He perdido la cuenta de la cantidad de juegos de vista isométrica que he jugado a lo largo de mi vida. También de los juegos de crafteo que he probado, y ninguno de ellos me ha terminado de convencer. Por no hablar de los juegos de supervivencia. En un momento dado, a los chicos de Rock Square Thunder se les ocurrió mezclar todo lo citado anteriormente y probar suerte para ver qué salía de ahí, y el resultado ha sido bastante curioso. I Hate This Place, que es como se llama esta mezcla, es lo que vamos a analizar aquí y ahora. Quédate tras el salto, porque a mí me ha sorprendido gratamente y eso que ya he visto de todo… o al menos eso creía.

Lo primero que vamos a ver en I Hate This Place es el apartado visual, que entra rápidamente por los ojos. Tiene una estética de cómic bastante llamativa y hace que el juego resulte visualmente muy interesante desde el primer momento. Todos los modelados se ven cuidados y no desentonan en ningún momento con la atmósfera del juego. Incluso las onomatopeyas que normalmente veríamos en una viñeta están presentes aquí, reforzando esa sensación constante de estar jugando dentro de un cómic. El cual, he de decir, no he leído todavía, pero creo que le daré una oportunidad tras lo bien que me ha entrado el juego. En este caso es de agradecer que un producto complementario, por así decirlo mientras no conozco la obra en su totalidad, te invite a profundizar más en su material original.

El apartado sonoro es otra auténtica maravilla. El sonido ambiental, sobre todo cuando cae la noche o estás explorando un búnker, puede ponerte los pelos de punta con bastante facilidad. En un juego de este estilo, la ambientación y el sonido lo son todo, y tengo que decir que cuando llega la noche me ha entrado un pequeño nerviosismo que no sabía muy bien cómo gestionar. Los enemigos se vuelven bastante agresivos y, en muchas ocasiones, es mejor avanzar con sigilo que ir a lo loco disparando a todo lo que se mueva.

¿Qué vamos a encontrar aquí? Pues sin entrar mucho en spoilers del juego -y sin buscar demasiado sobre el cómic, ya que tengo intención de leerlo-, controlaremos a Elena, una adolescente gruñona que explora bosques, búnkeres y municipios abandonados de una “tierra maldita”. El juego cuenta con un ciclo de día y noche muy marcado: cuando sale el sol, exploramos, encontramos recursos y planos, fabricamos equipo y montamos refugios. Cuando se pone el sol, el objetivo pasa a ser bastante claro: intentar no morir. Durante el día podremos movernos con mayor tranquilidad por las zonas, recolectando recursos y enfrentándonos a enemigos menos peligrosos, pero cuando cae la noche hay que extremar la precaución. Los enemigos se vuelven más letales y la propia oscuridad juega en nuestra contra.

¿He mencionado qué se puede hacer con los recursos? No, claro que no. Nuestra “zona segura” es una granja familiar a la que podremos volver para ir creando y crafteando armas, recursos y distintos edificios que nos ayuden a estar mejor preparados cuando llegue la noche. La verdad es que estos recursos nos vendrán bastante bien, ya que hay bastantes enemigos capaces de hacernos mucho daño mientras exploramos y avanzamos en esta aventura.

Podremos ir equipados con un arma cuerpo a cuerpo, una arrojadiza y varias armas de fuego al mismo tiempo. Eso sí, aviso desde ya: la munición es difícil de craftear, por lo que conviene guardarla para situaciones de auténtico peligro. También hay que alabar el sistema de guardado, ya que solo podremos salvar la partida en las televisiones que vayamos encontrando durante la aventura. Un sistema que recuerda mucho a los clásicos en los que solo se podía guardar en puntos fijos y que añade un punto extra de tensión a la exploración.

Los búnkeres juegan un papel importante, ya que habrá que ir explorándolos con bastante atención. En ellos encontraremos a los seguidores de una extraña secta que nos ayudarán a orientarnos en este mundo tan hostil. No está muy claro por qué están ahí ni qué buscan exactamente, pero mientras no te ataquen, no hay demasiado de qué preocuparse. Una vez salgamos del primer búnker, que sirve a modo de tutorial, nos encontraremos con más sectarios repartidos por el mapa. Estos nos propondrán misiones secundarias que, aunque sencillas en su mayoría, ofrecen recompensas bastante útiles para nuestra aventura.

Hablando de las misiones secundarias, hay algunas que están realmente bien y me han parecido bastante originales. En varios casos suponen un soplo de aire fresco frente a la exploración constante y hacen la experiencia más llevadera. Sí, lo sé, no deja de ser algo anecdótico, pero siempre es mejor encontrarse con una secundaria que aporte algo distinto antes que una que te obligue a hacer de simple recadero. Si además te motiva a completarla, mejor que mejor. Y hablando de motivación, el juego invita constantemente a explorar, ya que podremos encontrar diagramas para nuevas armas y objetos con los que mejorar nuestro equipamiento cuando llegue la noche.

¿Merece la pena I Hate This Place? Completamente. ¿Lo disfrutarán más aquellos que conozcan la obra original en la que se basa? Indudablemente. Aun así, es un buen juego tanto si conoces el cómic como si no. Los personajes, el escenario y la ambientación hacen que quieras explorar más y más, descubrir si todas las leyendas que se cuentan sobre tu propiedad y sobre el hombre cornudo son ciertas, y seguir avanzando para ver qué te espera más adelante. Todo ello acompañado de un estilo gráfico que no hace más que añadir encanto a un juego que ya de por sí resulta bastante carismático. Este lugar, por mucho que la protagonista lo odie, vosotros probablemente acabaréis adorándolo.