algunos «saltos de fe». Una vez más, aquí tampoco tenemos diálogos, con textos o indicaciones básicas sobre como funciona el control de los personajes, haciendo que toda la narración recaiga tanto en las situaciones que vamos afrontando durante el tiempo, como en los propios escenarios. Si reproducís el tráiler que culmina esta entrada, veréis esa combinación entre lo cotidiano y lo mágico, que cada cual asimilará a su manera durante este viaje.
En la parte jugable no hay mucho que destacar, ni es necesario para que Deer & Boy funcione de forma impecable. El control del muchacho es conocido, correr, empujar, saltar… y en algunos momentos moverse «en profundidad» haciendo uso del bellísimo motor 2,5D del juego. El manejo de nuestro compañero cérvido será igualmente sencillo y servirá para interactuar con mecanismos, complementar puzles entre ambos personajes, jugar con el sigilo… y algunos momentos más especiales. Los rompecabezas rara vez buscan poner contra las cuerdas al jugador, sino mantener un ritmo constante en el que la exploración y la cooperación tengan siempre más peso que la dificultad. Esa decisión hace que la aventura avance con naturalidad y apenas existan interrupciones, algo que termina beneficiando tanto al desarrollo de la historia como a la propia relación entre sus protagonistas.
Realmente no habría demasiado más que aquí podamos aportar. El juego vuelve a usar el ingenio artístico de sus responsables para ofrecer belleza y potencia narrativa. El sonido y la música son vitales, ayudando a esa narración y emotividad. Los escenarios también saben acompañar muy bien la evolución del viaje, alternando lugares reconocibles con otros donde la fantasía comienza a ganar protagonismo sin romper nunca la coherencia visual del conjunto. Y como acostumbra el «genero», estamos ante un viaje-experiencia jugable de unas cuatro horas, que ya decimos tiene sus pequeñas peculiaridades a la hora de explicarse al jugador. También es de agradecer que sus responsables no intenten estirar artificialmente la propuesta con mecánicas que terminen desviando la atención de lo verdaderamente importante.

Las fronteras entre lo real y lo fantástico se irán desdibujando.
Así, Deer & Boy tiene en su principal virtud, sencillez, belleza y duración controlada y cuidada, su posible hándicap. Porque siempre habrá jugadores que consideren que este tipo de juegos son muy simples, cortados por patrones similares, y encima, no demasiado largos. Es lógico, es lo suyo. Puede parecer que hacer este tipo de juegos es ir a lo fácil. Pero podríamos decir que es lo contrario, que aunque es muy sencillo que cualquier jugador disfrute de estas experiencias, no lo es tanto que estas tengan grandes números. Muchos juegos maravillosos de este estilo, terminan quedándose en el nicho.
Pues al menos desde 33bits queremos poner nuestro granito de arena para dar a conocer, y sobre todo, hablar de la buena calidad que atesora Deer & Boy. Esperamos más trabajos interesantes de Lifeline Games, tras su excelente debut aquí.
