Cuando Crystal Dynamics decidió reiniciar Tomb Raider en 2013, el resultado fue un éxito tanto comercial como de crítica. Aquel juego nos presentó a una Lara Croft mucho más humana, vulnerable y creíble que en entregas anteriores, apostando por una mezcla de exploración, supervivencia y acción que modernizó la franquicia sin perder del todo su esencia aventurera. Dos años después llegó Rise of the Tomb Raider con el objetivo de ampliar todas aquellas ideas y demostrar que el renacimiento de la saga no había sido flor de un día. Ahora, más de una década después de su lanzamiento original, Rise of the Tomb Raider: 20 Year Celebration vuelve a estar de actualidad gracias a su llegada a Nintendo Switch 2 en una edición que reúne todo el contenido adicional publicado en su día y permite redescubrir una de las aventuras más destacadas de la Lara moderna.
La historia arranca poco después de los acontecimientos del juego anterior. Lara sigue obsesionada con demostrar que las leyendas y los mitos que tanto estudiaba su padre pueden esconder verdades que la historia ha ignorado durante siglos. Su nueva investigación la lleva hasta las inhóspitas regiones de Siberia, donde busca el secreto de la inmortalidad antes de que una poderosa organización conocida como Trinity pueda hacerse con él. Sin entrar en detalles para evitar spoilers, nos encontramos ante una aventura que combina expediciones arqueológicas, conspiraciones, reliquias perdidas y una constante lucha por la supervivencia. Aunque la trama no alcanza las cotas narrativas de algunos referentes modernos de su género, como Uncharted por ejemplo, sí consigue mantener el interés durante toda la campaña gracias a un ritmo muy bien medido y a una Lara que continúa evolucionando como personaje.
Uno de los grandes aciertos de Rise of the Tomb Raider es que entendió perfectamente qué elementos habían funcionado mejor en el reboot de 2013 y cuáles necesitaban una vuelta de tuerca. La exploración adquiere un peso mucho mayor y las zonas que visitamos presentan un diseño más amplio y complejo. No estamos ante un mundo abierto propiamente dicho, pero sí ante escenarios interconectados que invitan a regresar una y otra vez para descubrir secretos, completar desafíos o acceder a áreas previamente inaccesibles gracias a nuevas herramientas y habilidades.

La sensación de aventura está presente prácticamente en todo momento. Escalar una pared helada, atravesar ruinas olvidadas, descender a cavernas ocultas o resolver mecanismos ancestrales transmite constantemente esa sensación de estar participando en una auténtica expedición arqueológica. Es precisamente aquí donde encontramos uno de los aspectos más celebrados del juego desde su lanzamiento original, las tumbas opcionales.
Estas tumbas representan algunos de los mejores momentos de toda la aventura. Cada una plantea puzles ambientales que nos obligan a observar cuidadosamente el entorno y utilizar los elementos disponibles para avanzar. Son desafíos bastante accesibles en líneas generales, pero están diseñados con suficiente inteligencia como para resultar entretenidos y romper el ritmo de los enfrentamientos. Además, las recompensas que obtenemos al completarlas aportan un incentivo adicional para explorar cada rincón del mapa.
El componente de supervivencia también regresa con fuerza. Lara puede recolectar recursos, fabricar objetos, mejorar su equipamiento y personalizar su arsenal. Aunque estas mecánicas no alcanzan la profundidad de un juego de supervivencia puro, sí aportan una agradable sensación de progresión constante. A medida que avanzamos vamos desbloqueando nuevas habilidades que refuerzan distintos estilos de juego, permitiéndonos especializarnos en el sigilo, el combate o la exploración.
Los enfrentamientos siguen siendo una parte importante de la experiencia. El arsenal disponible es variado y responde con solvencia, mientras que el diseño de las zonas de combate permite afrontar muchas situaciones de diferentes maneras. Podemos recurrir al sigilo para eliminar enemigos sin ser detectados, utilizar el entorno a nuestro favor o entrar directamente en acción empleando armas de fuego y explosivos. Esta flexibilidad ayuda a que los combates no resulten repetitivos incluso durante las fases más intensas de la campaña.

Aun así, si hay algo que distingue especialmente a Rise of the Tomb Raider es el equilibrio que logra entre todos sus sistemas. La acción nunca eclipsa por completo la exploración, los puzles no interrumpen excesivamente el ritmo y la progresión está integrada de forma natural dentro de la aventura. Es una combinación muy difícil de conseguir y por ello posiblemente la mejor entrega de la trilogía Survivor.
Visualmente, el paso de los años le ha sentado sorprendentemente bien. Evidentemente existen producciones actuales mucho más avanzadas desde el punto de vista técnico, pero la dirección artística continúa brillando con fuerza. Los paisajes nevados de Siberia, los bosques, las ruinas antiguas y los distintos enclaves que visitamos conservan una enorme vistosidad. La iluminación, los efectos climáticos y el trabajo realizado en la recreación de los escenarios contribuyen a que la aventura siga resultando muy atractiva incluso en 2026.
La versión de Nintendo Switch 2 a la que hemos tenido acceso, realiza un trabajo competente trasladando toda esta experiencia a la consola híbrida. El juego se mantiene estable durante la inmensa mayoría de la aventura y conserva intacto todo el contenido de la edición 20 Year Celebration. Es cierto que podemos echar en falta una mayor ambición técnica o determinadas mejoras gráficas que que cabría esperar de la nueva consola de Nintendo, además hemos visto algún pequeño fallo visual aislado. Sin embargo, nada de esto llega a empañar seriamente la experiencia. Lo más importante es que la aventura sigue siendo plenamente disfrutable y que podemos recorrer la totalidad de esta expedición en formato portátil sin renunciar a ninguno de sus contenidos.
El apartado sonoro continúa funcionando a gran nivel. La banda sonora acompaña perfectamente cada situación, alternando momentos de tensión, exploración y espectacularidad sin resultar invasiva. Los efectos de sonido ayudan a reforzar la inmersión en los entornos y el doblaje contribuye a dar personalidad a los personajes principales.

La edición 20 Year Celebration añade además una cantidad considerable de contenido extra. Entre sus incorporaciones encontramos capítulos adicionales como Lazos de sangre, una interesante visita a la mansión Croft que profundiza en algunos aspectos de Lara, así como la expansión Baba Yaga: El templo de la bruja, que introduce una aventura con un tono diferente al de la campaña principal. A esto se suman modos adicionales, nuevos desafíos y numerosos extras que convierten esta edición en la forma más completa de disfrutar del juego.
Resulta especialmente destacable cómo Rise of the Tomb Raider consigue mantener su capacidad para enganchar incluso después de tantos años. Muchas producciones de la misma época han envejecido de manera más evidente, pero aquí encontramos una aventura diseñada con enorme cuidado, capaz de combinar exploración, plataformas, puzles y acción con una naturalidad admirable. Puede que algunas de sus mecánicas ya no resulten tan novedosas como en 2015, pero siguen funcionando extraordinariamente bien.
Rise of the Tomb Raider: 20 Year Celebration continúa siendo una aventura fantástica más de una década después de su debut original. Crystal Dynamics logró construir una secuela que mejoraba prácticamente todos los aspectos del reboot de 2013 y que todavía hoy destaca por su equilibrio. La versión de Switch 2 que nos ofrece Aspyr Media no aporta casi novedades, pero sí nos permite disfrutar de la edición más completa del juego en la plataforma de Nintendo. Y cuando la base es tan sólida, eso sigue siendo más que suficiente para recomendarla sin reservas.

