Cairn llega de la mano de The Game Bakers, un estudio francés al que en 33bits le tenemos gran aprecio por títulos como Furi o Haven, y al que le interesa más explorar experiencias únicas que seguir fórmulas convencionales. Con este nuevo proyecto se alejan de la acción directa o la narrativa tradicional para centrarse en algo mucho más físico y estratégico: la escalada como experiencia completa. Automáticamente pensaremos en Jusant, pero no, esto esta a otro nivel de complejidad, sin desmerecer al título de Don’t Nod. Desde el primer contacto con la montaña, el juego nos transmitirá una sensación de inmersión y vulnerabilidad muy convincentes. Cada decisión, cada movimiento y cada pausa están pensadas para que sintamos el peso del entorno y la responsabilidad de nuestras propias acciones.

La historia nos pone en la piel de Aava, una alpinista profesional con un objetivo muy claro, ser la primera persona en alcanzar la cumbre del Monte Kami, una montaña virgen que nadie ha logrado conquistar. Más allá de la hazaña física, el juego se centra en la obsesión personal, la soledad y los sacrificios necesarios para llegar a lo más alto. La narrativa es mínima pero bastante efectiva, y se construye a través de encuentros puntuales con otros personajes, notas encontradas durante la escalada y momentos de descanso donde Aava reflexiona sobre sus motivaciones y el desafío que ha decidido asumir. Este enfoque nos permite construir nuestra propia conexión con la historia sin necesidad de muchos diálogos ni cinemáticas extensas, reforzando la sensación de aislamiento y determinación. Cada cima parcial, cada campamento y cada pausa para recuperar fuerzas tiene un peso narrativo que, aunque sutil, ayuda a comprender mejor la personalidad de Aava y su relación con la montaña.

Donde Cairn realmente se distingue es en su jugabilidad. El juego apuesta por un sistema de escalada manual y realista en el que colocamos cada mano y cada pie de manera individual, gestionando el equilibrio, la postura y el esfuerzo de nuestra protagonista. No hay barras de resistencia visibles ni indicadores tradicionales; todo se comunica a través de la respiración, los gestos y la tensión corporal de Aava. Esto hace que cada movimiento cuente y obliga a pensar con cuidado antes de arriesgarse a dar un paso en falso, aunque también implica aceptar que el aprendizaje no siempre es inmediato, al más puro estilo «souls». El control exige adaptación y atención constante, y puede resultar exigente o incluso frustrante hasta que se interioriza bien su lógica, algo que forma parte de la propuesta del juego. Cuando todo encaja, la sensación de avanzar por una pared complicada resulta profundamente satisfactoria.

La libertad de rutas es otro de los pilares de la experiencia de Cairn. Prácticamente cualquier superficie escalable puede convertirse en un camino viable, siempre que se evalúen bien los riesgos y se planifique con cabeza. No hay una única ruta correcta, sino decisiones que pueden ser más o menos acertadas según el contexto, el estado físico de Aava y los recursos disponibles. En este sentido, la gestión de recursos se vuelve indispensable. Pitones, cuerda, tiza, comida y agua no funcionan como simples consumibles, sino como herramientas vitales para sobrevivir y progresar. Decidir cuándo utilizarlos, dónde establecer un campamento o hasta qué punto merece la pena arriesgar es parte esencial del juego. Un error puede dejar a Aava exhausta o en una posición comprometida, y el juego no siempre es indulgente, pero tampoco injusto, siempre que tengamos en cuenta la planificación y el respeto por el entorno.

El ritmo de Cairn es deliberadamente pausado. Hay momentos de calma absoluta, como al contemplar el paisaje desde un saliente o durante un descanso en un campamento, y otros de tensión máxima cuando cada movimiento debe medirse al milímetro para no perder el agarre. Esta alternancia entre serenidad y peligro contribuye a la sensación de enfrentarse a una montaña viva, impredecible y ajena a nuestra voluntad. Esa vulnerabilidad constante es uno de los elementos más distintivos del juego, y también uno de los que mejor definen su personalidad. No es una experiencia pensada para avanzar rápido ni para precipitarnos, sino para observar, aprender y aceptar que el progreso requiere tiempo y paciencia, por lo cual entendemos que es posible que Cairn no sea un título para todos los públicos.

En el apartado técnico y audiovisual, Cairn apuesta por una estética en cel shading sobria pero muy expresiva. Las montañas ofrecen unos paisajes pictóricos de gran belleza y los efectos climáticos hacen los entornos además de más creíbles, más bonitos si caben -especial atención a las tormentas-. El sonido juega un papel fundamental en la inmersión, el viento, la respiración de Aava, el roce de las manos contra la roca y los silencios prolongados durante la escalada funcionan como elementos narrativos por sí mismos. La combinación de animaciones precisas y efectos sonoros ambientales consigue que la experiencia se sienta física y emocionalmente convincente. El diseño de cámara nos acompaña bien y ayuda a transmitir la altura y la dificultad del terreno, aunque en situaciones especialmente complejas puede resultar algo menos clara de lo deseable. Sin ser una experiencia técnicamente perfecta, el conjunto funciona con bastante solidez.

Además de la historia principal, Cairn incluye modos adicionales pensados por si queremos centrarnos en la mecánica pura de escalada o experimentar con distintas rutas y estrategias. El modo Expedición nos permite elegir entre Aava y otro personaje, Marco, y explorar la montaña sin la presión narrativa del recorrido principal. Esta opción amplía la duración del juego y ofrece un enfoque más libre, ideal para probar nuevas estrategias y nuevos movimientos, probando rutas alternativas o simplemente enfrentándonos al reto físico sin distracciones argumentales.

En definitiva, Cairn se presenta como una experiencia exigente y muy personal, que combina simulación física, gestión de recursos y narrativa ambiental de manera coherente y efectiva. No busca ni un ritmo elevado ni un argumento elaborado, sino sumergirnos en la sensación de enfrentarse a un desafío real, una experiencia donde la montaña se percibe como una presencia hostil. No es un juego para todos los públicos, especialmente para quienes busquen experiencias accesibles o inmediatas, pero si conectamos con su propuesta encontraremos una aventura intensa, meditativa y profundamente absorbente. Cairn premia la paciencia, la observación y la precisión, y sin duda se ha convertido en un referente dentro de los juegos de escalada y supervivencia por la forma en que transforma una mecánica aparentemente sencilla en una experiencia exigente pero gratificante.