El que haya leído mis reseñas ya sabrá que me encantan los twin-stick shooters. De hecho, el último que analicé fue OTXO, un título bastante recomendable si os gustan los roguelite con vista cenital. Esta vez os traigo un juego con una buena historia y una jugabilidad muy interesante. Hablo de Kusan: City of Wolves, el debut del equipo surcoreano CirclefromDot, unos desarrolladores que me han sorprendido con un juego que no tenía en el radar y que, para mi sorpresa, se ha convertido en uno de mis favoritos dentro del género. En este análisis os explicaré sus virtudes y también aquellos aspectos donde todavía puede mejorar.
Os pongo en contexto: encarnamos a Jin, un exsoldado felino antropomórfico atormentado por su pasado. Jin acepta un encargo en Kuzan, una metrópolis neofuturista dominada por el crimen organizado y la corrupción política. Lo que parecía una misión sencilla se complica cuando Jin se cruza con Haru, una joven perseguida por las diferentes facciones de la ciudad debido a que alberga en su interior una poderosa fuente de energía que puede convertirse en un arma devastadora.
El juego cuenta con una historia que engancha desde el primer minuto, con varios giros de trama y un cierre bastante bueno. Si queremos profundizar un poco más en su universo, podremos hacerlo hablando con los distintos NPC que encontraremos en «La Lavandería», nuestra base de operaciones, y también en los diferentes escenarios. Estos lugares no son simples zonas de combate, ya que esconden pequeñas historias y detalles que ayudan a comprender mejor el oscuro mundo en el que se desarrolla la aventura. La ambientación es uno de sus grandes puntos fuertes, consiguiendo transmitir constantemente esa sensación de decadencia propia de una ciudad dominada por la violencia y la corrupción.
Mecánicamente estamos ante un twin-stick shooter de vista cenital en el que tendremos que acabar con todo lo que se mueva en cada fase. Como suele ocurrir en este género, si recibimos demasiados golpes moriremos y tendremos que reiniciar el escenario, por lo que cada enfrentamiento se convierte en una prueba de habilidad donde los reflejos y la capacidad de adaptación son fundamentales.

Por suerte, Jin cuenta con un arsenal bastante variado formado por cuatro tipos de armas -ballesta, pistola, revólver y escopeta-, además de un brazo protésico y un cuchillo cuántico que funcionan de maravilla para acabar con nuestros enemigos. Cada arma tiene sus propias características y resulta más efectiva dependiendo de la situación, por lo que no se trata simplemente de encontrar la más poderosa, sino de aprender cuándo utilizar cada una.
Uno de los aspectos que más me ha gustado del sistema de combate es que no todo consiste en disparar sin pensar. El juego nos obliga a estar constantemente en movimiento, aprovechar los elementos del escenario y combinar nuestras diferentes habilidades para sobrevivir. El brazo protésico aporta una capa adicional de estrategia, ya que permite complementar nuestros ataques y abrir nuevas posibilidades durante los enfrentamientos. Además, los enemigos cuentan con diferentes patrones de ataque y comportamientos, haciendo que tengamos que cambiar nuestra estrategia en lugar de repetir siempre la misma fórmula.
También tendremos que enfrentarnos a grandes jefes finales que pondrán a prueba todo lo aprendido. Estos combates son uno de los momentos más destacados de la aventura, ya que mezclan la velocidad habitual del género con enfrentamientos donde tendremos que observar patrones, encontrar puntos débiles y aprovechar cada oportunidad para hacer daño.
Además, Jin puede potenciarse con habilidades pasivas muy interesantes como «Malabarista de cuchillos». También podremos equipar mejoras en las armas, como aumentos de cargador, mejoras de cadencia de disparo u otros efectos que modifican nuestra forma de jugar. Todo ello se compra utilizando pernos y núcleos Limbus, unos recursos bastante difíciles de conseguir y que hacen que tengamos que pensar muy bien dónde invertir cada mejora.

El juego también recompensa nuestra forma de jugar. Destruir los escenarios, conseguir combos elevados y eliminar enemigos de forma consecutiva nos permitirá obtener más pernos y mejores recompensas. Al finalizar cada fase tendremos un marcador con nuestra puntuación, algo que invita a repetir niveles para mejorar nuestros resultados y conseguir la máxima clasificación.
Nuestro inventario será limitado al principio, aunque podremos ampliarlo poco a poco, dando un gran valor a la moneda del juego. Esta no solo nos servirá para comprar equipamiento, también podremos utilizarla para optimizar los módulos de habilidades y conseguir que ocupen menos espacio. Esta gestión del inventario me ha recordado mucho a la vista en la saga Resident Evil, ya que tendremos que decidir qué objetos llevar y cuáles dejar atrás.
Eso sí, no podremos equiparnos varias armas al mismo tiempo, aunque sinceramente no lo he echado demasiado en falta gracias al amplio abanico de posibilidades que nos ofrece Jin. La variedad de habilidades y mejoras hace que cada jugador pueda adaptar la experiencia a su propia forma de jugar.
Los escenarios también aportan su granito de arena a la fórmula. Las fases son completamente destruibles y en muchas ocasiones encontraremos atajos o nuevas rutas dentro del propio nivel. Esta destrucción no es únicamente estética, ya que puede cambiar la forma de afrontar algunos enfrentamientos y descubrir nuevas posibilidades durante la partida.
Lo que sí he echado algo de menos es la falta de habitaciones secretas o zonas ocultas para los jugadores más exploradores. No es algo imprescindible, pero habría añadido un extra de descubrimiento y habría dado más motivos para volver a recorrer algunos escenarios.

Este tipo de juegos son excelentes para disfrutarlos en PC, pero gracias al sistema de Steam Cloud también podremos continuar nuestra partida en Steam Deck, donde funciona bastante bien. Evidentemente, en un género tan rápido no tendremos la misma precisión que con un ratón, pero sigue siendo una experiencia totalmente disfrutable si no buscamos conseguir la máxima puntuación en todas las fases.
El apartado visual es uno de los puntos más acertados del juego. La historia apuesta por un formato de cómic para narrar las aventuras de Jin, una decisión que encaja perfectamente con el estilo general de la propuesta. Los escenarios juegan con una combinación de neones, colores brillantes y una estética oscura muy neofuturista que consigue representar perfectamente la parte más decadente de Kuzan.
El apartado sonoro quizás es la parte donde más flojea Kusan: City of Wolves. Los efectos durante los combates cumplen correctamente y consiguen transmitir la contundencia necesaria, pero la música ambiental que nos acompaña durante gran parte de la historia acaba resultando algo repetitiva con el paso de las horas.
En definitiva, Kusan: City of Wolves me ha sorprendido para bien. Jamás pensé que una gestión del inventario pudiera funcionar tan bien dentro de un twin-stick shooter, y además la historia consigue mantenernos pegados a la pantalla desde el primer momento. Su combinación de acción, progresión y ambientación consigue crear una experiencia muy recomendable para los amantes del género. Con una duración aproximada de seis o siete horas, es perfecto para disfrutarlo durante un fin de semana y una de esas pequeñas sorpresas que llegan sin hacer demasiado ruido, pero que terminan dejando un gran recuerdo.
