Maseylia: Echoes of the Past es un pequeño compendio del videojuego más clásico, traídos a la modernidad. Empezando, este interesante juego viene de un número reducido de personas, programación, arte y diseño sonoro y música. Luego, el juego nos propone un escenario exótico que nos invita a explorar y perdernos, con mecánicas sencillas de juego, junto a un mundo lleno de diversidad y color para entrar por el ojo y ganarnos por la sensación de descubrimiento y progresión.

El pequeño estudio francés que ha gestado durante tres años Maseylia: Echoes of the Past es bastante descriptivo… Sol Brothers. Y es que es literal, porque el director del proyecto es Victor Abresol, apoyado por sus dos hermanos Theo y Jean Abresol. El apartado sonoro y musical corre por parte de Zack Fitzgerald. Cuatro personas, ocho hábiles manos, para dar lugar a la visión de los hermanos Abresol: un metroidvania 3D. Y con una maravillosa influencia del arte franco-belga de ciencia-ficción colorida y más exótica que recargada.

Maseylia es un mundo exótico y tranquilo, que ve alterada su orden por ‘los visitantes de las estrellas’. El choque entre población autóctona y los foráneos llevará a un enorme conflicto del que no sabremos mucho, más allá de que nuestra especie lleva largo tiempo viviendo bajo tierra, mientras vemos que la magia del planeta empieza a restaurarse. Nuestra protagonista empieza sin saber mucho más que el jugador, y el motor de su misión es la búsqueda de su padre. Narrativa y argumentalmente tenemos sencillez y capas de complejidad, un mundo que nos ‘habla’ así como los personajes que conoceremos con sencillas conversaciones.

Y es que Maseylia: Echoes of the Past pivota sobre uno de los clásicos de los videojuegos de hace décadas cuando empezaron a ganar cuerpo técnico y jugable: la exploración y los laberintos. Que el metroidvania esté en gran auge, permite pensar aquel tipo de juego con las bondades actuales. Porque en este mundo donde convive lo mágico, lo orgánico y lo tecnológico, ahora los laberintos son en entornos 3D con mucha verticalidad, recovecos y rutas, y caminos que se abrirán a medida que nuestra protagonista adquiera nuevas habilidades.

El juego es ante todo un plataformas 3D trazado de forma muy directa, saltar, calcular rápido, manejar reflejos y trayectorias, y que todo escale en complicación a medida que entremos en entornos más retorcidos que requerirán de haber encontrado más mejoras.

También hay espacio para otros aspectos, como la exploración en entornos acuáticos, abriendo distintas rutas que no siempre están claras en nuestro mapa general, que ya sea por evitar complicación, sea por picardía, se presenta en un 2D donde deberemos trazar mentalmente esos enormes entornos 3D.

Tendremos un sistema de combate sencillo, cuerpo a cuerpo o a distancia, bastón o arco. Un sistema de puntos de magia, sobre todo para recuperar contenedores de vida. Y el dinero, como no, que será muy vital. Porque las únicas cosas que serán gratis en este juego será salvar en puntos determinados, y hablar con los personajes, así como conseguir mejoras. El ‘dibujar’ mapas, postes donde equiparnos amuletos y manejar los huecos, el sistema de teletransporte, conseguir algunas mejoras -irónicamente, pagamos con oro el poder almacenar más oro-, requerirá de que hayamos conseguido vil metal destruyendo enemigos -muy básicos de patrones y peligro- y, sobre todo, ‘picar piedra’.

Maseylia: Echoes of the Past hace de la sencillez su gran valor, y sus pequeñas aristas. Es muy agradecido tener un control, movilidad y posibilidades de recorrer los escenarios tan logrados. Pero se ‘paga’ con poco que hacer. El dejar la exploración prácticamente en el chasis es una fuente de pique por encontrar no solo más caminos y conexiones, sino más mejoras de vida, magia, habilidades, secretos…  Pero muchas veces el objetivo inmediato es llegar al próximo punto de guardado o teletransporte. El juego funciona como un tiro, salvo temas técnicos afortunadamente menores, si solo queremos saltar, explorar, perdernos y encontrarnos. Pero siempre habrá quien pida más, aunque no sea realmente necesario.

La inmersión y la atmósfera es claramente no solo el gran valor de Maseylia: Echoes of the Past, sino directamente su objetivo. Un mundo que bebe de Moebius y Druillet, como de los más actuales Leo o Bablet. Los distintos biomas saben diferenciarse por más que lo visual. En las zonas de hielo, resbalaremos y el plataformeo estará adaptado al deslizamiento. Zonas acuáticas donde deberemos gestionar el oxígeno y ajustar el plataformeo justamente a esas burbujas de preciado aire. Bosques y desierto, donde vegetación y arena son más que mera decoración.

Los creadores ponen como tres grandes referencias el primer Metroid Prime, el desafiante plataformas 3D Pseudoregalia, y como ya habréis supuesto, pues también Hollow Knight. Realmente Maseylia: Echoes of the Past es más sencillo narrativamente que el primero, mucho más accesible en plataformas y verticalidad que el segundo, y bastante más fácil en combates y acción que el tercero. Pero el espíritu de los tres juegos es muy reconocible. 

No nos vamos a una aventura larga 7-10 horas. Como siempre, un poco más si exploramos con detalle. De nuevo aquí la sencillez puede pasar factura, porque el mapa en 2D no permite hacerse muchas veces una idea clara de las cosas, de donde podemos habernos dejado alguna ruta donde antes no podíamos ir, de ese agujero bajo el agua, o esa ruta en las zonas más altas, a la que no hemos ido o hemos vuelto. Afortunadamente, es bastante visual y manejable. Pero no permite siquiera poner marcadores, y el aumento de progresión va por acumulación, frente a subir gradualmente porcentajes.

Podemos achacar también que esa sencillez, o más bien, basicidad del combate, se traslada a jefes finales poco estimulantes aunque cumplidores al menos en su logrado diseño. Un poco más de complicación hubiera caído muy bien en algunos momentos para aportar más intensidad.

Maseylia: Echoes of the Past logra claramente su objetivo de ser un homenaje a los metroidvanias, con claro toque artístico francés. Se pueden echar a faltar cosas, pero el juego se plantea como quiere hacerlo. Y en otros puntos sí podríamos pedir un poco más, pero no llegan a formarse grietas, aunque quizás sí algunos desniveles. Pero en conjunto, tenemos una experiencia disfrutable, recomendable y que nos permite explorar, desconcertarnos, volver sobre nuestros pasos, perdernos y recuperar nuestro camino, saltando, deslizando, calculando, ajustando en medio del aire… mientras descubrimos qué misterio hay en este cautivador planeta.